Zaffaroni explicó que el proyecto surgió cuando la editorial propuso adaptar las historias para nuevas generaciones. Aunque inicialmente esa no era la idea original, tanto ella como Argento consideraron que era una oportunidad para tender puentes entre el pasado reciente y los jóvenes lectores.
Contar las vivencias
En ese sentido, sostuvo que el libro evita un tono solemne o distante y apuesta a contar las vivencias desde experiencias universales. “Los jóvenes y los adolescentes también sufren, también se alegran, sienten amor, tienen amigos. Tratamos de contarlo desde un lenguaje común, que es el de las emociones humanas”, expresó.
La escritora también remarcó que el texto mantiene la voz genuina de quienes atravesaron esos procesos. “No hicimos una traducción de lo que los entrevistados decían. Fueron conversaciones donde preguntábamos, ‘contanos cómo te sentiste, qué pensaste, qué te pasó’”, explicó.
La propia historia de Zaffaroni forma parte de ese universo narrativo. Hija de los uruguayos Jorge Zaffaroni y María Emilia Islas, secuestrados en Buenos Aires en 1976 durante la coordinación represiva del Plan Cóndor, fue apropiada por un agente vinculado a la SIDE argentina y criada bajo otra identidad. Tras años de búsqueda y luego de haber sido trasladada ilegalmente a Paraguay por su familia apropiadora, recuperó su identidad en 1992.
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