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Columna destacada | Milei | casta | política

Dietas, nepotismo y tweets

Las contramarchas de Milei

El actual presidente Milei inició su inserción a la “casta” política dos años antes, cuando asumió como diputado.

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En ese entonces sorteaba su dieta mes a mes a ciudadanos de a pie que se postulaban para recibirla. En campaña electoral sostenía que, en beneficio de los argentinos, perjudicaría a la casta con el rigor del ajuste. Sin conocérsele actividad laboral –al menos hasta la puesta en venta de las candidaturas a cargos electivos en su partido– que justificara tal caridad, abandonó el gesto junto con la banca para asumir en el Poder Ejecutivo, decidiendo (con derecho) apropiarse de su salario con el argumento de que se trata de su único ingreso pecuniario. ¿Y antes? Algunos síntomas de que la casta no resultaría necesariamente castigada en sus privilegios comenzaron a ver la luz en febrero. Por caso, el presidente de la Cámara de Diputados, sobrino del expresidente Menem, designó a su propio sobrino de 23 años, y ninguna experiencia de gestión, como director general en la secretaría privada de la presidencia de la Cámara con un salario casi equivalente al de un diputado. Otra joven de la misma edad, igualmente inexperta y con salario superior aún, fue nombrada por Milei directora del Registro Nacional de las Personas (Renaper), organismo encargado de la identificación de los habitantes del país y de la emisión del documento nacional de identidad (DNI) y el pasaporte, algo particularmente sensible en ambas orillas del Río de la Plata. Designaciones éstas que a simple vista coliden con la declamada austeridad y severidad hacia los cargos políticos y particularmente con la sucinta respuesta de Milei a toda demanda de recursos como que “no hay plata”.

Profundizando esta contradicción surgió el aumento del 30 % que el mismo Menem y la vicepresidenta de la República, Villarruel, quien ejerce la presidencia del Senado, se otorgaron para sí y sus respectivas Cámaras. Ambos obviamente integran el partido de Milei, “La Libertad Avanza” (LLA). El primero lo justificó por la particularidad de que el Poder Legislativo carece de antigüedad, aguinaldo o reconocimiento de título a diferencia de los empleados parlamentarios de carrera y de otras dependencias estatales, además de sostener falsamente que se encuentran enganchados a los resultados de la paritaria de la totalidad de los empleados del parlamento, cosa que desmiente el solo hecho de que hayan tenido que firmar una resolución para formalizar el incremento, tanto como una nueva resolución para revertirlo a pedido de Milei, cuando la contradicción con sus consignas casticidas tomaban estado público. Por el contrario, el antecedente que en esas funciones encontraron a Massa en Diputados y Fernández de Kirchner como vicepresidenta, fue congelar los aumentos mediante una resolución conjunta y disponer que cualquier incremento debía votarse en el recinto. La noción de casta política y de sus prerrogativas y dispensas, no solo es un instrumento de manipulación comunicacional de uso permanente por el presidente, sino un reflejo de sensibilidad cívica y hartazgo popular de las frustraciones que logra capitalizar. Si la intención hubiera sido otra que la de autobeneficiarse, habrían firmado una resolución desvinculante o al menos derivado el costo político sobre el conjunto de los representantes. Sin embargo, otros aliados, como el grupo de legisladores colaboracionistas de la fracción de experonistas y del Pro, que comanda el excandidato a vicepresidente de Macri, Pichetto, sostienen que retroceder “es un disparate. Porque un ministro tiene que ganar una suma razonable. De lo contrario, el Congreso y los lugares de la administración pública se llenan de aventureros y personajes marginales que no van a ayudar a que el país salga adelante. Entonces, la degradación del sistema público, dinamitar al Estado con salarios pobrísimos y jugar el jueguito ese…”. Con los salarios y dietas actuales, ¿no se llena de aventureros y personajes marginales? Hasta aquí pareciera que el recorte encuentra resistencia en viejos y noveles integrantes de la inveterada casta, como los propios firmantes de LLA responsables del aumento, pero ¿hasta qué capas geológicas de tal casta llega?

