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2020: el año de China (y de Oriente)

Por Daniel Barrios.

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Muchas Casandras, desde sus respectivos oráculos, auguraron que 2020 sería para China una suerte de Troya en el que la pandemia, el agravarse en amplitud e intensidad de la guerra fría con Estados Unidos, la crisis social e institucional de Hong Kong, los problemas irresueltos con la minoría uigur de la Región Autónoma de Sinkinag, serían el gran caballo de madera que finalmente derribaría la ciudad fortificada (Beijing) del mítico rey Príamo (Xi Jinping).

Sin embargo, el año apenas culminado fue para la República Popular un hito decisivo en su trayectoria ascendente e ininterrumpida que, en solo cuatro décadas, le devolvieron, con intereses, el esplendor, la riqueza y la influencia política y cultural que la convirtieron en una superpotencia global bajo el reinado de los Ming, la penúltima dinastía imperial del país.

Debía ser el año que el virus chino (Trump dixit) haría crujir su sistema sanitario y la seguridad social con efectos devastantes para la salud y bienestar de su población. En cambio, el gigante asiático fue el único país que derrotó a la covid-19. 2020 comenzó con el confinamiento obligado de cientos de millones y terminó con la pandemia completamente controlada, un total de 87.000 contagios y menos de 5.000 muertos, mientras Estados Unidos cierra el año con 20 millones de contaminados y 360.000 fallecimientos.

Una demostración  emblemática de las diferencias abismales entre Oriente y Occidente en el combate del coronavirus ha sido la decisión del Foro Económico Mundial de trasladar su próxima reunión anual de su sede de la estación de esquí de Davos en Suiza a Singapur.

«Después de una cuidadosa consideración, y a la luz de la situación actual con respecto a los casos de covid-19, se decidió que Singapur estaba en la mejor posición para realizar el foro”, afirmó Klaus Schwab, el fundador y presidente ejecutivo del foro, que todos los años reúne a líderes políticos, económicos y de la sociedad civil de todo el mundo.

Singapur ha sido uno de los modelos más eficientes y desde el inicio de la crisis sanitaria registró solamente 29 muertos sobre un total de 6 millones de habitantes. La ciudad-Estado no es la excepción en esa parte del mundo. Japón, Taiwán y Corea del Sur registran una mortalidad que va de 1 a 3 decesos cada 100.000 habitantes, en media, 100 veces menos que países como Italia.

La emergencia sanitaria obligó el cierre de cientos de miles de fábricas y prácticamente paralizó su producción y su comercio exterior. Debía ser el año de una estrepitosa caída de la economía china y daños irreparables para su tejido económico y cadenas de producción.

Sin embargo, China será la única economía importante que culmina el año con una tasa de crecimiento positiva en el contexto de la más grande crisis económica de la historia reciente. Según los datos del Fondo Monetario Internacional, China crecerá 1,9% en 2020, mientras el Producto Interno Bruto de EEUU caerá  4,3%, Alemania 6%, Francia 9,8% e Italia 10,6%. Como ocurrió en la gran crisis financiera de 2008, el modelo chino alcanza una victoria estratégica frente a las principales economías occidentales y otra vez sobre sus hombros recae el peso de una parte fundamental de la recuperación de las economías del resto del mundo.

A pesar de ser el primer país afectado por el virus, el éxito envidiable alcanzado en el control de la enfermedad a través de una reacción inmediata y extremadamente estricta -que le permitió evitar la repetición de confinamientos económicamente paralizantes como sucedió en muchos otros países- haría posible un crecimiento promedio anual de 5,7% entre 2021 y 2025. Según el informe anual del Centro de Investigación Económica y de Negocios publicado el 26 de diciembre, de confirmarse, China será la mayor economía del mundo en 2028, cinco años antes de lo previsto anteriormente. Por primera vez en la historia moderna será un país en desarrollo y de Oriente la principal potencia económica del planeta.

“La pandemia de covid-19 y la correspondiente caída de la economía han inclinado la rivalidad entre Washington y Beijing a favor de China. Gracias a una rigurosa y tempestiva respuesta, el Estado logró evitar la reintroducción de las medidas más duras de lucha contra la pandemia después de la primera ola y, a diferencia de la mayoría de las economías avanzadas, ha evitado una recesión en 2020”, dice el documento del prestigioso centro de estudios británico.

Y no solo China. El “efecto covid” se extiende al resto de Asia, particularmente a los países del extremo Oriente y el sudeste asiático, los más estrechamente vinculados con la economía del “Imperio del Medio”.

