Todas las perforaciones y pruebas que se han hecho desde 1940 han fracasado y, ante el nuevo intento, tanto promotores como detractores asumen un porcentaje de éxito bajo. El primer año de gestión del Gobierno de Yamandú Orsi discurrió sobre un mar calmo en el que la continuidad de las opacas acciones impulsadas por Luis Lacalle Pou avanzaron sumergidas intentando no hacer olas en la superficie. Las interrogantes se fueron acumulando hasta que emergió la decisión de habilitar la prospección sísmica con el objetivo de sondear la geología bajo nuestro mar territorial ahora denominado maritorio en busca de yacimientos de petróleo y gas.
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Ante este nuevo empuje petrolero es bueno repasar un par de conceptos propios de la minería. Todo yacimiento es una anomalía geológica. Es lo que configura que algunos elementos, en vez de estar diseminados, se encuentren concentrados en espacios de corteza terrestre, sea en tierra firme o bajo el lecho marino. No se sabe dónde están ubicados hasta que se encuentran. En ese sentido, un yacimiento implica no solo su existencia material, sino todas las variables que lo transforman, o no, en un recurso pasible de ser extraído. No basta con su condición de yacer en un lugar sino que es necesario que tenga un fin y unas posibilidades reales de concretarlo. En algunos casos, lo que no se puede extraer y comercializar en un momento dado, lo puede ser en otro ya sea por cuestiones de precios o de nuevas tecnologías disponibles.
Esta forma de ver un yacimiento está asociada a una concepción extractivista muy arraigada en la cultura humana que no paró de intervenir la naturaleza en busca de beneficios, pero solo ve riqueza en la medida en que adquiera valor de uso y valor de cambio, para decirlo en términos capitalistas simples. Sin embargo, existe otra noción de riqueza que incluso toma en cuenta la propia existencia material, aunque no se lo extraiga ni transforme, sino valorando su integración como parte de un sistema mayor, ya sea geológico o en relación a un ecosistema biológico.
Estas precisiones suenan abstractas pero están en la base de un manejo de la actividad humana, no ya solo en función del llamado crecimiento económico, sino como parte de una concepción ecológica integral que, todo indica, se hace cada día más necesaria. Sin duda que las prácticas hegemónicas imponen la férrea acción del interés del capital para su reproducción constante, aunque sea mediante una depredación salvaje de la naturaleza y las sociedades dominantes sean terriblemente desiguales. Hay quienes dirán y celebrarán qué es lo que mueve al mundo pero nunca hay que olvidar que otro mundo es posible y cada uno debe hacer su parte para lograrlo.
La gran ilusión
El sueño de un Uruguay petrolero se enciende cada tanto y no faltan quienes anticipan la famosa renta petrolera como si el famoso oro negro ya brotara. Hasta ahora, ese sueño quedó en mera ilusión, no solo en el sentido de deseo sino también en su acepción de espejismo que engaña. A tal punto que no son pocos quienes plantean que llegar a tener petróleo no sería una buena noticia. Por allí anda la maldición de los recursos naturales, en un mundo en que los poderosos imperios esquilman a su antojo, o la denominada "enfermedad holandesa" por los efectos contraproducentes que puede producir en la economía de un país, la fiebre petrolera en detrimento de otras actividades, como efectivamente le sucedió a Países Bajos en la década de 1960.
Ni hablar sobre la larga lista de estafas, especulaciones financieras con la minería de papel, desastres naturales o directamente golpes de estado producidos en favor de los intereses de grandes compañías petroleras. Basta recordar a las famosas Siete Hermanas (Exxon, Chevron, Mobil, Gulf, Texaco, Shell y British Petroleum) y su larga lista de acciones en complicidad con la CIA, el MI6 inglés, el Mossad y otros servicios, ya sea de potencias o de grupos mercenarios. En todos los continentes dejaron su estela petrolera amparando a los peores regímenes y dando escarmiento a cualquier resistencia o alternativa revolucionaria, o tan solo algo nacionalista.
Basta recordar los sobornos de jueces y gobernadores por parte del patriarca de la dinastía Rockefeller, con su gigante Standard Oil Company, un oligopolio que eliminaba la competencia hasta que fue obligado a dividirse en múltiples empresas que, hecha la ley hecha, la trampa, después se fortalecieron mediante fusiones y cambios de marca. O cuando las Siete Hermanas, acordaron terminar su lucha salvaje tras la Primera Guerra Mundial porque el exceso de oferta afectaba a la baja los precios. Así fue que establecieron el pacto en 1928, en el castillo de Achnacarry, cerca de Glasgow, Escocia, en el que se repartieron el mundo en cuanto a yacimientos y mercados.
O la vez que dieron un golpe de Estado en Irán, en 1951, cuando el primer ministro modernizador, Mohamed Mosadeq, nacionalizó el petróleo que estaba bajo dominio inglés. Lo derrocaron reforzando el poder dictatorial del sha Reza Pahlaví, quien restableció el control del crudo mediante el Consorcio de Irán, que en realidad eran las empresas inglesas y estadounidenses. Dicho esto para entender que lo que ahora proclama Donald Trump sobre Venezuela, y quien sea, es una vieja receta imperial, solo que ya no ejecutada en su fase de auge sino en la de su decadencia, lo que lo vuelve aún más peligroso.
