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Sociedad estafa | dinero |

Subagencia 958

La estafa detrás de un Redpagos: depósitos ficticios, cuentas de terceros y US$ 1,4 millones faltantes

Depósitos ficticios y cuentas de terceros fueron parte de la estafa detrás de un Redpagos, que dejó un faltante de US$ 1,4 millones y 13 condenados.

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La estafa detrás de un Redpagos incluyó depósitos ficticios, cuentas de terceros y la adulteración de arqueos. La maniobra generó un faltante de US$ 1,4 millones y terminó con 13 personas condenadas. En total, se utilizaron 207 cuentas bancarias pertenecientes a 179 personas y se registraron operaciones por decenas de millones de dólares.

Una investigación publicada por la diaria reveló la trama detrás de esta maniobra y permitió reconstruir cómo operaba el esquema desde una subagencia de la red de cobranzas. El caso tuvo como principal responsable a la titular del local, condenada por un delito continuado de estafa.

El caso se originó en la subagencia 958 de Redpagos, ubicada en Carlos María Ramírez y Real, en el barrio La Teja. El local había comenzado a funcionar en marzo de 2023 y, en noviembre de ese año, pasó a ser administrado por la pareja de su titular original, quien posteriormente fue identificada por la investigación como la responsable de la maniobra.

La investigación permitió determinar que durante aproximadamente seis meses la subagencia registró depósitos por unos US$ 28 millones, aunque esa cifra no corresponde al dinero finalmente defraudado. El perjuicio económico establecido en la causa fue de aproximadamente US$ 1,4 millones contra Nummi SA, la empresa franquiciante de Redpagos.

El agujero entre el depósito y el dinero físico

La maniobra aprovechó el funcionamiento habitual de los depósitos realizados a través de las redes de cobranza.

Cuando un cliente concurre a un local y entrega efectivo o un cheque para depositarlo en una cuenta bancaria, la operación se registra electrónicamente y el banco puede acreditar el dinero de inmediato en la cuenta del destinatario. El dinero físico entregado en el local, en cambio, es remitido posteriormente a Nummi SA, que luego lo distribuye a las instituciones financieras que ya acreditaron los fondos.

Ese desfasaje temporal fue utilizado para construir una suerte de rueda de depósitos ficticios.

Según la investigación, desde la subagencia se generaban electrónicamente depósitos que no estaban respaldados por dinero que hubiera ingresado físicamente al local. Para ello se utilizaban cuentas bancarias de terceros que participaban de la maniobra.

El banco acreditaba los fondos en esas cuentas y, posteriormente, los titulares transferían el dinero hacia cuentas vinculadas con la responsable del local. Parte de esos fondos era utilizada para cubrir las obligaciones generadas por depósitos anteriores, mientras la operación continuaba creciendo.

De esa forma, el esquema necesitaba generar nuevos depósitos para cubrir los anteriores. La diferencia entre lo que ingresaba a través de las nuevas operaciones y lo que debía remitirse a Nummi constituía el dinero que quedaba en poder de los responsables.

Una señal de alerta: US$ 28 millones en seis meses

Los primeros indicios surgieron en julio de 2024, cuando Santander detectó un volumen creciente de depósitos realizados a través de esa subagencia.

Nummi SA comenzó entonces a analizar el comportamiento del local y constató que, aunque las operaciones aparecían respaldadas en el sistema y los montos remitidos coincidían con los registros, el volumen era extraordinariamente elevado.

En aproximadamente seis meses, la subagencia había registrado depósitos por US$ 28 millones.

Ante esa situación, Nummi decidió realizar una inspección física para comprobar que el dinero que figuraba en el sistema existiera realmente.

La inspección se realizó el 11 de julio de 2024.

El arqueo que hizo caer la maniobra

Funcionarios de Nummi llegaron al local alrededor de las 14.00 y ordenaron un arqueo de caja.

Según los registros del sistema, debía haber aproximadamente $46 millones correspondientes a las operaciones de la jornada anterior y de ese día. Sin embargo, en las cajas encontraron solamente $219.000 en efectivo.

Al revisar las cajas fuertes, los funcionarios encontraron una cantidad de dinero que supuestamente debía alcanzar los $15 millones.

La responsable sostuvo que los aproximadamente $31 millones restantes ya habían sido transferidos a la casa franquiciante y presentó como respaldo tres capturas de pantalla.