Lejos de frenarla, la pandemia ha acelerado la marcha que nos conduce al “siglo asiático”. Antes de finales de esta década, 3 de las 5 economías más grandes del mundo serán asiáticas. China, seguida por Estados Unidos, Japón e India, que -a pesar de los problemas que dificultan su desarrollo- desplazará a Alemania al quinto lugar. El mundo pospandemia será cada vez más oriental y hablará cada vez más mandarín.

Debía ser el año de la reelección de Trump y con ella el triunfo del proteccionismo, el unilateralismo, el ultranacionalismo en contraposición con la globalización, el libre comercio y la cooperación internacional liderados por Beijing.

En cambio, 2020 será recordado por la derrota electoral de su acérrimo enemigo y por la firma de la Asociación Económica Integral Regional de 13 países asiáticos (China, Japón, Corea del Sur y los 10 miembros de la Asociación de Naciones del Sureste Asiático), Australia y Nueva Zelanda; el mayor tratado de libre comercio de la historia -casi un tercio de la población y la producción económica mundial- y que sanciona definitivamente la rotación del centro de gravedad de la economía planetaria de Occidente a Oriente y corona a la República Popular y a su presidente, Xi Jinping, como el gran paladín de la integración del siglo XXI.

Para Estados Unidos debería haber sido el año del comienzo de la recomposición de sus alianzas internacionales con el supremo y excluyente objetivo de aislar a China. Durante meses, tanto Trump como Biden concentraron sus esfuerzos electorales para acreditarse como el mejor candidato anti-China y prometieron impostar su política exterior para deslegitimar su protagonismo global.

Todo lo contrario. El penúltimo día del año le tenía reservado el enésimo revés a la diplomacia estadounidense.

Luego de casi 7 años de negociaciones, la Unión Europea y China firmaron el tan esperado Acuerdo de Inversiones que mejorará sustancialmente el acceso de inversores europeos al mercado chino y el de las empresas asiáticas al viejo continente.

La Entente Cordiale sinoeuropea fue alcanzada en una cumbre extraordinaria por videoconferencia que reunió a los presidentes de la Comisión y el Consejo Europeo, Ursula Von der Leyen y Charles Michel, con Xi Jinping, a la que se sumó la canciller alemana, Angela Merkel, presidente de turno y principal impulsora del tratado.

Para las autoridades europeas, el acuerdo “es el más ambicioso” que se ha podido negociar hasta ahora con China y “reequilibra las relaciones comerciales y en cuestiones de inversiones. Incluye provisiones importantes en lo relativo al desarrollo sostenible, clima, medioambiente y estándares laborales”.

China es uno de los mayores socios comerciales de la Unión. Según Eurostat, la UE exportó en 2019 bienes por valor de 198.000 millones de euros al país. En total, el flujo comercial entre ambos supera los 500.000 millones de euros.

“Este acuerdo defenderá nuestros intereses y promoverá nuestros valores fundamentales”, dijo la presidenta de la Comisión Europea, y agregó que el bloque colaborará con China “para proteger nuestro clima bajo el Acuerdo de París y promover el multilateralismo basado en reglas”.

De su lado, Xi declaró a la agencia de noticias Xinhua que el acuerdo proporcionará a inversores chinos y de la UE “un mayor acceso al mercado, elevados estándares en materia de ambiente de negocios, fuertes garantías institucionales y brillantes perspectivas para la cooperación”.

Estados Unidos intentó hasta último momento boicotear el tratado. Un día antes de Navidad y ante la inminencia de su firma, Jake Sullivan, quien ocupará el estratégico cargo de asesor de Seguridad Nacional en la futura administración, hizo saber a los socios europeos que la administración Biden-Harris agradecería ser consultada previamente a la firma del acuerdo «sobre los posibles recelos compartidos sobre las prácticas económicas de China”.

A menos de tres semanas de su asunción, Biden sufre su primera derrota en política exterior y, lo que la hace más grave, a manos de sus aliados europeos. Para el presidente chino se trata de una de las victorias más trascendentes de un por demás triunfal 2020.

Para Washington este año debía ser el fin de una época y, para conseguirlo, apostó todas sus fichas de política exterior. Para el calendario lunar chino, 2020 era el 4719, el año de la rata. Según cuenta la leyenda, la rata, gracias a su inteligencia y astucia, fue la primera de las doce especies en completar la carrera convocada por el emperador de Jade y por ello se convirtió en el primer guardia de la Puerta Celestial, que inició una nueva era que, según el horóscopo chino, se mantendrá durante los próximos 60 años. El zodíaco que anuncia una nueva era pudo más que la política que propugnaba su fin. Es la astrología, estúpido.

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