Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Editorial

Canalladas

Por Enrique Ortega Salinas.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Es increíble cómo la derecha está desarrollando una estrategia de demolición comunicacional y el Frente Amplio no reacciona, no despierta, no contraataca; parece dormido, ingenuo, tibio, entregado. La derecha está con todas las pilas puestas y su estrategia tiene el sello de la versión más inmoral de Durán Barba. La calumnia es un arma poderosa que causa daños irreparables, y ellos lo saben.

Ahora que no estás…

Tras la muerte de Daniel Viglietti (24 de octubre de 2017), cuando ya no podía defenderse, lo acusaron del más infame de los delitos. Cuando un hombre es acusado de un delito sexual, culpable o inocente, queda manchado para siempre, porque el delito es tan abominable que la gente necesita un culpable sobre el cual descargar su indignación. Lo peor de todo es que no podemos defenderlo porque no tenemos pruebas de su inocencia; pero tampoco condenarlo porque no tenemos pruebas de su culpabilidad con respecto al delito supuestamente cometido en 1967.

Cuando una persona denuncia que fue víctima de abuso sexual, cualquiera sea su sexo, edad o circunstancia, tenemos que apoyarle, abrazarle, darle confianza y contención, pero sin caer tampoco en la simpleza de condenar sin pruebas al acusado. Nuestro sistema jurídico establece que toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario, a la vez que se asegura a todos los ciudadanos el derecho a defenderse. Ese derecho, Daniel lo perdió en 2017.

A menos que se demuestre de manera indiscutible que realmente cometió tal atrocidad, Daniel fue, es y deberá seguir siendo uno de los íconos de nuestra lucha.

El hecho fue que el periodista Nelson Díaz largó la acusación por Facebook y luego en el programa Séptimo día, de Canal 12, tildándolo de violador de menores e hijo de puta. Cuando se le preguntó por qué no se había denunciado esto antes, mientras Viglietti vivía, Nelson Díaz dijo que no era fácil, que cuando ocurrieron los hechos él tenía 10 años. Sin embargo, durante la dictadura, los militares hubieran pagado oro puro para tener con qué carbonizar al popular cantante, y lo mismo hubiera pasado bajo los regímenes colorados y blancos posteriores.

Cuando uno escarba, solo encuentra rumores, incluso de una sobrina que ni siquiera había nacido en 1967. Ella, Lucía Viglietti Forner, llegó a decir que la esposa de Daniel lo dejó por aquel hecho; pero la aludida lo negó rotundamente.

Mil veces he expresado mi aborrecimiento por los violadores; pero hasta aquí, nadie ha presentado nada creíble que nos haga cambiar nuestra imagen de Viglietti. La víctima no aparece, no se sabe quién fue. Por otra parte, la hermana de Daniel, Silvia, también desmintió las acusaciones. No tengo con qué negar que algo así sucediera; pero no voy a sumarme a la turba linchadora liderada por un repetidor de rumores que parece querer emular con su estilo al argentino Luis Ventura.

 

Obscenidades

Lo obsceno de estas últimas semanas ha sido el silencio de velorio del presidente Luis Lacalle y casi toda la derecha ante el fracaso de Aratirí en su intento de sacarle a Uruguay nada menos que 3.356 millones de dólares. Noticia amarga para Isaac Alfie, que elaboró un informe lapidario y viajó a Estados Unidos para declarar contra su propio país. Este personaje nefasto, que hundió a Uruguay como ministro de Economía de Jorge Batlle, ahora es director de la poderosa OPP. Si tuviera un mínimo de dignidad, devolvería a los empresarios las treinta monedas.

Obscena es la manera en que reparte el dinero del Estado entre sus amigos con asesorías externas que nadie comprende, habiendo tantos técnicos en la plantilla oficial. Obscenos son los ajustes a los trabajadores de la Seguridad Social y el Inisa. Obsceno es que Ynés Monzillo, diputada y candidata a la Intendencia de Canelones por Cabildo Abierto, integre la empresa Marco Postal, que obtuvo un contrato con OSE para distribución de documentación.

