En ese contexto, los maestros que iban a trabajar al interior no conocían la vida de los departamentos y no estaban preparados para una realidad muy diferente a la de la ciudad.
“Por este motivo, se toma conciencia de esa situación y se produce un cambio muy importante, porque los profesores, los alumnos y la misma dirección del instituto resuelven que se debe cambiar el plan de formación de maestros. Esta fue una profunda transformación en la educación, porque se pasó a contemplar la realidad de todos los lugares del interior del país que hasta entonces no se tomaba en cuenta", explicó.
Y se fue más allá todavía, porque al mismo tiempo, se produjo un giro en la forma de ver la educación, que hasta entonces tenía una concepción muy europea ya que los autores y los libros tenían esa visión.
“A partir de ese cambio, el magisterio pasa a contemplar más la realidad de Latinoamérica y de Uruguay en particular”, con textos de maestros destacados como Julio Castro, que además de ser docente, era un periodista y un hombre de campo que conocía las dos realidades”, comentó.
No es casual que la primera misión fuese en Tacuarembó, un departamento al que Castro conocía especialmente y se constituyó en “un guía y una orientación muy importante para los alumnos”.
La directora de aquella época, la destacada docente María Orticochea, definió que en esa primera misión, además de los alumnos, vayan también algunos profesores. “Fueron una mujer y dos hombres, y uno de ellos, fue Julio Castro”.
A partir de esta nueva mirada, cuando se establece el nuevo plan de estudios, en 1955 “se define otra pedagogía, otras bibliografías y otros objetivos”.
El éxito alcanzado fue tan importante que, entre el 1945 y el 1950, se hicieron diez misiones “no solamente de Montevideo al interior, sino también desde las capitales de los departamentos hacia su propio territorio. Y así, se fueron creando centros de misiones en todos los institutos del interior”.
En el Uruguay las misiones no se llamaron misiones pedagógicas, sino sociopedagógicas. Porque desde el principio, sus creadores se dieron cuenta de que el problema era social, más que educativo.
"En 2012, hicimos una investigación para la ANEP con Gabriela Scagliola (antropóloga española), que tiene como 600 páginas, y allí se resumieron las misiones del 40 y del 50. Entre los testimonios recogidos, se cuenta que cuando los alumnos y docentes llegaban a los lugares más remotos con teatro y títeres, los niños respondían que lo que más les había gustado de la jornada, era la polenta que comieron”.
“La realidad de esos gurises era muy dura. Como decía Julio Castro, en un rancho vivían 6, 7, 8 personas. El hombre, generalmente se la pasaba trabajando de tropero, arreando ganado de Durazno hasta Rivera y en esa vida trashumante a veces no regresaba a su hogar y las familias se quedaban solas. Era otro concepto cultural al que se conocía en Montevideo”, explicó.
“No podemos evaluar la transformación que representaron esas misiones para la educación, analizándolas desde la mirada actual. Sin embargo, su valor queda claro si consideramos que siguieron existiendo durante tantos años y se fueron adaptando a las distintas épocas y realidades. Hubo un periodo en que se suspendieron con la dictadura, obviamente, porque los fines sociales no estaban en ese momento como prioridad, pero después se retomaron en 2013, y siempre, año tras año, se fueron actualizando”, añadió.
Por último, la profesora Hernández Fortunato destacó la importancia de recordar estos 80 años de labor de las misiones y hacer un homenaje a sus protagonistas por el valor que tiene su obra en la educación uruguaya.
“Estamos organizando, con el Ministerio de Educación, con la ANEP y los sindicatos, distintas actividades centrales, más allá de que cada instituto del interior está haciendo lo suyo. Los actos centrales se realizarán en el mes de julio en Tacuarembó y otros departamentos del interior. En la página del Ministerio está toda la información. También estamos pidiéndole a la gente que participó de alguna manera, como alumnos o docentes, que escriban sobre contando su experiencia, porque lo más importante es que las nuevas generaciones conozcan este acontecimiento tan trascendente de la educación Uruguay”, concluyó.