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Columna destacada | juventud | izquierda | identidad

Divino tesoro

Preservar la juventud ideológica

El sustantivo desafío de la izquierda es no perder su identidad y el del gobierno en particular es liberarse del corsé de la austeridad impuesto por el acotado espacio fiscal e invertir.

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Una encuesta para consumo interno encargada por el Partido Nacional a la empresa Opción Consultores, en el marco de su proceso de autocrítica, corrobora, en parte, por qué perdió la derecha coalicionista el balotaje de noviembre de 2024 y por qué ganó el Frente Amplio.

Aparentemente, el factor etario tuvo una crucial incidencia en el desenlace electoral, pero no fue el único, como lo creen erróneamente los blancos, ya que también tuvieron una superlativa influencia los problemas sociales, como la pobreza, los bajos salarios y jubilaciones, el aumento de personas en situación de calle y la inseguridad ciudadana, que empeoró notoriamente pese a los espasmos triunfalistas del gobierno anterior encabezado por el herrerista Luis Lacalle Pou.

Sin embargo, todo parece indicar que el recambio generacional que impactó en la masa de votantes entre una elección y otra también tuvo su gravitación, lo cual enciende una alerta amarilla en el bloque conservador, pero también en el bloque progresista.

Según lo consignado, en el ciclo electoral iniciado en 2024, 250.000 nuevos ciudadanos ingresaron al padrón electoral, luego de haber alcanzado los 18 años, edad mínima para ejercer el derecho al sufragio según la legislación vigente. De acuerdo a lo consignado por el director de la empresa Rafael Porzecanski, la mayoría de esos nuevos votantes se inclinaron por la fórmula del Frente Amplio integrada por Yamandú Orsi y Carolina Cosse, ya que en el rango etario de entre 18 años y 29 años de edad el FA alcanzó al 48,6 %, mientras que el bloque multicolor sumó el 41,3 %. Esa diferencia, que se acerca al techo obtenido por la izquierda en el balotaje, el cual ascendió al 52 % de los votos válidos, es, no obstante, muy superior a la ventaja obtenida por Orsi sobre su contrincante en la segunda vuelta electoral, que fue de algo más de cuatro puntos, equivalentes a casi 100.000 votos.

Naturalmente, nos referimos a la diferencia entre bloques y entre candidatos en el balotaje, ya que, en la primera vuelta de octubre, el Frente Amplio superó ampliamente al Partido Nacional por más de 400.000 sufragios, confirmando que desde 1999 es la fuerza política que concita individualmente el mayor caudal de adhesiones ciudadanas.

Asimismo, del informe se desprenden otros sugestivos datos que no deberían ser sólo de consumo para los perdedores sino también para el actual oficialismo. En efecto, de los relevamientos practicados por Opción Consultores se infiere que en el rango etario de entre 30 a 34 años, también el Frente Amplio superó ampliamente al bloque derechista, ya que obtuvo un 47,5 % de los sufragios contra el 42,9 % de la coalición por entonces integrada por blancos, colorados, cabildantes e independientes. La supremacía se extiende hasta los 54 años de edad, cuando se registra un quiebre. Recién en el tramo ubicado entre los 55 y los 59 años, la derecha logra una leve supremacía, la cual se reafirma en el rango de 80 o más años, en el cual los partidos tradicionales y sus socios lograron captar el 63,5 % de las adhesiones contra el 31,4 % del Frente Amplio.

Un dato no menor es que entre 2019 y 2024 el bloque derechista perdió apoyo, por el fallecimiento de 185.000 ciudadanos que, hace seis años, votaron a los partidos que integraron el conglomerado compuesto por los partidos tradicionales, Cabildo Abierto y el insignificante Partido Independiente. Este es, naturalmente, un dato no menor, por más que Uruguay tiene una expectativa de vida promedio de 78 años de edad y es un país destacado por su longevidad y su acceso virtualmente irrestricto a la salud, tanto de la órbita pública como de la privada.

