El tercer orador será Claudio Invernizzi, publicista, escritor y adherente al Frente Amplio, quien en 1976 también fue torturado por el mismo militar que participó del asesinato de Mondello.
Para el acto han comprometido su presencia Juan Miguel Petit, director de la Institución de Derechos Humanos; Fernando Pereira, presidente del Frente Amplio y los organizadores aguardan la presencia del intendente de Maldonado, Miguel Abella.
Los medios locales, como la radio RBC y el semanario La Prensa, han destinado mucho espacio a la difusión de la convocatoria.
La actividad se realizará el próximo lunes a las 19 horas, en el cruce de la Rambla y la calle Eduardo Mondello. Será esta una jornada histórica tanto para Piriápolis como para el departamento de Maldonado, porque hay que retrotraerse 40 años atrás para encontrar un acto similar.
En 1986, el colorado Benito Stern, recién asumido como primer intendente posdictadura, con aprobación unánime de la Junta Departamental decidió cambiar el nombre de dos calles muy importantes de la capital de Maldonado que se cruzan en una esquina. El 20 de mayo de ese año Stern convocó a todos los partidos políticos para el acto donde la calle Isla de Gorriti pasó a denominarse Zelmar Michelini, y la calle Cebollatí tomó el nombre de Héctor Gutiérrez Ruiz. Representantes de los partidos más el propio intendente fueron oradores de esa jornada donde se recordó a las dos víctimas de la dictadura.
Desde entonces, cada 20 de mayo desde ese lugar parte una marcha que al principio era de apenas de 10 o 15 personas y hoy son miles.
Víctimas del terrorismo
El departamento de Maldonado sufrió mucho las acciones de la dictadura encabezadas por el OCOA 4 que funcionaba en el cuartelillo ubicado frente a la plaza de San Fernando. Pero antes hubo otra víctima inocente. El 21 de diciembre de 1971, Pascasio Báez Mena (46 años) fue asesinado por integrantes del MLN Tupamaros porque un par de días antes, y de casualidad, había descubierto una “tatucera” construída en la estancia Espartacus ubicada sobre ruta 9 a unos 10 kilómetros de Pan de Azúcar.
El 14 de octubre de 1972, a las 22 horas, fue detenido en un operativo conjunto de la Policía y efectivos militares Francisco Chocho, taximetrista y simpatizante del Partido Nacional. Trasladado al Batallón 4, murió tres horas después a consecuencia de las brutales torturas que recibió. Su hijo, quien revistaba en la base aeronaval de Laguna del Sauce contigua al batallón, encontró el cuerpo de su padre en la morgue local. Aún estaba mojado y atado con alambre. El entonces alférez Dardo Barrios fue identificado como uno de los torturadores.
En 1975 la represión se ensañó con un pequeño grupo llamado Movimiento Marxista, que sólo tenía adherentes en San Carlos y en Las Piedras. La primera víctima fue Amelia Lavagna de Tizze, detenida en Manantiales por efectivos policiales y militares durante una serie de allanamientos en los que se buscaban armas. Fue trasladada al Batallón de Ingenieros Nro. 4 y pocas horas después murió en las instalaciones militares. El informe forense concluyó que el fallecimiento se produjo por envenenamiento con fosdrin, un veneno usado para matar cotorras.
Por esa misma época fue detenido Darío Pérez, hoy en el Partido Nacional, pero que fuera diputado frentista en varios períodos, que entonces era militante nacionalista y del “Comité de Resistencia Anti Fascista”. En el mismo tiempo y por las mismas razones “repartir volantes” fue detenido Carlos “Toto” Núñez, quién en el año 2000 fue el primer presidente de izquierda de la Junta Local de San Carlos. Ambos estuvieron presos un año.
Por pintar un muro con consignas antidictadura fue detenido y torturado en el Batallón 4 Claudio Invernizzi. Su hermano Mario ya estaba preso en Melo y su madre obligada a exiliarse.
