No se esperan lluvias
“No se esperan lluvias por ahora”, resumió el meteorólogo, y fue contundente sobre las consecuencias. “Para los turistas, todo bárbaro; para el campo, no”, señaló, al advertir que la falta de precipitaciones puede generar pérdidas productivas, escasez de algunos cultivos y subas de precios.
En ese marco, lanzó una frase que rápidamente resonó: “El tomate va a costar 500 pesos”. Aunque dicha con tono hiperbólico, la advertencia no resulta descabellada: el año pasado, en un contexto de estrés hídrico, el tomate perita superó los 300 pesos por kilo, marcando el impacto directo del clima en el bolsillo.
Febrero: seco con temperaturas inestables
De cara a febrero, Ramis fue cauto pero poco optimista. Indicó que, por ahora, solo se proyectan tres episodios de lluvia, aún sin fechas definidas, un volumen claramente insuficiente para revertir el déficit hídrico.
En cuanto a las temperaturas, adelantó que continuará el “subibaja” térmico que caracterizó a enero, con cambios bruscos en pocos días. Como ejemplo, recordó el último fin de semana que hubo un sábado sofocante seguido por un domingo inusualmente fresco. “Ayer fue un día casi de invierno”, explicó.
Con pocas lluvias en el horizonte y un verano que avanza, el escenario plantea un desafío creciente para el sector productivo, mientras se multiplican las señales de que el impacto del clima podría sentirse, una vez más, en la mesa de los uruguayos.