Hace algunos días el presidente norteamericano Donald Trump tomó otra de esas decisiones que dejan cavilando a los especialistas en política internacional. Con un tuit, el arma más eficaz de su administración, decretó la retirada de las fuerzas norteamericanas de Siria.
Hacete socio para acceder a este contenido
Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.
ASOCIARMECaras y Caretas Diario
En tu email todos los días
«Hemos derrocado al ISIS en Siria, mi única razón para estar ahí durante la presidencia de Trump».
De esta forma retirará a los más de 2.000 soldados que se encontraban apostados allí, claramente con dos misiones, derrotar al Califato y apoyar a los rebeldes que luchaban contra Bashar Al Assad. Pero la geopolítica es caprichosa y nunca se sabe hasta dónde puede llegar el aleteo de una mariposa que nosotros mismos fecundamos. Claramente la primera misión -derrocar al ISIS- se desprende de la segunda, de un error de cálculo, de una historia que no se cansa de repetirse. Aunque esta nueva administración se canse de decirnos que su plan era derrocar al ISIS por una especie de misión santificada de paz mundial, la génesis de este conflicto desnuda partes de la verdadera trama. Estados Unidos posó sus ojos en Siria y Al Assad era claramente su objetivo y el Daesh es un resultado no deseado (o sí), un monstruo del que deberían hacerse cargo, pues fueron ellos los que le dieron vida.
La secretaria de Prensa de Trump, Sarah Sanders, declaró tras el tuit de su jefe: “Hace cinco años, el ISIS era una fuerza peligrosa y poderosa en Oriente Próximo, y ahora EEUU ha derrotado su califato territorial”, empieza la nota de prensa. “Hemos empezado a devolver a casa tropas estadounidenses, al tiempo que transitamos hacia la próxima fase de esta campaña”. Esta administración simplifica todo para que parezca que la misión ha sido cumplida y los muchachos deben volver a casa. Actualmente al Califato solo le queda poco más de un 1% del territorio que supo ostentar y mantener allá por 2014. Pero si hay algo complejo es el tema de Siria, y Occidente le debe mucho más que un mea culpa hacia un pueblo que ha sido desangrado una y otra vez por sucesivos poderes y mezquinos intereses. Hagamos un poco de historia.
Siria, un ejemplo del imperialismo
Siria es uno de los ejemplos más acabados de imperialismo, promesas incumplidas, guerras estratégicas y obviamente una población inocente de por medio. Desde la antigüedad, Siria fue un sitio esencialmente estratégico, el lugar de contacto entre Oriente y Occidente en el Mediterráneo. Los fenicios fueron la civilización que vivía en aquella región (representada por los actuales Líbano, Israel, Palestina y Siria) que representaban los puertos comerciales por antonomasia de la antigüedad. Las dos realidades conforman esta región, el Mediterráneo y sus contactos y el desierto. Esa zona justamente cobró total visibilidad después de la segunda revolución industrial en la que el petróleo se convirtió en el factor clave. Esa zona posee 1/3 del petróleo mundial y una parte importante de gas natural. Más allá que Siria en particular no posee grandes yacimientos de petróleo (sí los posee de gas), es un sitio estratégico fundamental para comprender los sucesos.
Este territorio le perteneció al imperio Turco-Otomano hasta el fin de la Primera Guerra Mundial, y de allí en adelante fue bautizada con el nombre de Siria. Tras el fin de la Gran Guerra, Inglaterra y Francia, potencias vencedoras, habían prometido un Estado panárabe para la región. Pero finalmente comenzaron a desmembrar ese megaestado en pequeños estados con influencia de uno o del otro. Aquellos tratados fueron bautizados como Sikes Picot (1925) y tomados como una traición por una parte de la población. Siria quedó finalmente bajo la influencia de Francia. Esa influencia cae tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y se inicia un período de inestabilidad hasta el acercamiento de Siria y Egipto y naturalmente a la URSS en 1958. Pero en 1970 llega al poder un representante del partido Baaz tras un golpe de Estado, un partido socialista panárabe liderado por Hafez Al Assad.
En el año 2000, tras la muerte del padre, quien lo sucede es su hijo Bashar Al Assad, quien llamó a un referéndum para ratificar su mandato que consiguió un 99% de los votos (saquen sus propias conclusiones).
La política de Assad constó de dos grandes momentos según los especialistas. Comenzó con una importante apertura (inclusive aceptando oposición) y una segunda, marcada por la lucha, de directa confrontación. Las luchas en Siria están permeadas por la religión, pero fogoneadas por otros intereses foráneos menos providenciales. Pensemos que el 70% de los musulmanes son sunnitas, mientras que un 13% son chiítas y los que gobiernan, más allá de su laicismo, son chiítas. La primera confrontación para Al Assad fueron los denominados Hermanos Musulmanes, grupo que fue creciendo al influjo de Estados Unidos, tanto que durante la presidencia de George W. Bush se coloca a Siria en la lista del Eje del Mal.
Esta situación se agrava en 2011, cuando se inicia la autoproclamada Primavera Árabe. Tras el suicidio de un vendedor ambulante en Túnez de forma espectacular (prendiéndose fuego en público al estilo bonzo), la que se prendió fuego fue la región. Uno tras otro fueron cayendo los gobiernos, claramente autocráticos, pero supuestamente inofensivos hasta ese momento. Pensemos en Libia y Gadafi, aliado por muchos momentos y enemigo de la noche a la mañana.
El efecto en Siria de la primavera fue una guerra civil de proporciones. Cinco bandos aparecieron de repente y el país literalmente se partió en muchos trozos. Bashar Al Assad en su condición de presidente, apoyado por China, Irán y Rusia. Pensemos que Rusia tiene fuertes intereses en el país, inclusive posee una base militar en Tartús. Por otro lado, los denominados rebeldes, sunnitas islamistas apoyados por Francia, Arabia, Qatar y nada menos que Estados Unidos. El Al Nusra, brazo armado en la región de Al Qaeda y obviamente el ISIS o Estado Islámico. Estos últimos fueron quienes declararon el Califato en Siria e Irak (tras invadirlo). Pero, ¿dónde y cómo surgió el EI?
El ISIS surgió mucho antes y fue una consecuencia no deseada del apoyo de Estados Unidos a los rebeldes sirios, claramente para sacar a Al Assad del poder. La operación de la CIA fue denunciada por el Washington Post y por el New York Times y llevaba como nombre Tymber Sycamore. La inteligencia norteamericana apoyó con dinero, formación, logística y armas a un grupo de soldados que habían desertado del ejército de Al Assad. Así nació el Daesh que luego invadió Irak y declaró el Califato. De esta forma el tuit de Trump no solo no se comprende, sino que carece de bases sólidas. Los principales referentes del partido republicano han criticado la decisión del presidente a viva voz. Marco Rubio, uno de los halcones republicanos, tuiteó que este es un “terrible error”. Los republicanos critican al presidente dejar la zona en manos de Rusia e Irán y dejar sin ayuda a las milicias kurdas (quinto contendiente en la región). Pero detrás de estos hechos hay muchas cosas que no llegan a nuestro conocimiento: intereses, planes y negocios. Muchas veces solo vemos las sombras que se reflejan en la pared, mientras aplaudimos la caverna.
¿Seguirá quizás siendo Siria uno de los cuatro países del mundo sin embajada de Estados Unidos?