Grille y el torturador

A mediados de Julio, el periodista Sergio Israel acusó a Alberto Grille, desde las páginas del semanario Búsqueda, de haber confraternizado con el torturador recientemente procesado Jorge Guldenzoph, durante una recepción organizada por una organización judía, sin solidarizarse con María Urruzola, la cual se habría ido porque “no bebía con hijos de puta”.

No voy a defender a Grille porque él sabe hacerlo solo; pero quienes le conocemos sabemos perfectamente que de haber tenido la oportunidad de cruzarse con el Charleta, no hubiera perdido la oportunidad de dedicarle una hermosa puteada. De todas maneras, les recomiendo leer la nota “En el semanario Búsqueda hay olor a azufre”, en la que el director de Caras y Caretas  pone las cosas en su lugar. De la misma, me limito a extraer estos párrafos: “Entre otros lugares, muchísimo peores, estuve con la cabeza en el tacho, en un sótano hediondo, entre el orín y la mierda y bebiendo sangre que surgía de una dentadura rota a piñazos, llorando de dolor y de miedo y escuchando a muchachos y muchachas resistir con el corazón abierto y la boca cerrada”. “Semejante horror lo viví como tantos otros compañeros con los cuales compartimos esos momentos terribles. Obviamente Israel no escribe sobre el horror que vivimos todos en los sótanos de los servicios de inteligencia, pero eso no importa a los que pagan el sueldo al periodista ni a Sergio, que factura por ensuciarme”.

Villar y el acosador

La tarea de enlodar a Álvaro Villar le tocó a Santo y Seña, que pretendió mostrarlo como encubridor de un acosador sexual. Lo extraño es que Nacho Álvarez pretenda erigirse como defensor de las féminas acosadas cuando él no tiene el más mínimo respeto por ellas.

No olvidemos cuando con Gustavo Escanlar calumniaron de la manera más sucia a China Zorrilla y Sonia Breccia desde radio Sarandí y Canal 10. Fueron tan burdas, rastreras y ordinarias las expresiones contra ambas, que me choca reiterarlas aquí; pero sí quiero recordar que tras tildar de “alcahueta” a la periodista Alejandra Casablanca (por testificar a favor de Sonia) y decir que Fasano les hacía un juicio porque ellos criticaban al Frente Amplio, la respuesta que recibió fue: «No mienta. Sonia Breccia les hizo juicio por ordinarios y porque en medio de su machismo dueño del mundo usted pensó que podía decir cualquier cosa».

Para evitar ser procesados, Álvarez y Escanlar tuvieron que retractarse en la sede judicial y públicamente, confesando que sus dichos eran “falsos e inexactos”. Corría el año 2004; pero aquel hecho no impidió que Álvarez continuara su carrera, muchas veces con investigaciones elogiables; pero en muchas otras ocasiones practicando como nadie el amarillismo, dañando a personas y familias sin el menor pudor, todo con tal de ganar algunos puntos de rating, al mejor estilo del peor periodismo argentino.

En 2016 se viralizó un video en que Ignacio Álvarez insultaba a otra persona mientras esta le hacía sexo oral. Lo aberrante no era que tuviera sexo, sino la manera en que trataba a una mujer, como si fuera una cosa a la que se puede bastardear a gusto, humillándola con las palabras más ordinarias que podamos imaginar.

Este sujeto es el que dedicó su programa a una doctora que denunció haber sido víctima de acoso sexual en el Hospital Maciel, dirigido por Álvaro Villar, quien habría omitido actuar ante sus denuncias. Afortunadamente, Villar sí está vivo y pudo darnos la otra versión, la cual está debidamente documentada.

