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Sociedad Pascale | Banco Central | Alberto Grille

Consternación

La muerte de Tano Pascale es una enorme pérdida para el país

Caballero, formidable expositor con gran experiencia docente, artista poseedor de una cultura renacentista, distinguido economista y persona de bien, de buen carácter y gran simpatía. Así era Ricardo Pascale.

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Caras y Caretas Diario

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Escribo estas líneas consternado por el sorpresivo fallecimiento del Profesor Ricardo Pascale. Hoy mismo en el editorial de Caras y Caretas, referido a la pobreza infantil, lo caracterizaba como un caballero, un expositor formidable con una gran experiencia docente, un artista poseedor de una cultura renacentista, un distinguido economista y una persona de bien, de buen carácter y gran simpatía.

Fue dos veces presidente del Banco Central, la primera vez agarrando un fierro caliente a la salida de la dictadura. Fue Profesor en la Udelar de Finanzas y Economía del Conocimiento, profesor emérito de esa casa de estudios y actualmente era presidente del Consejo de Administración del Instituto Pasteur.

Asesor y Consultor de numerosos organismos internacionales y autor de innumerables publicaciones y trabajos sobre su profesión, recientemente publicó dos libros sobre economía prospectiva, acerca del futuro del Uruguay y sobre los rezagos en innovación y asignación de recursos para la investigación científica que han comprometido y comprometen el desarrollo del país.

Yo he sido amigo de Ricardo desde hace treinta años y recientemente, más precisamente hace una semana, habíamos hablado sobre sus ideas, sobre la problemática de la pobreza infantil y nos habíamos prometido una charla más larga con la idea que ayer escribía de tratar de promover una suerte de diálogo para enfrentar el problema de la pobreza de niños y mujeres en hogares monoparentales.

Esa mañana conversamos sobre la situación del CASMU donde el asesoraba profesionalmente, porque me había llamado por un editorial que yo había escrito, y que me dijo que lo había emocionado mucho. En la ocasión aproveché para hacerle algunas preguntas y para requerirle algunas cifras. Él aprovechó para llevarme tranquilidad, diciéndome que la situación era bastante mejor de lo que decían los diarios.

Ricardo era colorado, muy cercano a Sanguinetti. Muy abierto al diálogo, muy franco en sus apreciaciones, muy tolerante ante el disenso.

Era un artista plástico talentoso y había adquirido celebridad con sus esculturas en madera. Recientemente estaba presentando en el Museo De Artes Visuales una instalación que creo que aún se puede visitar, que se denomina “Leibniz saltando a la cuerda”, que impresiona por su belleza y originalidad en la que se suman el talento de Pascale por el arte y las matemáticas.

No quiero cerrar esta nota sin decir que la muerte del Tano Pascale es una enorme pérdida para el país, que ocurre en un momento en que Ricardo estaba en la plenitud de su vida intelectual, que parecía estar muy bien de salud, que su carácter y su sonrisa era invariable y que nos da una enorme pena y muchísimo dolor. A su familia y a sus amigos le expresamos nuestra más fuerte condolencia que hoy es más sincera que nunca.