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Sociedad Yuniet Morrel Quintero | LaJaY |

Crecer con respeto

Economía circular con perspectiva migrante: el camino de Yuniet Morrel Quintero

Migrante cubana, madre y emprendedora, Yuniet Morrel Quintero aprendió en Uruguay de economía circular, a impulsar a otras mujeres y a soñar con una moda que no desperdicie nada.

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Yuniet Morrel Quintero se presenta como gestora de soluciones circulares y diseñadora de impacto empresarial, un puente entre industria y sostenibilidad. Es cubana, migrante, madre, emprendedora, una mujer resiliente —como a ella le gusta decir—, pero sobre todo muy capaz. Piensa que “las oportunidades la encuentran”, pero creo que ella las sueña, las proyecta y trabaja incansablemente para alcanzarlas.

Estudió la Licenciatura en Turismo en su país natal y se especializó en atención al cliente; todo lo aprendido la impulsó a alcanzar nuevos derroteros. En Uruguay tuvo que reinventarse. Acudió a las enseñanzas de su abuela, quien le había heredado el arte de la costura, de hacer mucho con poco, de transformar; y en ese ir y venir de telas se las ingenió para encontrar su futuro. Hoy aprende y emprende, enseña lo que sabe y tiene la confianza, la fuerza y el optimismo de alguien que, sin lugar a dudas, seguirá triunfando.

LaJaY es su iniciativa más destacada. “El nombre está formado por las primeras letras de Lázaro (esposo), Jairo (hijo) y la Y de Yuniet. Representa el amor por mi familia y el espíritu de este emprendimiento que tiene el objetivo de transformar residuos textiles corporativos en objetos con valor agregado que fortalecen la identidad y la responsabilidad ambiental de las empresas”, contó a Caras y Caretas.

Nuestra entrevistada utiliza esos residuos textiles de distintas compañías, los rediseña y reprocesa, y los convierte en nuevos productos que regresan a las empresas como regalos corporativos o merchandising interno. Es economía circular aplicada al mundo empresarial.

Yuniet recuerda que, cuando llegó a nuestro país hace tres años, el título universitario no se tradujo de inmediato en estabilidad. “Trabajé en un taller de costura, muy alejado de lo que estudié”, recuerda. Fueron meses duros. “Vivimos de muchas maneras, pasamos por ciertas situaciones hasta que llegamos al lugar donde estamos”.

La maternidad sumó desafíos. Sin red familiar cercana, el cuidado de su hijo que ahora tiene cuatro añitos se volvía complejo. “Al no tener apoyo familiar, me costaba el cuidado de mi hijo. Entonces fue cuando decidí emprender”. Compró una máquina de coser. Luego, a través de un taller con Fe y Alegría, recibió apoyo para adquirir otra. “Primero inicié con lo que era el reúso textil”, cuenta. “Cuando cumplí 17 años estudiaba y trabajaba, lo que hacía era que cosía y mi abuela me enseñó muchas cosas”. Aquella práctica se convirtió décadas después en el corazón de su proyecto.

A pesar de dejar su empleo formal, mantuvo el vínculo con el taller donde había trabajado. Allí se desechaban numerosos retazos. “Con ese residuo empecé a hacer piezas y lo que podía con las máquinas que tenía”. Participó en la feria Expo Sostenible 2025. “No quedé seleccionada, pero una semana antes se bajaron otros emprendedores y a quien llamaron fue a mí. O sea, siempre mi vida va a ser así”.

En esa frase, “siempre mi vida va a ser así”, hay una síntesis de su biografía, estar preparada para cuando la puerta se abra, incluso si es a último momento.

Antes de consolidarse como emprendedora circular, vivió experiencias que ampliaron su horizonte. Integró el elenco de la Ópera Nacional en una puesta de Aida. La convocaron casi sobre la hora. “Y bueno, Daniel Romano me llamó y le dije sí”. No era un rol protagónico, pero fue significativo. “Fue una experiencia muy linda que me hizo ver Uruguay de una manera diferente”.

Más tarde participó en el concurso Miss Océano y Turismo Internacional representando a Cuba. No provenía del modelaje profesional. “Yo nunca había modelado”, admite. Sin embargo, decidió presentarse. “Hoy le decía a mi mamá, mi palabra preferida es resiliencia... Hago lo que haya que hacer, con mucho respeto y con mucha educación, pero me atrevo. Siempre me gustó el arte”. Quedó como segunda finalista y recibió la distinción Miss Amistad.

