Así, en el caso de Guillermo Machado y Fernando Morroni, algunos funcionarios policiales fueron procesados por abusos de funciones, pero los homicidas siguen agazapados en una nebulosa de impunidad.
En el caso de Roberto Facal, Ronald Scarcella y Villanueva Saravia, la verdad fue travestida de suicidio o ajustes de cuentas.
En el caso de Luca Ventre, su muerte provocada por asfixia por parte de un funcionario policial en la embajada de Italia se escabulló por la ingesta de sustancias. En Estados Unidos el asesinato del afroamericano George Floyd en las mismas circunstancias tuvo consecuencias jurídicas luego de la asonada en Mineápolis con el policía procesado, pero en Uruguay prevaleció el trato cordial de las relaciones diplomáticas.
En el caso de Felipe Cabral, el archivo de la causa (a pesar de las evidencias que demuestran al menos las responsabilidades de tres personas por encubrimiento) se suma a los anales de una Justicia que usa su venda, no para impartir justicia sin importar contra quién, sino para negarse a ver la realidad.
El ángel de la muerte
Ángel Panizza, domiciliado en Rambla República de México 5679 en Punta Gorda, ex funcionario del Poder Legislativo, de 78 años de edad, fue el principal sospechoso de asesinar de un disparo a Plef aquella media tarde del 2019.
No fue procesado por homicidio ya que el arma homicida no fue hallada y el juez penal de 43º Turno, a solicitud de la fiscal Mirta Morales, lo imputó por un delito de tráfico interno de armas de fuego, una imputación sin prisión, sin salidas del país ni cambio de domicilio por 90 días.
En mayo, Ángel Panizza fallece y la Justicia se inclina por una resolución salomónica: muerto el principal sospechoso del crimen, no hay más elementos para avanzar en la investigación y caso casi resuelto.
La Policía Científica demostró que el disparo efectivamente salió de la casa de Panizza, su casa estaba llena de armas en condiciones de ser usadas, y Ángel Panizza tenía una denuncia del 2017 por exhibición y uso de armas en la vía pública por parte de unos vecinos.
Aquí conviene recordar el detalle de que, increíblemente, el allanamiento a casa de los Panizza se realizó el 21 de febrero, cinco días después del homicidio.
Al igual que otros vecinos, Ángel Panizza consideraba que personas con la apariencia de Plef no debían merodear por el distinguido barrio.
Los policías del caso consultados por Caras y Caretas confirmaron algunas dudas que manejamos en ediciones anteriores: ¿hay un cien por ciento de confirmación de que un desahuciado de cáncer que usaba una prótesis de nariz y con 78 años sea quien efectivamente disparó contra Plef?
La muerte de Ángel, en caso que el homicida fuera otro, vino a dar la justificación perfecta en la lógica criminal. Si quieren saber quién mató a Plef, vayan a preguntar a su tumba.
Borracho no vale
En el momento del asesinato, Ángel Panizza no estaba solo en su casa; estaba con su hijo Alejandro de 47 años y su nuera, María Fernanda Souza, de 30 años.
Ambos declaran (en agosto de 2019) no recordar mucho de los hechos por el tiempo transcurrido, por el duelo que vivían por la muerte del padre en mayo, y porque en esa jornada en particular, se encontraban bajo los efectos de una noche de ingesta de alcohol. Por toda pregunta al interrogatorio se recibía un “no me acuerdo”.
Pablo Panizza fue un poco más lejos y, a pesar de reconocer que en su barrio solía escuchar disparos en la noche y tener una cultura familiar de uso de armas de fuego, dijo no haber escuchado nada ni poder identificar un sonido de disparo, dentro de su casa.
