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Sociedad mentira | impunidad | Tuana

El rol del periodismo

La mentira como método para favorecer la impunidad

En las últimas semanas, se han realizado publicaciones relacionadas con la Operación Océano con afirmaciones consideradas “falsas y difamatorias” por la directora de la Asociación Civil El Paso, la magíster Andrea Tuana.

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En las crónicas se afirma que existe un audio, pero en realidad Tuana es bastante clara al afirmar que en el manejo del audio “se deforma la realidad y se miente”.

Toda esta operación pretende desacreditarla y obviamente, favorecer la impunidad.

Vaya novedad, hay quienes intentan que los explotadores de adolescentes y jóvenes de la Operación Océano, la mayor causa de explotación sexual de la historia del Uruguay, queden impunes o con condenas irrisorias, y hasta si pudieran, limpios y pulcros.

El método es burdo pero en estos tiempos actuales lo ordinario y grotesco parece ser un efectivo método de trabajo para algunos que están convencidos que la mentira cotiza. Pero hasta los tramposos saben que la mentira siempre termina mal. Costará un poco más o mucho más tiempo, pero la verdad a la larga prevalecerá. Porque siempre prevalece.

El audio en cuestión no tiene mayor importancia. Es tan torpe la maniobra que se cae sola.

No obstante, como vivimos en una región donde al otro lado del río, un presidente de la República insulta, descalifica y amenaza a científicos, docentes, investigadores, periodistas, activistas por los derechos humanos, jubilados y todo aquel que no comulgue su delirio cotidiano, parece sensato recordar aquello de las barbas en remojo y poner cierta atención a las maniobras locales que pretenden deslegitimar a una profesional que ha dedicado su vida a la defensa de las víctimas de violencia de género desde la Asociación Civil El Paso.

¿Quién gana si triunfan las campañas sucias? ¿Quiénes se benefician si mediante presiones extorsivas y titulares tendenciosos, alguien en algún lugar del mundo decide abandonar la defensa de las víctimas?

Los discursos antiderechos saben que las redes sociales son lugar fértil para desplegar sus campañas de odio.

El problema es cuando esto es tomado por un par de medios de comunicación porque lo grotesco siempre “hace ruido” en las redes.

Andrea Tuana sabe a lo que se expone desde el primer día que optó por trabajar del lado de las víctimas. Y no del lado de los explotadores sexuales ni de los violentos que abusan de niños, niñas o adolescentes.

“Quienes defendemos víctimas de violencia y en especial víctimas de violencia doméstica y sexual, estamos expuestos a sufrir ataques de los agresores, de los defensores de los agresores, de los grupos de presión que defienden agresores, de grupos de poder que pretenden mantener el orden estructural patriarcal”.

Tuana lo sabe y a pesar de todo, confía en que aquellos medios de prensa que se hayan hecho eco de afirmaciones falsas y malintencionadas, tendrán la integridad y el profesionalismo de divulgar su versión. Pero hasta ahora la balanza está un poquito sesgada. Los abogados de los acusados y formalizados en la Operación Océano, han tenido todas las cámaras y micrófonos a su disposición, para hablar y dar su versión, la versión de los acusados de delitos inmundos de abuso y explotación sexual, con toda la generosidad del ecosistema mediático.

A Tuana la han intentado difamar. Los acusados, los formalizados, los procesados, se han victimizado. Siempre lo hacen. Y parece que ahora hay alguien que pretende una especie de revancha para desacreditar a una activista social de vastísima trayectoria, que ha trabajado en colaboración con las Naciones Unidas, Unicef y decenas de organizaciones internacionales.

En este marco, la magister en Políticas Públicas y directora de El Paso, reflexionó sobre el rol del periodismo en nuestra sociedad. “El periodismo debe hacer su trabajo, debe poder contar con todas las garantías para hacer su trabajo. Pero debe hacerlo en un marco de principios éticos que prioricen la veracidad y precisión, informando con exactitud, evitando tergiversaciones y verificando los hechos antes de publicarlos, respetando la dignidad de las personas, evitando difamación, calumnias o insinuaciones maliciosas” y deslizó una reflexión sobre conductas y ética: “no vale todo en Uruguay”.