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Sociedad Cuba | migración | Conferencia

Conferencia

Cuba para los cubanos, los de aquí y los de allá

La IV Conferencia La Nación y la Emigración fortaleció los lazos entre Cuba y su diáspora, abordando importantes temas y destacando la voluntad del Gobierno de estrechar relaciones y fomentar la participación de los cubanos en el exterior.

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La migración, fenómeno arraigado desde tiempos remotos, ha dejado su huella imborrable en la historia de la humanidad, y Cuba, inmersa en los vaivenes globales, no ha escapado a su influencia directa.

Desde los albores de la formación de la nacionalidad cubana, la migración esculpió los patrones sociales de la isla. Ilustres patriotas como José María Heredia, Domingo del Monte, Cirilo Villaverde, Félix Varela, José Antonio Saco y José Martí vivieron en el extranjero, tejiendo conexiones que resonarían en la sociedad cubana. Fuerzas y voluntades se forjaron en el exterior, desempeñando papeles determinantes en la configuración de la identidad de la isla.

Los flujos migratorios también trajeron consigo aportes fundamentales. Españoles que, junto a africanos, contribuyeron al mosaico cultural cubano. Posteriormente, la unión con chinos, franceses y haitianos enriqueció la nación con una mezcla heterogénea que define al cubano contemporáneo. Nuestra historia, por ende, está intrínsecamente vinculada a este fenómeno.

Para Martí, aprender lo bueno de las inmigraciones y ofrecer oportunidades a aquellos que llegan sin odio ni avaricia era una idea inteligente. El 10 de octubre de 1887, el Apóstol cubano señalaba ¿Qué importa el sol? ¿Qué importa la nieve? ¿Qué importa la vida? La patria nos persigue, con las manos suplicantes: su dolor interrumpe el trabajo, enfría la sonrisa, prohíbe el beso del amor, como si no tuviese derecho a él lejos de la patria. (IV, 216)*.

Martí entendió que la migración, ya sea por motivos políticos o económicos, se convierte en un árbol frondoso cuyas raíces se hunden profundamente. En ella, los sentimientos patrióticos se exaltan, ya que aquellos que viven lejos de su patria encuentran las fuerzas necesarias para servirla.

Justamente, bajo la impronta de los ideales martianos, tuvo lugar los días 18 y 19 de noviembre la IV Conferencia La Nación y la Emigración, en La Habana. Este evento coincidió con el aniversario 45 del primer diálogo en 1978 que marcó un hito en el acercamiento entre Cuba y su comunidad en el exterior.

Más de 300 cubanos residentes en 54 países, un tercio de ellos en Estados Unidos, y con buena presencia también de connacionales que viven en España, México, Panamá, Francia, Italia y Uruguay, participaron discutiendo vínculos, perspectivas y temas cruciales como cultura, identidad, desarrollo económico e inversiones.

Durante la inauguración del evento el canciller cubano Bruno Rodríguez Parrilla, en el marco de transformaciones y revoluciones económicas en Cuba, resaltó la importancia de este encuentro.

Reconociendo las deficiencias internas, se comprometió a trabajar incansablemente por el bienestar del pueblo. Además, denunció intentos externos de socavar el orden constitucional cubano y destacó la voluntad del Gobierno de estrechar lazos con la diáspora cubana, invitándola a participar activamente en el desarrollo del país.

Un espacio para el diálogo franco

La primera jornada de la Conferencia se destacó por debates abiertos y respetuosos, fomentando la expresión sin restricciones de inquietudes. En este espacio se enfatizó la defensa de los principios de soberanía, independencia y autodeterminación, junto con un profundo amor por la patria.

Oradores coincidieron en señalar el bloqueo impuesto por Estados Unidos como un obstáculo principal para el desarrollo cubano, afectando las interacciones comerciales. Se abogó por fortalecer los lazos con la diáspora, proponiendo flexibilizar trámites consulares a pesar de los avances en este sentido. Los cubanos en el exterior expresaron con transparencia sus inquietudes y sentimientos patrióticos.

El destacado intelectual cubano, Abel Prieto Jiménez, presidente de Casa de las Américas, resaltó la crisis cultural que impera, denunciando la mercantilización del arte y la literatura. Alertó sobre el secuestro de la subjetividad y el surgimiento de movimientos de odio impulsados por campañas mediáticas.

En medio de este panorama, Prieto enfatizó la necesidad de apostar por la cultura como antídoto contra la barbarie, rechazando la construcción de imágenes distorsionadas de Cuba promovidas por campañas mediáticas hegemónicas.

Inversión y economía, temas insoslayables

La segunda jornada de la Conferencia estuvo centrada en la economía y la inversión y proporcionó una visión esclarecedora para el avance de Cuba.

Alejandro Gil Fernández, ministro de Economía, ofreció un análisis detallado de la situación económica actual, prioridades de desarrollo y transformaciones recientes. Destacó la diversidad del tejido empresarial cubano, con 9.399 nuevos actores económicos en áreas estratégicas como gastronomía, alojamiento, construcción e industria manufacturera.

Gil Fernández abordó los principales desafíos, incluyendo la búsqueda de equilibrios macroeconómicos, el aumento de flujos externos de divisa y el perfeccionamiento continuo de la empresa estatal socialista. Subrayó la importancia del encadenamiento efectivo entre actores económicos, el estímulo al desarrollo local y la protección de indicadores sociales.

Ana Teresita González Fraga, viceministra de Comercio Exterior, presentó oportunidades de inversión extranjera y destacó las posibilidades para la participación de cubanos en el exterior en proyectos de cooperación internacional.

En la clausura, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, primer secretario del Partido y presidente de la República, destacó la resistencia y creatividad del país frente a desafíos globales, enfatizando la importancia de eliminar el bloqueo, preservar conquistas sociales y garantizar el derecho a la autodeterminación.

"La patria somos todos y con ustedes crece", afirmó, reiterando la voluntad de un diálogo amplio y franco desde Cuba. Díaz-Canel subrayó la necesidad de unidad para una mayor participación de los cubanos en el exterior, reafirmando el compromiso de fortalecer los vínculos como premisa invariable de la Revolución.

La IV Conferencia La Nación y la Emigración dejó claro que el desarrollo económico y los lazos con la diáspora son fundamentales.

En este escenario de transformación, la isla avanza hacia un futuro donde la conexión entre el país y sus hijos dispersos en el mundo sigue teniendo un hilo inquebrantable, porque Cuba es para los cubanos, los de aquí y los de allá.

(*) Discurso en conmemoración del 10 de octubre de 1868 en Masonic Temple, Nueva York, en Obras completas, t. IV, pp. 213-226.

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