La nuera de Panizza dice haberse levantado a las 15 horas (Plef recién había sido asesinado), con cierta resaca, y que su novio y suegro ya estaban levantados. Dice no haber notado nada raro en la casa, que almorzó con su novio que fue quien cocinó, y que su suegro ya había comido; que estuvieron todo el día juntos, hasta que en un momento ella y el hijo de Panizza salieron de la casa a comprar cerveza y cigarros. Dice que la combinación del alcohol con la medicación que toma por su condición de epiléptica fue devastadora para que no pueda recordar con claridad los hechos durante aquel día y tenga una noción confusa de lo sucedido. El único elemento que coincide de esa versión con su novio, es que éste ya estaba levantado cuando ella despertó (Panizza hijo, según declaró, se levantó entre las 12 y las 14, momentos antes del asesinato de Plef). Panizza (h) confirma la versión de su pareja de salir en un momento de la casa pero no lo puede recordar con precisión; sin embargo, dice que no cocinó y que no recuerda haber almorzado. Las cámaras analizadas en ese lapso, por el contrario, muestran a Panizza (h) saliendo de la casa en su vehículo sin la compañía de su pareja. La nuera tampoco dice recordar las intensas y múltiples llamadas de su pareja a su cuñado.
Alejandro Panizza, en sede judicial, se muestra con cierta molestia ante el interrogatorio y se expresa con bastante soberbia, según los audios a los que pudo acceder Caras y Caretas.
Según los chats analizados por la Policía Científica del grupo de Vecinos en Alerta, es uno de los integrantes más activos, notificando de los movimientos de personas extrañas en el lugar y llegando, incluso, tras llamar al 911, a perseguir a una persona en bicicleta.
Escucha técnica
Un semiólogo que realizó trabajos para el Poder Judicial, ante los audios del interrogatorio en Fiscalía, concluye que: “En los audios analizados, el nivel tonal paraverbal detecta un recuerdo de los detalles que no estén vinculados al día del homicidio, no habiendo una asociación entre el tono y la palabra, utilizando un tono autoritario al momento de responder. No nombra la palabra homicidio, muerte o similar, por el contrario, cuando hace alusión a lo sucedido dice ‘eso’, utilizando como recurso verbal el tomar distancia del hecho en el relato. Tomando en cuenta el registro mecánico condicionado por la edad y el género cuando repite no recordar actividades realizadas ese día, se establece que por el ritmo al responder no hay intención de buscar en los recuerdos. Es esta una respuesta mecánica y rápida. Muestra represión en las tonalidades de respuesta, es redundante en las mismas. Se molesta y alza el tono de voz cuando no encuentra qué responder a la pregunta que le están realizando. En su tono hay una evaluación negativa y desafía la autoridad. Comentario: redunda, dando una respuesta tautológica. De su relato se desprende una negativa temporal-espacial referida al día del homicidio. Es evasivo y cambiante en las respuestas”.
En definitiva, miente.
¿Cómo no lo ven?
El elemento que "rompe los ojos" y que es increíble que la Justicia no tome en cuenta, son las cuantiosas llamadas telefónicas que se produce entre la hora del asesinato de Plef y la llegada de la policía al domicilio de los Panizza.
Plef es asesinado a las 14:41 horas; Alejandro Panizza se comunica con su hermano Pablo Panizza (un oficial de la Armada que vive en Malvín), desde las 14:42 (un minuto después del asesinato) hasta las 20:35, realizando un total de 17 llamadas, algunas con diferencia de segundos. Pero hay un dato fundamental que surge de la investigación policial. El seguimiento del celular de los Panizza ubica a Alejandro fuera de su domicilio a las 19:44, llamando a Pablo en la calle Michigan 1667 y Rivera.
En esa dirección mora alguien perteneciente a la Armada, pero si el contacto fue en la vereda, ese punto está a dos cuadras de la vivienda de Pablo Panizza, en la calle Rímac y Rivera.
En la casa de Alejandro, quedó una canana de cuero vacía, junto al lugar donde se cuelgan las llaves del domicilio.
Posiblemente el arma homicida “viajó” de Punta Gorda a Malvín.
El seguimiento de las llamadas con lujo de detalles omite un elemento fundamental: no se conoce el contenido de las mismas y es poco creíble que, ya estando en funcionamiento El Guardián estrenado en la administración Bonomi, no se pidieran los mismos.
Demasiados importantes detalles pasados por alto salvaguardando el honor de vecinos de Punta Gorda.
