Además, la investigación da cuenta de graves deficiencias estructurales dentro de los establecimientos, destacando escasas oportunidades laborales remuneradas, problemas de salud mental y una demanda generalizada de empleo por parte de los reclusos para lograr una efectiva reinserción social al recuperar su libertad.
Más presos, hombres, afrodescendientes y jóvenes
Al cierre del censo, en diciembre de 2025, la población penitenciaria total en Uruguay ascendía a 16.570 personas (frente a 6.757 en 2003), y la tasa de prisionización alcanzó casi 480 personas por cada 100.000 habitantes, casi duplicando la cifra registrada en el censo de 2010 (253 por 100.000).
Del total, más del 96% de las personas censadas se encontraban en condición de condenadas/penadas (98,5% en mujeres y 96,1% en hombres).
El 92,1% de los reclusos censados se identifica como hombres cis, un 7,4% como mujeres cis y un 0,3% como personas trans.
La población es fuertemente joven: el tramo de 25 a 34 años concentra más del 40%, mientras que el promedio general de edad es de 33 años en hombres y 35 en mujeres.
Además, el 54,7% se autoidentifica como blanca, el 20,2% como afrodescendiente o negra (sobrerrepresentada frente al 10,4% en la población general) y el 4,2% como indígena.
El 96,4% nació en Uruguay y el 52,4% de las personas privadas de libertad nacidas en el país son oriundas de Montevideo.
Antecedentes personales y socialización temprana
El informe señala que una de cada cinco personas privadas de libertad vivió en situación de calle durante su infancia o adolescencia, y cerca del 27% estuvo institucionalizado. Entre los hombres predominan los ingresos por infracción a la ley penal (17,4%), mientras que en mujeres predomina el amparo/protección (13,8%).
El 22,7% de las personas privadas de libertad vivió en hogares con presencia de actividades delictivas o violencia familiar.
La mediana de edad al cometer el primer delito es de 18 años, y el 48,7% de los hombres comenzó antes de los 18 años, frente al 20,3% de las mujeres (quienes inician mayoritariamente en la adultez).
El 55,9% del total es reincidente: entre las mujeres, el 68% se declaró primaria, frente al 42,2% en los hombres.
Además, el 71,1% tiene familiares o amigos con antecedentes penales y el 46,2% tiene al menos una persona cercana actualmente en prisión. Entre las mujeres se destaca que el 26,2% tiene o tuvo una pareja con antecedentes penales y el 17,7% tiene a su pareja privada de libertad.
Poco educados y sin trabajo
En materia educativa, el censo revela que el 51% se desvinculó de la educación formal a los 14 años o antes, mientras que el 74,4% posee como máximo nivel educativo el Ciclo Básico (completo o incompleto) o la primaria.
En cuanto a la experiencia laboral, el 87,7% ha tenido algún trabajo remunerado a lo largo de su vida.
Un 60,4% se encontraba trabajando justo antes de su detención, predominando las changas o trabajo por cuenta propia sin local (37,1%) y el empleo privado informal. El 57,4% de los ocupados no realizaba aportes a la seguridad social (BPS).
En prisión, el 41,6% participó en actividades educativas en los últimos 12 meses (63,4% en mujeres y 39,8% en hombres). De quienes no estudian, el 47,1% señala que lo solicitó pero no hubo posibilidades o cupos.
Mientras tanto, el 37,9% realiza actividades laborales en la unidad (54,7% de las mujeres y 36,5% de los hombres). El 85,4% de los que trabajan no recibe remuneración monetaria.
El 76,4% de quienes estudian o trabajan accede a la redención de pena.
Hurtos, drogas y rapiñas
El censo revela que el 74,6% registra un único delito tipificado en su causa actual. Los tipos de delitos más frecuentes son hurto (25%), delitos de estupefacientes (21,8%) y rapiña (18,1%).
Entre los hombres predominan los delitos contra la propiedad (hurto 26%, rapiña 18,8%), mientras que en las mujeres el delito predominante es el tráfico/venta de estupefacientes (54,8%).
Condiciones de vida
De acuerdo al informe, alrededor del 40,4% declaró no haber tenido acceso al patio en la semana previa (cifra que asciende al 51,1% en las unidades de Montevideo y área metropolitana), y un 41,3% se manifiesta insatisfecho o muy insatisfecho con la calidad de la comida, mientras que un 33,7% lo está con la cantidad.
En otro orden, el 63,0% declara sentirse seguro o muy seguro (en Montevideo/área metropolitana la inseguridad percibida llega al 20,7%).
En los últimos seis meses previos al censo, el 8,6% sufrió robos, 10,1% agresiones físicas por parte de otros reclusos, 6,7% agresiones físicas por parte del personal y 0,4% agresiones sexuales. El 86,6% de las víctimas no realizó denuncia alguna.
De la totalidad de la población privada de libertad, el 68,3% tiene hijos/as (84,2% en mujeres y 67,2% en hombres). El 71,4% de las madres privadas de libertad tuvo su primer hijo/a durante la adolescencia (antes de los 20 años).
El 62,8% recibe visitas. Las madres (48,2%) y las parejas (44,3%) son quienes más visitan. Entre los hombres, la visita principal es la pareja (46,1%), mientras que entre las mujeres la pareja representa solo el 23,6%, siendo sus hijos/as los principales visitantes (45,0%). Un 36,6% de la población no recibe ningún tipo de visita.