El 2 de enero de 1976, a las 20 horas, fue detenido Horacio Gelós Bonilla por efectivos del OCOA 4, que operaban desde el Cuartelillo de Maldonado, exactamente en Sarandí y Florida, a una cuadra de esa unidad militar. Gelós era edil suplente del Frente Izquierda de Liberación (Fidel), dirigente del Partido Comunista y también del Sindicato de la Construcción (Sunca). Desde entonces figura como desaparecido.
El 9 de enero de ese mismo año fue detenida en San Carlos la familia Vidal–Figoli, compuesta por el matrimonio y sus 4 hijas mujeres, una de ellas menor de edad. Julio Vidal era un prestigioso profesor de Matemáticas que se encontraba en silla de ruedas con sus piernas amputadas a causa de diabetes. Todos fueron trasladados al Batallón N.º 4 y allí objeto de interrogatorios bajo tormentos por parte de distintos efectivos, entre ellos Dardo Barrios. Al respecto, Silvia Vidal, hija de Julio, declaró ante el fiscal Perciballe: “Esas torturas eran submarino, picana eléctrica y golpes. Nos mojaban y nos desnudaban para picanearnos. Nos amenazaban con violarnos, con fusilarnos y enterrarnos”. En referencia a los responsables, dijo: “A mi padre lo interrogaba un oficial, Techera”. En tanto que, ante la pregunta de “si el teniente Barrios, quien identifica usted para interrogarla, daba la orden”, contesta: “Era quien amenazaba con más tortura”.
La casa familiar, ubicada frente a la plaza del Centro, fue ocupada por los militares, quienes en pocos días destruyeron y saquearon todo lo que encontraron de valor. El día de la detención un grupo de vecinos se congregó frente a la casa y aún se recuerda al “Gringo” Odizzio, gerente de la sucursal del Banco República ubicada a pocos metros y militante del Partido Nacional, protestando indignado a los gritos “porque se llevaban a un hombre en silla de ruedas”. Fueron liberados pocos días después.
En plena temporada turística de 1976 detonan varias bombas en Punta del Este. El general (r) Líber Seregni es acusado de participar en los atentados. El líder del Frente Amplio fue apresado por el OCOA en su casa del balneario el 11 de enero. Estuvo detenido varios días en el Cuartelillo de Maldonado. Fue encapuchado, sometido a plantones y torturado por personal del OCOA 4 hasta su posterior traslado a la División de Ejército IV en Minas, bajo el mando del general Gregorio Álvarez. Luego, Seregni fue transferido a la Cárcel Central en Montevideo, donde permaneció hasta el 19 de marzo de 1984.
El 6 de marzo fueron detenidos en Piriápolis: Washington González, de 29 años, empleado del casino del Argentino Hotel; Gustavo Sosa Zerpa, de 47 años, maestro; su esposa, Marta Laporta, de 50 años, maestra, y la hija de ambos, Laura Cristina Sosa Laporta, de 24 años, estudiante de Medicina. Los hombres fueron procesados y recluidos en el Penal de Libertad, en tanto que las mujeres fueron liberadas el día 16 de agosto.
A propósito de su detención, Laura Cristina Sosa Laporta declaró que todos fueron encapuchados y trasladados hacia el Batallón N.º 4. La mantuvieron encapuchada, fue objeto de golpes y de interrogatorios por parte de integrantes del S2 que no logró identificar. “Fueron 60 días llevándonos al S2 todas las noches, que era el lugar donde nos interrogaban. Un día me dieron un par de piñazos en los riñones y me desmayé. A los 3 días, en el interrogatorio, me dicen que uno ya salió con las patas para adelante, entonces volvieron a hacerme submarino y picana”.
“Después de que salimos, papá nos contó que estaba colgado y vendado… A mi padre lo habían puesto en una cama con electricidad. Siente ruido de agua, ahí sabía que estaba cerca de Laguna del Sauce. Llevaron a Mondello para el mismo lugar donde estaba mi padre en la cama de metal, venía empapado y después escuchó: ‘Pará, pará, se nos fue’”.
