Hoy, además de su rol en la conducción, está al frente de la Comisión de Género, una responsabilidad que, según comentó a Caras y Caretas, es colectiva, pero que requiere impulso político y dedicación constante. “Milito en la comisión desde hace años, pero como responsable es un desafío nuevo”, explica.
Un protocolo para actuar
Uno de los ejes centrales de su trabajo es la implementación de un protocolo de actuación en casos de violencia de género en el ámbito laboral y sindical. El punto de partida es el documento aprobado el año pasado por el PIT-CNT, a través de su Secretaría de Género y Equidad.
“AUTE forma parte de esa secretaría, que viene trabajando hace años para llegar a este protocolo”, señaló. El objetivo ahora es adecuarlo a la realidad específica del sindicato y de la empresa eléctrica estatal. “Ya tenemos el respaldo general, pero queremos bajarlo a tierra, que contemple nuestras particularidades”, nos dice.
La violencia de género en espacios laborales no siempre se expresa de manera evidente. Puede ser simbólica, económica, psicológica. Puede naturalizarse en prácticas cotidianas. De allí la importancia de contar con herramientas claras para prevenir, intervenir y acompañar. Para Araújo, el protocolo no es un punto de llegada sino de partida, una señal de que el movimiento sindical asume el problema como propio.
Consultada sobre las dificultades que enfrentan las trabajadoras para acceder a espacios de decisión sindical, responde sin rodeos: “Son las mismas barreras que existen en la sociedad”. Algunas son externas; otras, más sutiles, se instalan como límites autoimpuestos.
“A veces somos nosotras mismas quienes dudamos de si podemos ocupar esos lugares”, reflexiona. La construcción histórica de liderazgos masculinos en el sindicalismo pesa. Por eso insiste en la necesidad de animarse, de no pedir permiso para participar, de confiar en las propias capacidades.
Pero hay un obstáculo material que atraviesa cualquier vocación militante y es la sobrecarga de tareas. “Tenemos una doble o triple jornada, trabajo, militancia y responsabilidades en el hogar. Muchas somos madres”, señala. En un encuentro interno realizaron un ejercicio para calcular las horas dedicadas a cada ámbito. La suma alcanzaba, en algunos casos, 40 horas. “Y el día tiene 24”, dice, entre la sorpresa y la certeza de que muchas veces las mujeres hacen varias cosas al mismo tiempo para que todo funcione.
La pregunta, entonces, es cómo redistribuir los cuidados. Cómo lograr que la militancia no sea un lujo reservado a quienes no cargan con la mayor parte de las tareas domésticas.
Políticas de cuidado
En esa línea, AUTE impulsó hace años una iniciativa concreta, la creación de un rincón infantil en su local de Montevideo. El espacio está acondicionado con juguetes y televisión para que las hijas e hijos de las afiliadas y afiliados puedan permanecer allí mientras se desarrollan reuniones o actividades.
“Cuando tenemos congresos nacionales u otras jornadas importantes, preguntamos con anticipación quiénes vienen con niños pequeños y organizamos el cuidado”, explica Araújo. La medida, sencilla en apariencia, permite que más mujeres participen sin tener que elegir entre la militancia y la maternidad.
La política de cuidados no resuelve por sí sola la desigualdad estructural, pero envía un mensaje claro sobre el tipo de sindicato que se quiere construir, uno que reconozca las condiciones reales de vida de su base.
Las preocupaciones de las trabajadoras no se agotan en la organización interna. Desde el feminismo sindical, Araújo plantea la necesidad de retomar en la agenda pública el debate sobre la distribución de la riqueza. En particular, la propuesta de gravar con un 1 % al 1 % más rico del país.
“El objetivo es destinar esos fondos a las niñeces y adolescencias más vulneradas”, señala. Muchas de ellas están a cargo de mujeres jefas de hogar. En ese punto aparece una dimensión importante, la violencia económica. “Si no se cubre la parte económica, es muy difícil que las mujeres puedan emanciparse”, afirma.
La dependencia financiera suele ser un factor que perpetúa situaciones de violencia. Sin ingresos suficientes, sin redes de apoyo, abandonar un hogar violento puede volverse inviable. Por eso, para Araújo, la lucha feminista en el movimiento sindical debe articular demandas laborales con políticas sociales más amplias.
Mujeres en UTE
En UTE la presencia femenina ha crecido, aunque de manera desigual según las áreas. La mayoría de las trabajadoras se desempeñan en tareas administrativas, muchas concentradas en el Palacio de la Luz. También hay una fuerte presencia en el área de inclusión social, donde numerosas trabajadoras sociales visitan barrios carenciados para implementar planes y programas.
En cambio, en los sectores operativos, cuadrillas, tendido de cables, trabajo en columnas, el número de mujeres sigue siendo ínfimo, aunque aumenta año a año.
La explicación tiene raíces en la formación técnica. Hace dos o tres décadas, en carreras vinculadas a la electricidad o la ingeniería, la presencia femenina era mínima. Hoy la situación empieza a cambiar, y desde la propia empresa se realizan acciones de divulgación en escuelas y liceos para mostrar a las niñas que esos trabajos también pueden ser suyos.
En materia salarial, Araújo destaca que en UTE no existen diferencias por género ni por ubicación geográfica para un mismo puesto. “El salario es estándar”, afirma, en contraste con desigualdades que sí se observan en otros ámbitos.
Un mensaje para las que llegan
A las jóvenes que ingresan a trabajar les dice que: “Las primeras siempre la tienen más difícil, pero abren camino para las que vienen atrás”. También reconoce cambios en la conciencia de muchos compañeros varones, lo que contribuye a que el ambiente sea menos hostil que en el pasado.
El 8 de marzo, AUTE y la Secretaría de Género del PIT-CNT tendrán como consigna: “8M antiimperialista, por la soberanía de los pueblos. No pasarán”. La definición intenta situar la lucha feminista en un contexto internacional y regional marcado, según advierte, por el avance de las derechas y los discursos de odio, xenofobia, racismo y homofobia.
“Queremos ponerlo sobre la mesa y que se den las discusiones”, explica. El 7 y 8 de marzo se realizará en Montevideo un Encuentro Nacional de Mujeres y Disidencias Sindicales, organizado por la Secretaría de Género, Equidad y Diversidad del PIT-CNT. El objetivo es construir una agenda y plataforma política a partir de las realidades de trabajadoras y disidencias de todo el país.
En AUTE, además, el 20 de marzo tendrá lugar la jornada nacional anual de mujeres, que este año se centrará en la salud mental de trabajadoras y disidencias. Un tema que dialoga con la sobrecarga, la precariedad y las múltiples exigencias que atraviesan la vida cotidiana.
Para Araújo, el sindicalismo feminista es una dimensión que atraviesa todas las luchas, por mejores condiciones laborales, por redistribución de la riqueza, por soberanía y por una vida libre de violencias. En ese cruce entre lo colectivo y lo íntimo, entre el gremio y el hogar, se juega buena parte del futuro del movimiento sindical.