El candidato frenteamplista ha indicado: “Ni la Jefatura de Emergencia del Hospital Maciel ni la Dirección del Hospital Maciel recibieron una denuncia por parte de la Dra. M.C. que diera cuenta de la presunta comisión de una conducta de acoso sexual por parte de un cirujano hacia ella. Si se hubiera recibido una denuncia de esa naturaleza, se habría actuado conforme a derecho y a los procedimientos de estilo, adoptándose de inmediato las medidas cautelares correspondientes para salvaguardar la integridad física y emocional de la denunciante. Pero no fue el caso”.

La Dra. M.C. había presentado una denuncia policial por malos tratos y violencia de género contra el cirujano M.G., pero la jueza de Turno (también mujer) archivó la causa por no encontrar mérito contra el denunciado y entendiendo que todo se debía a un mal relacionamiento entre los profesionales, disponiendo que “resuelvan denunciante y denunciado sus problemas personales”.

La Dirección del hospital resolvió someter a ambas partes a una evaluación en la Unidad de Control y Evaluación del Funcionario (UCEF) para analizar el problema entre los colegas, problemas que venían de mucho tiempo atrás y afectaban el servicio. La UCEF determinó que existía “disfuncionalidad y hostilidad del vínculo interpersonal”, sugiriendo apoyo psiquiátrico.

En ninguna de las entrevistas con las profesionales de la Comisión de Evaluación del Funcionario (integrada por tres mujeres: dos psicólogas y una psiquiatra), la Dra. M.C. mencionó algo vinculado al acoso sexual.

Los supuestos malos tratos fueron negados por diversos testigos. Ni de la investigación administrativa ni de la judicial, surgen elementos contra la conducta del denunciado. Lo que sí logró constatarse con el sumario correspondiente fue la mala relación que la denunciante tenía no solo con ese colega, sino con “la gran mayoría del personal de Emergencia (médico y no médico)”. En marzo de 2016, la Jefatura de Emergencia informó que la Dra. M.C. había abandonado su guardia de Cirugía y que, con frecuencia, incurría en comportamientos disruptivos, generando “conflictos entre ella y un médico de la Unidad de Emergencia Móvil (SEMM); múltiples conflictos con el equipo de medicina; peleas con los anestesistas de guardia; problemas con el personal de block quirúrgico; que ante las licencias del Dr. M.G. se hace difícil cubrir la guardia por el mal relacionamiento (de la Dra. M.C.) con sus colegas; destrato al personal de enfermería y atención a usuarios”.

Otro informe (esta vez del Pleno de la Jefatura de Emergencia), al referirse a la doctora M.C., cuestionó su idoneidad técnica y señaló continuos conflictos con todo el personal de salud, no solo de su área, sino de todo el hospital; reiterados incumplimientos en el régimen horario, inasistencias, abandono de guardia y mal relacionamiento con sus colegas de cirugía, medicina, intensivistas, anestesistas, colegas de móviles de emergencia y residentes e internos, quienes se negaban a subir al block por el maltrato que la Dra. M.C. habitualmente les dispensaba.

Por todo esto se dispuso la separación temporal del cargo de la doctora; pero su reintegro se hizo difícil, ya que la Dirección Jurídica de ASSE dispuso que se evitara que los doctores M.C. y M.G. trabajaran juntos. La Dirección buscó una alternativa para su reintegro; pero surgió otro obstáculo: todos los cirujanos se negaron a trabajar con ella. Ante esta situación, la Dirección del hospital le propuso a la Dra. M.C. varias alternativas, respetando su cargo, horario y remuneración, pero todas las opciones fueron rechazadas por aquella, por lo que, finalmente, fue derivada al Hospital Español.

De lo que antecede queda claro que Álvaro Villar actuó con absoluta corrección, dando a la doctora utilizada por Nacho Álvarez todas las garantías.

La coalición multicolor está desesperada porque Laura Raffo, hoy por hoy, no tiene la más mínima posibilidad de ganar la Intendencia de Montevideo. Este burdo y rastrero ataque al candidato frenteamplista deja al descubierto dicha desesperación.

Solo les queda el recurso de las canalladas.