El asesinato de Eduardo Mondello
Un grupo de tareas del OCOA 4 detuvo en la madrugada del 6 de marzo al fotógrafo Eduardo Mondello, entonces de 30 años y padre de dos pequeños niños. En el Batallón N.° 4 fue sometido a interrogatorios y, según testigos, a torturas físicas y psicológicas que provocan su muerte tres días después. El cuerpo fue entregado a la familia en un cajón cerrado con orden de no abrirlo. El velatorio se realizó en la casa familiar de Piriápolis, que fue custodiada por camiones del Ejército y por efectivos armados.
Mondello había muerto en la emergencia del Hospital Marítimo, a donde fue trasladado por efectivos militares encabezados por el teniente Dardo Barrios. El cadáver presentaba múltiples hematomas producto de las torturas a las que fue sometido. Su muerte se produce a causa de un paro cardíaco anóxico debido a la aplicación de “submarino seco o húmedo”.
Los detalles de la muerte de Mondello fueron conocidos en 1986 cuando el médico Moisés Salgado se presentó voluntariamente a declarar ante la Comisión de Derechos Humanos de Maldonado.
Este organismo, creado con apoyo de todos los partidos políticos, estaba integrado por el abogado Alejo Fernández Chávez, luego diputado por el Partido Colorado y ministro del Interior durante el gobierno de Jorge Batlle; por el artista plástico Manolo Lima, adherente al Frente Amplio pero de raíces anarquistas; por el médico Carlos Laborde, miembro del Partido Nacional, y por el escribano Gonzalo Álvarez, integrante del Frente Amplio.
Salgado, quien en democracia fue dirigente colorado y candidato a la intendencia, fue obligado a realizar la autopsia, y en 1986 su testimonio fue clave para determinar responsabilidades en el crimen. En su declaración, el médico dijo que “en ese momento no conocía el llamado submarino seco, no interpreté todas las lesiones que quedaron consignadas en el protocolo de la autopsia. […] Pensé que el occiso había llegado al paro cardíaco anóxico, por la insuficiencia cardiaca derecha aguda. […] Esta fue la única vez que me vi obligado a autopsiar a un torturado […]”.
En el informe Salgado afirmó: “Una madrugada de marzo de 1976 fui llamado de parte del juez de turno para realizar una autopsia en el Hospital Marítimo. Alrededor de las tres de la madrugada, bajo una lluvia copiosa, me vinieron a buscar en un jeep del Ejército del Batallón de Ingenieros N.° 4 para llevarme. Al llegar me condujeron a la morgue del mismo. En el subsuelo se encontraba el doctor José Luis Braga y un teniente al mando de seis soldados armados de metralletas y fusiles. Una vez allí se me informó que el occiso había llegado con vida y falleció en el servicio de puerta del Hospital Marítimo, sin aclararme los síntomas ni el tratamiento instituido.
Cuando pedí instrumental para realizar la autopsia, el teniente quiso impedirlo, diciéndo que solo tenía que constatar la muerte y firmar el certificado. Yo le dije que tenía una orden del juez de realizar una autopsia y que eso debía hacer.
El doctor Braga habló con el teniente y éste accedió de mala gana, pero haciendo pasar a los soldados hacia la parte de atrás de la mesa de autopsias, y tuve que realizarla en presencia de todos ellos. Recuerdo aún que el cadáver ya estaba quedando rígido y frío por lo que tenía de 4 a 6 horas de muerto […].
El cuerpo presentaba más de 200 erosiones, equimosis, así como heridas superficiales en cara, tronco y cuatro miembros. Gran hematoma pectoral derecho debido a una contusión importante a ese nivel. Al abrir el cadáver del cuello al pubis y retirar la parrilla costal se comprobó que el hematoma pectoral llegaba a las costillas. En el abdomen había líquido serohemático en la cavidad peritoneal y equimosis en los mesos, posiblemente por traumatismo con contusiones profundas. En el tórax existían, a nivel de ambos pulmones, funciones hemorrágicas subpleurales que podían corresponder a las llamadas manchas de Paltauf que se ven en las asfixias así como también líquido serohemático en la serosa pleural. El corazón presentaba una llamativa dilatación de sus cavidades y agrandamiento del hígado, también distendido”.
