579 días de horror
Pasaron 579 días desde el inicio del genocidio en Gaza, el 7 de octubre del 2023, tras el ataque de Hamás en territorio israelí. Son 579 días de una ofensiva militar sin precedentes por parte del Estado de Israel contra la Franja de Gaza. Desde entonces, la población palestina vive una violencia sistemática y sostenida que no se detuvo, ni siquiera tras breves intentos de alto el fuego. El último cese al fuego fue violado el 2 de marzo de 2025, cuando Israel retomó los bombardeos y cerró el paso de ayuda humanitaria, impidiendo el ingreso de alimentos, agua, medicamentos y otros suministros vitales. El hambre, la desnutrición y la deshidratación están operando como armas letales.
Según el informe del 29 de abril de 2025 de la Embajada del Estado de Palestina en Uruguay, ya son 53.288 las personas asesinadas y 124.905 los heridos desde el inicio de la ofensiva. Aclaran que las cifras no son definitivas, ya que se basan únicamente en los cuerpos que logran llegar a los hospitales, algunos quedan entre los escombros. Entre las víctimas más recientes se reportaron 33 niños muertos por desnutrición y deshidratación, de los cuales 28 eran menores de 5 años, y un total de 41 personas fallecidas por causas relacionadas con el hambre. A esto se suma un dato alarmante: más de 50.000 niños sufren desnutrición aguda.
En este escenario de horror y resistencia, surgió en Uruguay un colectivo que, a través de una labor humanitaria, voluntaria y desde el amor, busca aliviar, desde el sur del mundo, el hambre de algunas de las tantas familias refugiadas en Gaza.
Un puente
Ayuda GazaUy surgió de manera casi espontánea, según relató a Caras y Caretas la psicóloga Eliana Noceti, impulsora de esta iniciativa. El proyecto comenzó como una reacción íntima ante el sufrimiento que observaba desde la distancia, a través de las pantallas, y poco a poco se transformó en una organización que canaliza la ayuda económica de personas en Uruguay hacia familias palestinas afectadas por la guerra.
Todo empezó cuando Noceti comenzó a seguir en redes sociales a reconocidos periodistas y médicos que se encuentran trabajando en el territorio de conflicto. A partir de allí, algunas familias empezaron a contactarla directamente. Ella describió el proceso como algo inesperado, pero que fue ganando sentido con el tiempo. “Los periodistas a los que seguí fueron premiados por Amnistía Internacional, por lo cual tienen cierta trayectoria y reconocimiento. A partir de ese contacto, me comenzaron a llegar solicitudes de familias refugiadas, pidiéndome ayuda, lo que me pedían era dinero. Mi reacción, al principio, fue un no. Pensando en que está lleno de estafas, no me animaba a poner mi tarjeta. Pero comencé a investigar porque quería encontrar una forma de ayudar y lograr romper esa barrera de la desconfianza”.
Ese primer acercamiento fue a través de Instagram, pero luego intercambiaron sus contactos de WhatsApp, y así logró establecer una relación directa con dos familias. Al intentar hacer su primera donación, buscó respaldo institucional: “Escribí a la Embajada de Palestina, a la coordinadora, pero no me respondieron o demoraron mucho”. Ante la falta de respuestas oficiales, decidió investigar por su cuenta qué plataformas eran seguras y se animó a realizar una primera transferencia.
La reacción de una de las familias al recibir su ayuda marcó un punto de inflexión. Ibrahim, uno de los receptores, le envió un video mostrando lo que había podido comprar con el dinero. “Ahí fue un antes y un después. Ese video me movió muchísimo”, afirmó, conteniendo la emoción. Esa experiencia la llevó a pensar en cómo replicar ese tipo de vínculo con otras personas empáticas, especialmente aquellas que ya se movilizaban en marchas por Palestina.
Así nació el perfil de Instagram Ayuda GazaUy, concebido como una herramienta para difundir los testimonios recibidos desde Gaza y promover la colaboración. “La organización nace como una página de Instagram donde poder difundir y generar más afluencia de ayuda económica”, explica.