Previo al escándalo del Parlamento, el propio Milei firmó un decreto concediendo a todos los cargos políticos del Poder Ejecutivo, incluyendo el suyo, un incremento que rozaría el 50 %. Tan claro resultó, que el decreto 206/2024 del 29 de febrero, omitiendo una sola palabra de dos letras, produjo la antonimia del 90/2024 del 26 de enero que desacoplaba esos salarios de cualquier otro, congelándolos. Ambos incluyen un artículo donde se homologa el acuerdo alcanzado en las paritarias, es decir las negociaciones salariales por sectores, e incluyen las fechas de entrada en vigencia, además de muchas otras similitudes hasta llegar al art. 4° de los dos. El primero afirma que “no se extiende a las retribuciones de las autoridades superiores”, mientras que el último afirma que “se extiende”, generando el aumento. En el último, simplemente omitió la palabra “no”. Las tales autoridades superiores son un grupo de más de un centenar de funcionarios desde el presidente, el vice, los ministros, secretarios y subsecretarios, quienes parece que no advirtieron la diferencia en sus salarios hasta que una militante kirchnerista lo denunció varios días después por Twitter, el medio preferido de Milei, en el que, acusando recibo, salió a dar marcha atrás con una afirmación absurda: culpó de ello a un decreto de la presidenta Fernández de Kirchner del 2011. Es obvio que bastaba que escribiera o firmara junto a su jefe de gabinete y ministra predilecta, al igual que en el de enero, que “no se extiende”. La expresidenta, quien no se ha privado ni se priva actualmente de la apropiación de ofensivos y descarados privilegios de las “altas autoridades” de la función pública, respondió con aguda ironía parafraseando la ópera prima de Woody Allen del año 69: “Admita que firmó, cobró y lo pescaron”. El responsable de allanar la escritura de los decretos presidenciales es el secretario legal y técnico de Presidencia, un cargo previsto como una suerte de corrector de estilo de los decretos, más allá de que nada exime a los firmantes del contenido, pero en una nueva gestualidad monárquica Milei echó al secretario de Trabajo que entiende en las negociaciones paritarias, pero no con la proporcionalidad entre éstas y las autoridades, salvo en el hecho de que lo afectan como jerarca. El presidente, en menos de tres meses, ya echó a once “altas autoridades”, porque son fusibles al servicio de sus permanentes cortocircuitos.

La pregunta por el alcance de las capas de dirigentes involucrados en sus intereses inmediatos y encubrimientos adquiere otra espesura a medida que los episodios van poniendo de relieve tensiones y mecanismos excusatorios, resumidas en dos grandes hipótesis no necesariamente contrapuestas o antagónicas, aunque metodológicamente separables. La primera es si estamos frente a hábiles manipuladores de las expectativas sociales y sus construcciones de sentido, mediante la instauración de la llamada “posverdad”, es decir de una discursividad disociada de todo anclaje empírico, incluyendo hasta la propia experiencia de los receptores. La segunda, contrario a toda destreza, de una banda de politiqueros de indiscutiblemente extrema crueldad, inhumanidad y rencor por la otredad, aunque improvisados e incompetentes, ignorantes todos de las normas que organizan –incluso hasta en su propio beneficio– a la función pública. Debe recordarse en apoyo de esta hipótesis que al ministro del Interior tuvieron que explicarle los periodistas que la vuelta de su ley ómnibus a comisiones volvía el tratamiento a fojas cero. El propio Milei refleja por un lado su dominio de la manipulación mediática cuando, en vez de estudiar el funcionamiento y los resortes del Estado, pasa largas horas métricamente contabilizadas twitteando, retwitteando, realizando memes, dando likes y concediendo entrevistas televisivas solo a sus periodistas acólitos, para luego tropezar con su propia firma y la de sus principales espadas en dirección opuesta a su declamación y permanente provocación twittera.

No puede dudarse que la iniciativa está de su lado, como ante la ofensiva de sustitución del “Salón de las Mujeres” de la Casa de Gobierno (con retratos de 17 mujeres) por un “Salón de los Próceres” (con retratos de hombres) el mismo día de la gran movilización del 8 de marzo, cuya publicidad y fundamento fue encarada por la hermana de Milei en lo que podría ser su primer acto público. Sin embargo, tuvo que aceptar la magnitud desbordante del acto en el que convergimos para continuar la lucha antipatriarcal, retirando el original cordón policial que pretendía restringirla a las veredas. Las calles se poblaron de manifestantes. En lo personal, haciendo caso omiso a mensajes como los que algunas fracciones feministas enviaron censurando la participación de “varones cis”, como si no fuera determinante sumar la mayor proporción de asistentes a todo acto de resistencia o como si el patriarcado no fuera un grave problema de la humanidad y no solo de las fracciones de géneros que padecen más rigurosamente su imperio. La próxima marcha será el 24 de este mes en conmemoración del Nunca Más y por Memoria, Verdad y Justicia. ¿A alguien se le ocurrirá excluir? Una compañera sostenía un cartel del 8M que decía “¡Basta de hambre!”.

Solo nutriendo las calles de gentes movilizadas producirá hambre de “¡Basta!”.

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