En paralelo, Yuniet ofrecía capacitaciones gratuitas para migrantes a través del Servicio Jesuita. “Veía que los migrantes tenemos una idiosincrasia diferente a la que hay acá y yo quería capacitar en atención al cliente, que era lo que yo sabía hacer”. Aquella etapa fue intensa, salía de ensayar para el concurso aún con la banda de Cuba puesta y corría a dar clase. “Fue toda una locura, pero fue muy lindo”.

El punto de inflexión llegó con la Expo Sostenible. Allí descubrió un ecosistema emprendedor enfocado en economía circular. “Me di cuenta de que había un mundo emprendedor maravilloso de economía circular, que era lo que me gustaba”. Entendió que aquello que su abuela hacía por necesidad económica podía resignificarse en clave ambiental y social. “Las empresas ya generan residuos textiles. Esos residuos tienen costo de disposición. LaJaY los convierte en regalos empresariales sostenibles”.

En el camino encontró aliados estratégicos. Desde la Cámara de Comercio recibió apoyo y formación. Allí comprendió algo que la marcó: “Las mujeres no competimos, nos apoyamos y hacemos redes”.

Participó en programas de mentoría como Arena Emprendedora de la Universidad ORT, donde fue seleccionada entre las mejores emprendedoras para acompañamiento especializado. En ese proceso detectó un vacío estructural, la desconexión entre diseñadores sostenibles y los excedentes textiles que las empresas no logran comercializar.

De esa observación surgió Looper Light, el primer banco digital de excedentes textiles. “Fui viendo el vacío que había entre los diseñadores que somos sostenibles y ese residuo y excedente que tienen las empresas textiles”. La propuesta consiste en crear una plataforma donde casas de telas y empresas ofrezcan sus excedentes sin necesidad de moverlos físicamente, y donde diseñadores puedan comprarlos en línea.

“No tengo que tocar la tela”, explica. “Mercado Libre no toca los productos, solo hace las conexiones”. La lógica es similar, conectar oferta y demanda, monetizar materiales que hoy quedan olvidados en depósitos y ampliar la creatividad de quienes diseñan.

El proyecto está registrado y en etapa de prototipo. Planea presentarlo a convocatorias de oportunidades circulares de la Agencia Nacional de Desarrollo. “Voy a probar, me van a fallar cosas, otras van a ser aprobadas, se va a ver qué sí y qué no”. La experimentación forma parte de su método.

Mientras tanto, LaJaY ya trabaja con empresas como Securitas y el Radisson Montevideo, transformando su excedente textil en nuevas prendas y objetos institucionales. “Desde octubre hasta la fecha transformó su excedente y residuo textil en nuevas prendas”. La meta es que cada empresa incorpore soluciones ambientales concretas.

El impacto que imagina no se agota en el sector privado. Recientemente comenzó a articular con un grupo de cinco mujeres de su barrio en situación económica vulnerable. La propuesta es que conformen una cooperativa y trabajen bajo su coordinación en proyectos de reúso textil. La iniciativa dialoga con la Intendencia y con programas financiados por la Unión Europea. El objetivo es transformar la ropa donada que no se reutiliza y evitar su destrucción. “El Gobierno recibe las ropas que se donan… pero no hay proyectos sostenibles creados que transformen todo eso. Esa es la idea”.

En paralelo, impulsa un sueño que combina diseño y activismo, la primera semana de la moda sostenible en Uruguay. Una pasarela itinerante, de cinco días, que recorra Montevideo y visibilice exclusivamente proyectos responsables. El escenario proyectado es el Palacio Taranco. La intención es que el banco de telas abastezca a los diseñadores participantes. “Si bien sé que existen pasarelas, yo quería que se hiciera una semana solo sostenible”.

Además, desarrolla una línea propia de ropa de hilo con moldería cero desperdicio. “Nada se desperdicia para seguir siendo sostenible y seguir en mi línea”.

Cuando se le pregunta qué mensaje daría a otras mujeres migrantes, su respuesta es reflexiva. “Uno tiene que ser sabio, saber qué es lo que quiere hacer y estudiar oferta y demanda”. Reconoce que podría haberse aferrado exclusivamente a la atención al cliente, pero eligió observar el contexto. “No hubiese llegado hasta donde estoy si no hubiese tenido la capacidad de resiliencia, de ver en dónde estoy, cómo estoy, qué es lo que el país necesita y cómo puedo aportar a la necesidad actual. Ahora viene una economía donde hay que reutilizar, donde hay que cuidar el medio ambiente, donde hay que cuidar la sociedad”. Cree que cada persona migrante debe preguntarse cómo contribuir al país que la recibe. “No vas a dejar de tener tus raíces, pero ahora acá empiezan a salir nuevas raíces”.