Actualmente, el colectivo trabaja con ocho familias en distintas zonas de Gaza: Murja, Maisa, Mohamed y Shatha, Israa, Ibrahim, Nedal, Bashar y Hazma. Las necesidades son extremas y cambian día a día. “Hay lugares donde, a esta altura, hay muchas familias que no están comiendo y nos están escribiendo, pero tuvimos que cerrar en ocho porque es para lo que nos da la capacidad actualmente. Está todo carísimo y no nos alcanzaría para mandarles casi nada. Además, la gestión de la comunicación con cada familia también lleva tiempo. Por eso, es muy importante lograr ampliar la red de apoyo”, relató Noceti.
Con respecto a la organización y dinámica de Ayuda GazaUy, Noceti explicó que ella gestiona el perfil de Instagram, junto con otras dos personas, y cuentan con una colaboradora paga que diseña las placas informativas. A eso se suman quienes colaboran esporádicamente o impulsan nuevas ideas, como un festival solidario en preparación para el que se sumaron vecinos y vecinas que no conocían la iniciativa pero se sintieron interpelados. “¿Cuántos somos? Es muy difícil de contabilizar porque no es que nos reunimos tal día a tal hora en tal lugar. Hay personas que apadrinan a alguna familia, en otros casos se reúnen entre varias para cumplir con esta tarea y, por otro lado, hay gente que está colaborando, que está juntando ropa en buen estado para realizar una venta económica y poder recaudar dinero para enviarles, o ayudando a organizar el festival. A todas esas personas las siento parte de la organización”, aclara.
“Apadrinar” a una familia, explicó Noceti, consiste en mandarle dinero, de forma puntual o mensual, y, en muchos casos, iniciar un vínculo directo. “Desde el colectivo recomendamos que se pasen el WhatsApp con la familia y que entren en comunicación directa, porque eso genera empatía e involucramiento. De esa forma se han ido generando diferentes núcleos de envío de ayuda”.
El primer paso, sin embargo, sigue siendo vencer la desconfianza. “La primera gran parte de nuestro trabajo es difundir que la ayuda llega, mostrar videos e imágenes, que puedan hablar con las familias, porque el no confiar es el primer obstáculo que tenemos, y esto es algo que vivimos con la propia experiencia”.
En la actualidad, además de gestionar donaciones, la organización asesora a quienes quieren colaborar directamente y no saben por dónde empezar. El colectivo orienta sobre plataformas seguras, conversión de monedas y formas de evitar que parte del dinero quede retenido por intermediarios. “Allanamos el camino para quien quiera donar”, resume. La situación es tan crítica que el colectivo también comenzó a realizar rifas para recaudar fondos: una reciente logró reunir más de 62.000 pesos que ya fueron distribuidos entre las familias.
Noceti enfatizó que el apoyo que logran canalizar hacia las familias refugiadas tiene un impacto inmediato que incide de forma crucial en sus condiciones de vida. Relató el caso de una de las familias más vulnerables, que vive en un campamento, quienes, en una comunicación reciente, le informaron que estaban sin comer, lo que activó una respuesta urgente: se enviaron fondos obtenidos de una rifa y se avisó a quienes apadrinaban a esa familia. “Es una situación incómoda también, porque hay que llamar a una persona acá, a un vecino, para pedirle apoyo”, explicó, aunque aclaró que la respuesta fue solidaria y rápida, con varias personas enviando ayuda.
“A esta altura es comer o no comer”, agregó Noceti. Y advirtió que la situación podría agravarse aún más si continúa cerrada la entrada de ayuda humanitaria: incluso quienes aún pueden comprar alimentos podrían dejar de hacerlo si no hay disponibilidad en el mercado. La información que reciben indica que la comida llega, en muchos casos, por contrabando, lo que hace aún más incierto el acceso.
La lucha cotidiana
En la Franja de Gaza los precios de los alimentos básicos se volvieron inaccesibles para muchas familias: una bolsa de harina de 25 kilos cuesta cerca de 500 dólares, el kilo de azúcar ronda los 28 dólares, el litro de aceite para freír alcanza los 30, mientras que el arroz se vende a unos 20 dólares el kilo. Por su parte, el kilo de pasta seca cuesta 10 dólares, lo mismo que el de tomates, y el de cebolla llega a 15. Estos datos fueron relevados por Noceti, quien se mantiene en contacto permanente con las familias apadrinadas por integrantes del colectivo.