Mondello murió a causa de las golpizas y el ahogamiento producido por la práctica del “submarino seco”. El teniente Dardo Barrios fue uno de los torturadores y quien pretendió oponerse a la realización de la autopsia en el Hospital Marítimo.
“Blanco igual comunista”
El fiscal Ricardo Perciballe, que el año pasado logró la condena y prisión del mayor (r) Dardo Barrios y del médico militar José Luis Braga, da cuenta en su dictamen de un caso singular. Junto a Mondello fue detenido Washington González. No tenía ninguna participación política, solo era amigo de Eduardo. Al respecto, declaró: “Yo no tenía vinculación alguna con partidos u organizaciones de izquierda, mi familia ha sido blanca y yo también soy del Partido Nacional. Cuando les dije que era blanco, ellos me dijeron que igual era comunista”.
Curiosamente, Dardo Barrios, uno de sus torturadores, sí era blanco y en democracia fue jerarca durante el primer gobierno de Domingo Burgueño. Igual que el médico José Luis Braga.
Sobre el trato recibido en el batallón, González dijo: “Me torturaron, me provocaron una hernia umbilical que implicó tres operaciones, y me operaron de las dos piernas por las patadas y plantones que recibí. Me sumergían la cabeza en la laguna y me sacaban y reclamaban que hablara, y yo no tenía nada para decir porque no sabía nada y ya les había dicho todo. Luego me vuelven al sótano, donde me aplican corriente eléctrica con los cables en los pies, entre los dedos de los pies, en los genitales, en la boca...”.
Sobre los responsables de tales apremios, manifestó: “Quienes me torturaron eran los hermanos Barrios, pero también había otros presentes, un tal Fonseca, un tal Escolástico Ortega, un cabo Héctor Churi… El teniente Ordeix fue uno de los que me llegó a torturar con el magneto”.
Luego de su pasaje por Ingenieros N.º 4, fue trasladado al Batallón de Caballería N.º 8 con sede en Melo y posteriormente al Penal de Libertad, donde cumplió una pena de 3 años de penitenciaría.
González es una persona muy querida por sus amigos, la mayoría de izquierda, quienes reconocen la mayúscula injusticia que se cometió con él y que le significó un grave problema de salud luego de su salida de Libertad.
Una familia con historia
Eduardo era hijo de Giuseppe Mondello, un italiano que llegó a Piriápolis en 1930 para trabajar como carpintero en el Argentino Hotel. También era piloto y músico. Luego hizo un curso de fotografía por correspondencia y puso “Fotos Pepe”, la casa fotográfica más famosa del balneario. Su último local estaba en la Rambla y Atanasio Sierra. Probablemente todos los turistas que visitaron Piriápolis entre 1940 y 1990 tengan en su casa alguna foto tomada por Pepe. La muerte de Eduardo, también fotógrafo, fue una circunstancia de la que jamás pudo reponerse y falleció sin lograr justicia.
Pero 50 años después los asesinos de Eduardo están presos y probablemente nunca saldrán de la cárcel, y la ciudad que tanto quiso se une para recordar a su hijo.
En diciembre del 2019, cuando el mayor (r) Dardo Barrios fue detenido por Interpol en Paraguay, Claudio Invernizzi escribió: “Acabo de enterarme de que está preso el tipo que me torturó, el que me hizo conocer el olor del miedo, el que vandalizó la carne y el espíritu. El soldado del odio, el que mató a Eduardo, ¿a Gelós Bonilla? Eduardo pertenecía a una familia de fotógrafos de Piriápolis en la que había poetas y músicos que tocaban la guitarra, el acordeón y la mandolina. En la familia del asesino lo que había eran dos torturadores que querían matar la alegría”.