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Sociedad Negro | odio | racismo

Por Susana Andrade

"Negro de mierda" "Negro cagón"

El insulto “negro” o “negra” con aditivos “de esto y de lo otro”; tipificado como acto de odio en la legislación penal vigente; siempre está a flor de labios.

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Ser afrodescendientes visibles nos hace potencial objeto de burlas y eso afecta la calidad de vida. Hay racismo agudo en Uruguay y en el planeta aunque casi nadie lo reconozca ni quiera enterarse. El insulto “negro” o “negra” con aditivos “de esto y de lo otro”; tipificado como acto de odio en la legislación penal vigente; siempre está a flor de labios.

Es violencia racial y afecta los derechos fundamentales de las personas, sucesos indignos de una democracia republicana que precisa una sociedad armoniosa para desarrollarse.

Vivimos con ese miedo y es difícil encontrar operadores jurídicos o policiales sensibles a esta diversidad, casi siempre tratan de desalentar al denunciante, vanalizan los hechos o toman las denuncias por violencia privada u otro tipo de posibles delitos, pasando por alto la agresión racial que en todo caso debería sumarse.

Por eso fue notorio hace poco cuando en un encuentro de fútbol importante alguien le dijo “negro de mierda” a un árbitro, y junto a una gran repercusión mediática, una Fiscal en Flagrancia Penal estudió el caso como urgente, aunque después el tema se diluyó como suele suceder. Hace menos tiempo en un encuentro de basquet, todo un estadio le gritó “negro cagón” a un jugador afrodescendiente, sin que hubiera alarmas. En otros países esto sería un escándalo e iría gente presa.

La negación o invisibilización de los actos de discriminación racial, profundizan y amplifican la gravedad del daño; brindan impunidad al agresor, desprotegen a la víctima y desaniman a denunciar legalmente. Así se dinamitan los procesos de necesaria transformación hacia una sociedad inclusiva.

La indiferencia ante estas situaciones de menoscabo a un sector de la población; pandemia verbal o física constante malditamente “popularizada”; naturaliza el agravio por orígenes étnico raciales y deviene complicidad por omisión. No expresarse antiracista, ayuda indefectiblemente a la normalización de la discriminación basada en el color de piel que es sistémica y estructural.

Aquí no hay ignorantes/inocentes porque es un mal global inserto en el imaginario social. Para cambiar esta exclusión aceptada hay que visibilizarla, hablar de ello, escuchar a los que la sufren. No sólo a los que dicen “no lo digo por ofender” “no lo hice con intención” y pasan por alto el estereotipo, validándolo.

No existe la “neutralidad” porque es una situación pública de cosificación de la gente afrovisible derivada del sistema esclavista que si no se interpela, se amplifica.

Toda injusticia conspira contra la pública felicidad. Desde esa mirada se hace necesario promover el combate al racismo centenario y enquistado institucionalmente con acciones afirmativas, políticas específicas y legislación, buscando consolidar el cambio cultural. Lo cotidiano también es fuente de educación, nuestra niñez no nace discriminadora.

Las agresiones racistas no dependen del buen o mal humor de quien las expresa; siempre son violencia racial. Es cruel que sea “normal” que para los demás seas “un negro” o “una negra”, y que sepas que el “de mierda” siempre está a mano cuando se enojan contigo.

Son olvidadas adrede la memoria y la historia política de comunidades que no vinieron de turismo ni como migrantes a estas latitudes, sino por la diáspora infame y obligada producto del tráfico esclavista. La trata transatlántica asesina y supremacista, categorizó como inferiores a los pueblos por su color de piel y por conveniencia para poder “cazarlos” como animales y someterlos, porque si eran “objetos, piezas de Indias, mercancía, seres sin alma, ganado negro”, no tenían derechos, se podían comercializar y usar para trabajar sin pago hasta morir, ser víctimas de tortura, humillación, violaciones y todo lo que esas mentes criminales hurdieron desde su tirana y verduga inhumanidad.