Si bien esta información preocupó mucho al Partido Nacional y también debería preocupar al Partido Colorado, porque la evolución etaria del padrón electoral y de las adhesiones fue calculada tomando en cuenta a los bloques y no a los lemas por separado, también debe alertar al Frente Amplio, que, según las evidencias estadísticas, sigue nutriendo su caudal con el voto más joven, aunque esa tendencia se sigue desacelerando.

Una de las explicaciones de este fenómeno puede ser la tradición familiar, porque ya existen tres generaciones de frenteamplistas, aunque seguramente el apoyo mayoritario de los nuevos votantes esté ligado a que el FA tiene una agenda de derechos que contempla las aspiraciones de ese grupo etario, de la cual los partidos fundacionales carecen, por su fuerte raigambre conservadora, particularmente el Partido Nacional, muchos de cuyos dirigentes están atados a los asfixiantes dogmas de fe de la Iglesia Católica.

Por ende, uno de los grandes desafíos del Frente Amplio en estos cinco años de gobierno sin mayorías parlamentarias, es construir un nuevo paradigma de transformaciones sociales.

En efecto, los números de Opción Consultores confirman, al igual que relevamientos incluso de otras empresas, que las nuevas generaciones siguen inclinándose por las opciones de izquierda. Esos registros estadísticos no significan que la gente de edad más avanzada sólo vote a la derecha, porque los primeros votantes del Frente Amplio en las elecciones de 1971 que hoy mantienen su adhesión a la fuerza política, hoy tienen más de setenta años de edad. Sin embargo, tanto en Uruguay como en otras naciones, la mayoría de los ciudadanos adultos de edad más avanzada son más apegados a las tradiciones que a los cambios.

De allí la necesidad de diferenciarse del Partido Nacional, que hoy está fuertemente hegemonizado por la ideología herrerista y que perdió, hace mucho tiempo, su matriz wilsonista. No en vano, hemos criticado recurrentemente la hipocresía de que sigan homenajeando al caudillo progresista Wilson Ferreira Aldunate y al revolucionario Aparicio Saravia, quien otrora proclamó el imperativo ético que hubiera “dignidad arriba y regocijo abajo”.

El Frente Amplio también debe diferenciarse del Partido Colorado, que, en la década del sesenta del siglo pasado, con la llegada al poder del autoritario mandatario Jorge Pacheco Areco, dio un radical giro a la derecha que se consolidó, luego de la dictadura, en los gobiernos encabezados por Julio María Sanguinetti y Jorge Batlle, quienes barrieron todo resabio de batllismo de la colectividad.

Actualmente, el núcleo duro del bloque conservador está integrado por blancos y colorados, que ya prácticamente no tienen casi diferencias y son partidos casi gemelos, no sólo por edad —ambos cumplieron 189 años de su fundación— sino por afinidades políticas e ideológicas. Incluso, hay sectores, fundamentalmente del nacionalismo, que promueven que la derecha comparezca en las elecciones del 2029 bajo el mismo lema, aunque hay líderes colorados como el senador Pedro Bordaberry que no comparten esa iniciativa, la cual parece estar lejos de concretarse.

Empero, el informe de Opción Consultores también aporta otras razones sobre la derrota de la denominada Coalición Republicana: la insatisfacción con la gestión económica y por la gestión en materia de seguridad del gobierno de Luis Lacalle Pou.

El sustantivo desafío de la izquierda es no perder su identidad y el del gobierno en particular es liberarse del corsé de la austeridad impuesto por el acotado espacio fiscal e invertir, apelando a la imaginación, entre otras herramientas, lo que sea necesario para cumplir con las promesas de campaña.

De este modo, la administración de Yamandú Orsi se podrá blindar de las críticas de una derecha hipócrita que dejó a las cuentas públicas en una situación de aguda precariedad y recuperar la confianza de la mayoría de los uruguayos, muchos de los cuales expresaron su desencanto en las últimas encuestas conocidas y requieren respuestas inmediatas a sus reclamos, particularmente los nuevos votantes. Hay que preservar —como un tesoro— la juventud ideológica.