Herencia maldita
Uno de los argumentos para esta nueva aventura prospectiva, ya no en cuencas onshore con perforaciones en tierra sino en la plataforma offshore en nuestras aguas territoriales es la de asumir la responsabilidad de un Estado que respeta sus contratos firmados. Sin embargo, la trabajosa pero buena experiencia del clavo del Proyecto Neptuno que dejó el gobierno prueba que con voluntad política e inteligencia se puede modificar lo que dejan atado, al menos en función del interés común y no de las poderosas corporaciones petroleras. Fácil no es, pero asumir una actitud diferente es esencial para un gobierno que fue electo para otra cosa.
Antes de echarle toda la culpa a la derecha, también hay que recordar que durante los 15 años de gobierno frenteamplista hubo tres Ronda Uruguay, no solo con resultados negativos sino con una opacidad consecuente sobre las reales implicancias, las cuentas de lo invertido o supuestamente ganado o los impactos ambientales y productivos (afectaciones directas a la pesca, por nombrar algo que aún está en la Justicia) sin mencionar las patinadas de Tabaré Vázquez y sus altisonantes anuncios de hallazgos de petróleo y gas que se desvanecieron en la nada.
La Administración de Luis Lacalle Pou entregó siete bloques a Shell, Chevron-CEG, YPF y APA en un área que abarca unos 120.000 kilómetros cuadrados mar adentro. Por ahora, ante el Ministerio de Ambiente solo se postularon para realizar la prospección cuatro empresas con contratos refrendados con ANCAP. Estas son: PGS Exploration UK Limited, Viridien, Searcher Geodata UK Limited y APA Exploration LDC-Sucursal Uruguay.
Por su parte, el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, que firmó la autorización que abre el proceso de prospección sísmica en forma simultánea para las cuatro empresas, reivindicó que se elaboró una regulación mucho más exigente que la de búsquedas anteriores y prometió una gran coordinación estatal entre su ministerio, el de Industria, Energía y Minería y Ancap, que asegure las mejores prácticas internacionales para tal actividad, a la vez que se negó a responder interrogantes y cuestionamientos en la etapa actual.
Ortuño también adelantó que, en paralelo a las actividades petroleras, el Gobierno nacional intentará avanzar, mediante decreto, en la declaración de áreas marinas protegidas a ciertas zonas que forman parte de los bloques ya concedidos a las empresas. La meta sería alcanzar la superficie en el entorno al 30 % de área protegida en nuestro mar territorial bajo algún régimen de conservación, aunque no se ha especificado qué tipo de protección, qué niveles y logística de control tendría ni en qué tiempo se concretaría tal meta.
Otro aspecto contradictorio es que se justifica la continuidad con el argumento de que el Estado uruguayo respeta los contratos firmados, pero no se establecen claros parámetros de nuevas políticas públicas que aborden este tipo de actividades desde una perspectiva del nuevo Gobierno del Frente Amplio, enmarcadas en su programa presentado a la elección.
Por su parte, desde la academia se han realizado importantes aportes científicos que cuestionan tanto la metodología de prospección sísmica como también las supuestas bondades de un Uruguay petrolero, a la vez que alertan sobre los impactos ambientales en el singular ecosistema marino uruguayo.
En ese sentido, se explica que el ecosistema más grande que tiene el Uruguay es el que existe en el mar y océano de nuestras aguas territoriales. Así lo afirmó el biólogo marino Andrés Milessi en una entrevista con Emiliano Cotelo, en el programa En Perspectiva, a mediados de diciembre pasado.
Milessi explicó que esta gran diversidad tiene que ver con la confluencia de la corriente fría del Atlántico sur, desde las Islas Malvinas, con la corriente cálida que viene desde las costas del Brasil, a las que se suman las aguas turbias del estuario del Río de la Plata, provenientes de los dos grandes ríos, el Paraná y el Uruguay, que allí desembocan y aportan una gran carga de nutrientes. Esto genera un marco oceanográfico único a nivel mundial y con una gran biodiversidad que "lamentablemente hoy muy poco la conocemos y, por ende, no vamos a proteger ni valorar aquello que no conocemos", afirmó.
A la vez, desde la sociedad civil han surgido movimientos sociales que presentan críticas, promueven alternativas y se proponen movilizar a la población en contra de los intereses de las empresas petroleras. En paralelo a las autorizaciones otorgadas por el Ministerio de Ambiente, un colectivo de organizaciones ambientales presentó ante la justicia el establecimiento de una medida cautelar de no innovar, en el entendido de que la prospección sísmica y una futura exploración con perforaciones pueden tener graves impactos ambientales de carácter irreversible.
La medida propone no iniciar o detener todas las actividades ya que se ha confirmado el avance de la empresa APA (Apache) en su gestión para concretar un primer pozo exploratorio en el Bloque OFF-6. Según publicó El Observador, ya se inició el trámite ante el Ministerio de Ambiente para obtener la Autorización Ambiental Previa, lo que implicaría poder perforar el pozo en el segundo semestre de este año 2026, en un punto a 210 kilómetros de la costa y con una profundidad superior a 2000 metros.
Desde Caras y Caretas proponemos abordar las diferentes aristas de un tema complejo y muy controversial que exige un abordaje integral, a la vez que se debe promover la difusión de conocimientos, la identificación de múltiples intereses corporativos, algunos con fuerte capacidad de lobby, y reivindicar una política pública orientada al bien común con una mirada a corto, mediano y largo plazo.