La colonización responsable de la hiriente desigualdad que reina en Latinoamérica y el Caribe la peor del mundo, es culpa de un complot de saqueo, hurto y apropiación de bienes ajenos organizado por algunas monarquías europeas, los banqueros fundidos y la catolicidad de la época que disfrazó de “evangelización” un plan de exterminio a los pueblos originarios para adueñarse de sus territorios y riquezas naturales, las que hoy sustentan el poderío mundial de los países “desarrollados”.

CON SANGRE AFRO E INDÍGENA HICIERON LAS FORTUNAS Y EL PODERÍO QUE GOBIERNA AL MUNDO

Esta desigualdad sangrante deriva de terrorismos invasores que generaron calamidades perpetuas y extremas, hay responsables de dichos crímenes contra la humanidad imprescriptibles y por ende siempre perseguibles jurídicamente en el derecho internacional.

El racismo globalizado se origina en políticas imperialistas de reinados europeos siglo quince y más. Una colonización que persiste; ideológica, económica y de poder político devenida en capitalismo voraz, imponiendo modelos culturales y formas de relacionamiento competitivo, consumista y violento. Se han creado múltiples factores de exclusión, y siempre todo es peor si sos afro.

Es difícil vencer desigualdades porque las alimentan intereses políticos de sectores privilegiados. La convivencia en equidad no le sirve a sistemas excluyentes que basan su economía en el desequilibrio social.

Todos y todas sabemos que la palabra “negro” o “negra” equivale a insulto en las sociedades modernas, increíblemente tan “primitivas” en el respeto a la otredad. Se minimiza o invisibiliza la agresión racial que esto significa para las poblaciones afro subalternizadas por el sistema hegemónico imperante, blanquista, machista y más pestes sociales aceptadas como parte del “folclore”. Y encima se molestan quienes sustentan privilegios cuando la comunidad castigada reclama dignidad, nos ven como susceptibles, vanalizan los destratos -total no los sufren ellos- y juegan con la salud emocional de la otredad obligada a resignarse o a ser vista como problemática si intenta reivindicar espacios de derechos.

El racismo mata; es un daño a la integridad física y moral de las personas y fue instalado por los invasores europeos para justificar el avasallamiento homicida. Es pérdida del goce efectivo de los derechos humanos. Casi nadie quiere verlo -es más cómodo- y muchos prefieren disfrazarlo de “trato familiar” aunque el estigma esté instalado. Por algo se hace necesaria la justificación “es mi amigo” “se lo digo de confianza”, “o de cariño”.

Una persona de piel oscura es eventual objeto de ridiculización o agresión donde se encuentre. Un ejemplo basta por si no se entendió; no se le dice a nadie “blanquito” de cariño ni cosa por el estilo, y no existe el “blanco de mierda” porque no existe “blanco” como calificativo despreciativo como sí sucede con lo negro como pronombre.

¿No sabés cómo llamarme? Decime por mi nombre. Respetame. No es tan complicado de entender. Todo lo que venga de lo africano e indígena es destratado así como fueron satanizadas las religiones de matriz afroamerindia en un intento por eliminar la cultura, la identidad, las tradiciones, donde lo sagrado afro es esencia, resistencia y semilla de libertad.

Tan es así que hoy desde ONU-CERD Comité para la Eliminación de la Discriminación Racial se hicieron sugerencias al Estado uruguayo por el racismo religioso denunciado en informe del Grupo Religioso Atabaque. Debido a esto se formó en la INDDHH un grupo de trabajo integrado por sociedad civil y la propia institución, para bajar a tierra estas recomendaciones y hacer entrega formal de posibles estrategias antiracistas a las autoridades. Mientras siga siendo aceptado como hecho menoscabante tener piel oscura, seguiremos normalizando y al fin promoviendo la inequidad racial. En ese sentido la abolición de la esclavitud nunca existió pues las reparaciones deberían ser el pago de una deuda histórica inmedible en riquezas materiales e imposible de revertir en tanto crimenes de lesa humanidad. El racismo atenta contra la salud de los sistemas democráticos, y por ende, no es problema de “los negros” sino de toda la sociedad.

SUSANA ANDRADE

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