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El pueblo ve
Este 16 de febrero los muros se volverán a pintar con el gato de Plef, Larbanois & Carrero entonará la canción que compusieron en su homenaje, una estación que lleva su nombre estará alerta ante un posible movimiento sísmico, el grupo de hip hop Magia Negra, al que pertenecía Plef, hará un nuevo recital en su memoria.
Son decenas de acciones que visibilizan lo que tozudamente la Justicia se niega a ver, mientras en Punta Gorda el encubrimiento y la omisión de asistencia escuchan el sonido de las olas que siguen borrando huellas, como las de la arena, barridas por el mar.
Nuestras convicciones
1) El tiempo que transcurrió entre que Plef llega, saca la foto, se sienta y es asesinado, da indicios claros de que lo estaban esperando. Esta circunstancia no investigada a fondo por la Fiscalía no es un hecho menor. No se interroga a los indagados si habían visto la presencia de Plef la jornada anterior, cuando es imposible que no lo vieran estando todo el tiempo atentos a los movimientos en la casa abandonada; si discutió con alguien, si desoyó las advertencias de que no volviera, si a alguien le expresó la hora en que volvería a fotografiar su pintada. Hasta el día de hoy, varios vecinos recriminan la actitud del joven por ir a pintar el muro de la casa abandonada, uno de ellos que sí lo vio haciendo la pintada, vecino que vive lindero al muro y custodio por herencia de la casa abandonada, de nombre Miguel Ángel López.
2) Tampoco fue investigada la relación entre la familia Panizza y Luis Sarazola, que asistía asiduamente al lugar porque pretendía tomar posesión del inmueble abandonado donde se hizo la pintada y tenía un importante enfrentamiento con López. Sarazola (exmilitar y habitué al polígono de tiro) en la policía declaró que estaba convencido de que el tiro era para él, elemento que quedó descartado por que la casa de López se ubica del otro lado de la casa de Panizza, salvo que existiera una confabulación entre los Panizza y López para eliminar a Sarazola, pero Sarazola es un hombre de 65 años, imposible de confundir con Plef.
Sarazola, en el despacho del diputado Gerardo Núñez, se jactó de saber quién mató a Plef.
3) No es creíble que Alejandro Panizza y su novia no hubieran encontrado en estado alterado a Ángel Panizza; podría haber sido un excelente simulador y, a pesar de su notorio carácter conflictivo, según los vecinos del barrio, fuera poseedor de una frialdad capaz de disparar contra alguien y que no se le mueva un músculo; o, en el otro extremo de la hipótesis, Ángel Panizza no tuviera más responsabilidad que llevarse a la tumba la verdad de lo visto como testigo.
4) La endeble y casi infantil argumentación de escudarse en la poca memoria a causa de la ingesta de alcohol ha sido, a lo largo de los procesos penales, la justificación para no admitir responsabilidades, aun en el caso de delitos sexuales. Estrategia que ofende la inteligencia de cualquier operador policial o judicial. Las notorias contradicciones entre los declarantes y sus propias declaraciones, las pruebas exhibidas que comprueban hechos y actitudes no mencionados, son un elemento contundente más de que algo se sabe, o se hizo.
5) El encubrimiento rompe los ojos, y si hay algún elemento de peso para no tomarlo como condición suficiente, desde los involucrados hasta el Estado deberían hacerse responsables de una persona muerta en la vía pública, a vista de todos y en un barrio como Punta Gorda. El cuerpo de Plef no estaba oculto en un monte, enterrado en la arena o sumergido en una zanja. Estuvo cinco horas a la vista de todos quienes hubieran querido verlo.
6) El arma homicida seguramente fue quitada de la escena durante el tiempo en que A.P.M. salió con rumbo a Malvín, más específicamente la zona donde cruza el arroyo. En las zonas indicadas donde el vehículo se detuvo, casualmente, además de contenedores de basura, vive un funcionario de la Armada Nacional, organismo al que pertenece el hermano. También es probable que se despojaran del arma en el lapso del tardío allanamiento, pero es poco probable, salvo que manejaran información interna, de cuánto demoraría en producirse.