Pero las imágenes tenían una particularidad: no mostraban fecha ni hora.

Cuando los funcionarios consultaron al banco, comprobaron que las transferencias que aparecían en las capturas nunca habían sido realizadas.

La revisión del efectivo reveló además otra adulteración. Los fajos aparentaban contener billetes de $1.000, pero solamente tenían billetes de esa denominación en el frente y el reverso. En el interior habían sido colocados billetes de $20.

Así, donde el sistema indicaba que había unos $15 millones, en realidad había aproximadamente $1,3 millones.

207 cuentas y 179 personas

La denuncia presentada por Nummi SA dio lugar a una investigación encabezada por el fiscal de Lavado de Activos Enrique Rodríguez.

El trabajo incluyó el levantamiento del secreto bancario de las cuentas involucradas y distintas pericias financieras.

Uno de los elementos centrales fue un informe de la Unidad de Información y Análisis Financiero (UIAF) del Banco Central del Uruguay, que permitió reconstruir parte de la circulación del dinero.

La investigación determinó que se habían utilizado 207 cuentas bancarias pertenecientes a terceros, distribuidas de la siguiente manera:

  • 65 cuentas del BROU.

  • 56 cuentas de Itaú.

  • 86 cuentas de Santander.

  • En total, las cuentas correspondían a 179 personas físicas.

Entre quienes participaron había empleados del propio local.

De acuerdo con los testimonios incorporados a la investigación, la responsable les solicitaba que abrieran cuentas bancarias y que remitieran a sus cuentas personales o a las de la responsable los fondos que recibían mediante los depósitos.

Algunos declararon que recibían entre $500 y $2.000 por cada operación.

Una rueda que debía crecer

La lógica de la maniobra hacía necesario aumentar progresivamente el volumen de las operaciones.

El mecanismo permitía generar un depósito ficticio, conseguir que el banco acreditara el dinero en una cuenta y utilizar posteriormente esos fondos para cumplir con las obligaciones generadas por operaciones anteriores.

Mientras el volumen de depósitos continuara creciendo, la diferencia podía mantenerse oculta.

El problema apareció cuando el crecimiento de las operaciones llamó la atención del sistema bancario y de Nummi.

La investigación estableció que entre octubre de 2023 y junio de 2024 se produjo una diferencia de aproximadamente US$ 1,4 millones entre los depósitos registrados y el dinero efectivamente remitido a Nummi SA.

13 personas condenadas

Después de casi dos años de investigación, el juez de Crimen Organizado de primer turno, Alejandro Asteggiante, confirmó las condenas mediante acuerdos abreviados para 13 personas.

La titular de la subagencia reconoció su responsabilidad y fue condenada por un delito continuado de estafa a 24 meses de prisión.

La pena establece:

  • tres meses de prisión efectiva;

  • tres meses de arresto domiciliario nocturno;

  • el resto de la condena bajo régimen de libertad a prueba.

Las otras 12 personas fueron condenadas a 16 meses de prisión en régimen de libertad a prueba, como coautoras del delito.

¿Dónde terminó el dinero?

Uno de los puntos que permanecen abiertos es el destino del dinero que no fue recuperado.

Nummi SA consiguió recuperar únicamente un vale por US$190.000, correspondiente a una vivienda de un familiar de la principal condenada, que fue entregada como parte de la reparación.

El resto del dinero faltante, aproximadamente US$1,2 millones, continúa sin ser recuperado, según la información publicada sobre la causa.

Como consecuencia del caso, Nummi SA destituyó a cinco personas y modificó el sistema de controles para reforzar la vigilancia sobre los volúmenes de depósitos y las transferencias realizadas por las subagencias.

Un segundo hecho que rodea al caso

La historia tuvo además un episodio posterior que llamó la atención de la investigación periodística. José Luis Alaniz Ábalos, quien había abierto originalmente la subagencia en marzo de 2023 y posteriormente se la había transferido a su pareja, fue asesinado en su vivienda el 2 de octubre de 2025, donde recibió al menos siete disparos.

Ese homicidio continúa siendo investigado. Con la información disponible, no corresponde establecer una conexión entre el asesinato y la estafa de Redpagos sin evidencia judicial que vincule ambos hechos.

FUENTE: Con información de la diaria y otras fuentes

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