Yo he sido amigo de Ricardo desde hace treinta años y recientemente, más precisamente hace una semana, habíamos hablado sobre sus ideas, sobre la problemática de la pobreza infantil y nos habíamos prometido una charla más larga con la idea que ayer escribía de tratar de promover una suerte de diálogo para enfrentar el problema de la pobreza de niños y mujeres en hogares monoparentales.
Esa mañana conversamos sobre la situación del CASMU donde el asesoraba profesionalmente, porque me había llamado por un editorial que yo había escrito, y que me dijo que lo había emocionado mucho. En la ocasión aproveché para hacerle algunas preguntas y para requerirle algunas cifras. Él aprovechó para llevarme tranquilidad, diciéndome que la situación era bastante mejor de lo que decían los diarios.
Ricardo era colorado, muy cercano a Sanguinetti. Muy abierto al diálogo, muy franco en sus apreciaciones, muy tolerante ante el disenso.
Era un artista plástico talentoso y había adquirido celebridad con sus esculturas en madera. Recientemente estaba presentando en el Museo De Artes Visuales una instalación que creo que aún se puede visitar, que se denomina “Leibniz saltando a la cuerda”, que impresiona por su belleza y originalidad en la que se suman el talento de Pascale por el arte y las matemáticas.
No quiero cerrar esta nota sin decir que la muerte del Tano Pascale es una enorme pérdida para el país, que ocurre en un momento en que Ricardo estaba en la plenitud de su vida intelectual, que parecía estar muy bien de salud, que su carácter y su sonrisa era invariable y que nos da una enorme pena y muchísimo dolor. A su familia y a sus amigos le expresamos nuestra más fuerte condolencia que hoy es más sincera que nunca.