La referente del colectivo relató conmovida varias de las historias que más la impactaron desde que comenzaron a acompañar a familias refugiadas en Gaza. Mencionó, por ejemplo, el caso de una familia con una bebé que enfrentaba un cuadro de desnutrición severo: "Recibimos una fotografía de ella en el hospital y a los dos días nos dijeron que había fallecido". También compartió la historia de un padre de familia que quedó amputado tras un bombardeo, lo que le cambió la vida, y que no cuenta con lo mínimo necesario para sobrellevar esa nueva condición.
Otra historia que destacó fue la de Bashar, el estudiante de Derecho que actualmente cuida a 17 huérfanos, que van desde una bebé de un año y medio hasta adolescentes de 14 o 16 años, ninguno de ellos hijos biológicos. “De él tenemos un montón de videos, porque enseguida entendió la importancia de enviarnos material para dar a conocer su historia”, explicó.
A las dificultades para acceder a alimentos e insumos básicos para la supervivencia, se suma el desgaste físico y emocional de las familias, muchas de las cuales son desplazadas una y otra vez. “Hay familias que han sido desplazadas 14, 17 veces; nos mandan los videos, lo vemos, lo vemos en sus redes, lo vemos si hacemos una videollamada”, contó.
Además, remarcó el estado de alerta constante en que viven estas personas, incluso en zonas que supuestamente son seguras. “Esto de no tener a dónde ir, de que de repente los hacen moverse y no tiene sentido, porque el desplazamiento también es como un arma de guerra”, reflexionó.
Desde Ayuda GazaUy prefieren no tomar posicionamientos políticos ni emitir declaraciones sobre la actitud de los gobiernos de la región respecto al conflicto en Gaza. Según explicó Noceti, si bien cada integrante puede tener su postura sobre la situación política, ese no es un tema que se discuta dentro del grupo ni en sus reuniones, ya que el colectivo opta por concentrarse exclusivamente en el apoyo a las familias refugiadas. “Tratamos de que la impotencia se transforme en una acción humanitaria y punto, para que toda la energía vaya para ahí”, afirmó.
Aunque la situación en Gaza es ampliamente televisada y llega a través de las pantallas a hogares de todo el mundo aún hay personas que logran mantenerse ajenas. Consultada sobre esta distancia, Noceti planteó la necesidad de ejercitar la empatía: “Si yo estuviera en esa situación, ¿qué querría que hicieran por mí? ¿Qué esperaría de otro ser humano que pudiera hacer algo por mí?”, reflexionó.
Vincularse de forma cotidiana con personas que atraviesan una crisis humanitaria tan extrema es, tanto para ella como para otras personas del colectivo, una experiencia profundamente transformadora. Reconoce que es desafiante, emocionalmente dura, sobre todo por la incertidumbre constante, pero gratificante: “Es duro porque cuando estás en contacto con las familias y de golpe no contestan más, no sabes qué es lo que les pasó. Pero a su vez, se siente alegría por poder transformar el dolor en acción, en energía, en vitalidad, en poder hacer algo con la impotencia, como transformarla en alimento para estas familias”.
¿Cómo colaborar con las familias refugiadas en Gaza?
Las donaciones se canalizan a través de las redes del colectivo Ayuda GazaUy, que asesora a cada persona interesada en colaborar. El contacto se realiza principalmente por Instagram (@ayudagazauy), donde se brinda orientación personalizada y se comparten los enlaces de donación directos a cada familia.
Las plataformas utilizadas son seguras, como PayPal o GoFundMe, y los enlaces se verifican previamente para asegurar que estén activos y lleguen a quien corresponde. “La idea es que el apoyo vaya directamente a las familias”, explicó Noceti.
No existe un monto mínimo: incluso una colaboración pequeña puede marcar la diferencia. “Un dólar suma. Mejor mandar un dólar que no mandar nada”, subrayó la referente. También se puede colaborar comprando rifas solidarias que el colectivo organiza regularmente, con valores accesibles desde $100.