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Columnas de opinión | tribus | corrupción | defensa

Si, pero...

La corrupción y cómo las tribus sobreviven

Se cubren, se defienden, sobreviven y así sobrevive el sistema. (Y cada uno señalándole al otro sus pecados carnales).

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En el norte de Tanzania, país con orilla en el océano Indico, hay una tribu que se llama Hadza. Se trata de un grupo que parece ser de las últimas tribus cazadoras-recolectoras del mundo. Algunos estudios dicen que viven allí desde hace 40.000 años. Bayas, tubérculos y alrededor de 30 mamíferos forman parte de la alimentación de esta tribu.

Hoy, el arco, flecha y el hacha de miel -que facilita la caza- conviven con camisetas de Messi. ¿Cómo han sobrevivido 40.000 años? Sencillo: pelearon unidos frente a cada desafío o asedio exterior.

El espíritu tribal

Cada colectivo que es agredido o que ve en peligro su vida, reacciona inequívocamente en grupo. Ello supone que la tribu, el colectivo, el grupo, pone por delante la defensa colectiva y su actitud es superadora de las diferencias internas que pudieren existir hacia su interior. Ninguna tribu -los Hadza no son una excepción- definió primero sus problemas internos para luego dar la batalla. Frente a la amenaza, el colectivo unido; un solo puño (aunque el que tuviera al lado, lanza en mano, haya sido un sinvergüenza y cargara con el juicio por haber robado los granos a una abuela). El pícaro ahora era un compañero en la batalla y una lanza más para repeler al enemigo.

Este tipo de conductas humanas las podemos observar en estas horas en diversos lugares del mundo, pero también esa lógica opera en los colectivos hacia el interior de un país.

Veamos. El conflicto judío-árabe es un ejemplo formidable de las reacciones comunes de cada colectivo que se ve amenazado. Los judíos -con un gran desarrollo militar como consecuencia de que grupos árabes pretenden su retiro de tierras ocupadas o la eliminación de Israel como país- no admiten crítica alguna frente a sus diversas conductas violentas en Medio Oriente. No bancan nada. En reciente debate parlamentario, hubo expresiones críticas de diputados de izquierda frente a la conducta israelí en el área. La respuesta de la embajada israelí en Uruguay fue inmediata. Las críticas coinciden con el discurso palestino, reaccionaron los diplomáticos israelíes. No admitieron ninguna crítica, más allá incluso que en el mismo Israel, fuerzas pacifistas (judíos y árabes) son mucho más críticas que los legisladores uruguayos. Pero la reacción no debía contener matices. Tenía que ser contundente. Nada de admitir barbaridades. “Aquí somos un solo puño”, parecen decir cada vez que escuchan una voz crítica en el mundo. La reacción de Israel es de puro cuño tribal. Lo mismo ocurre con los palestinos. Una crítica hacia algunas conductas violentas -suicidas o no, pero que dejan víctimas judías- es rechazada de inmediato y responden que los cuestionamientos le hacen el juego al “enemigo sionista”. La tribu, sin matices, reacciona con una sola voz.

Estos ejemplos se pueden observar entre los gitanos, los croatas y serbios, entre los leales a un equipo de fútbol o en los partidos políticos. Frente a la amenaza externa, los colectivos se cierran y responden sin titubeos al asedio o cuestionamiento de la tribu enemiga. También esto es llamado “corporativismo”.

En los partidos políticos

Ese comportamiento tribal y primitivo alcanza también a los partidos políticos y sus leales. Ocurre siempre. Un ejemplo fuerte y cercano es el caso Sendic, que tanto daño le produjo a la izquierda.

En una primera fase, desde la izquierda hubo un rechazo firme y convencido a los cuestionamientos. Raúl Sendic nunca admitió que no era licenciado y la izquierda, en bloque, lo defendió igual. Mintió. “Aquí se defiende al compañero”, se escuchó durante un buen tiempo. A eso se sumó el conjunto de desprolijidades en el manejo de la tarjeta corporativa de Ancap. ¿Cuánto tiempo pasó para que bajara la defensa a ultranza de los leales de la tribu de Sendic? Mucho tiempo, pero durante alrededor de tres años, la tribu de izquierda se unió en un solo puño para defender a Sendic. (Luego bajaron los decibeles defensivos).

Hoy hay otro partido con varios actores. Desde que se instaló el gobierno que encabeza Luis A. Lacalle, le reventaron algunas granadas. A la sorpresiva renuncia de Ernesto Talvi, se le sumó un conjunto de destrolijidades y renuncia del ministro de Turismo, Germán Cardoso, sustitución del ministro de Ganadería, sustitución del ministro de Desarrollo, una política de seguridad a los tumbos, con mucho más marketing que profesionalismo, la cesión a Katoen Natie del Puerto de Montevideo y, últimamente el caso Astesiano con una decena de derivaciones en un escándalo de enormes proporciones y de una insólita profundidad institucional.

Todo este listado inconcluso ha producido un comportamiento tribal y primitivo de las fuerzas en el gobierno. En el caso Cardoso fue tan grotesco que el partido Colorado tuvo que desplazarlo -en una suerte de autocrítica-, pero nada más. Con Ache en Relaciones Exteriores, algo parecido, aunque obtuvo más apoyos que Cardoso. Frente a los ataques, lo más unidos posible. En el resto de los temas mencionados, la tribu en el gobierno se presenta unida, aunque por momentos aparece alguno que quiere “sacar los pies del plato”. El caso Astesiano es paradigmático. Pese a la gravedad del hecho, han sido poquísimas voces oficialistas las que salen a criticar. El único portavoz nacionalista que se alzó con vigor sobre Astesiano fue el intendente de Soriano, Guillermo Besozzi, que hasta admitió en las últimas horas que desde el Poder Ejecutivo lo habían llamado para que “baja un cambio”. La tribu tenía que actuar unida y no se admite que ningún indio salga por la suya. Más allá de las anécdotas de un sinvergüenza, el hecho grave -sobre el cual ninguna voz oficialista se alzó- es que el presidente Lacalle lo mantuvo en el cargo pese al conjunto de advertencias que recibió apenas asumió.

En las redes se observa el mismo comportamiento tribal: nos cerramos en defensa de los nuestros. Tanto dirigentes como adherentes al gobierno han esgrimido algunos argumentos de defensa realmente insólitos. En respuesta a la izquierda dicen: “Sí, pero Sendic…”.

O sea: bancan a Astesiano y a todos los jerarcas involucrados porque “ustedes tuvieron a un mentiroso y corrupto como Sendic”. En otras palabras, la tribu defensora del gobierno sostiene que “como ustedes tienen el traste sucio, no tienen autoridad para criticarnos”.

Frente a esto -una explicación antropológica del comportamiento de los grupos- me permito decir: ninguna irregularidad, delito, desprolijidad o falta de ética -del pasado reciente o del fondo de la historia- justifica hechos del presente o del futuro. Si entramos en esa lógica de justificar algo porque el otro lo hizo, ingresamos en el peligroso territorio de la estupidez.

Lo otro interesante es que en esta lógica de supervivencia sobreviven los partidos o bloques antagónicos, cada quien tragándose soberanamente los sapos que le correspondan en el sorteo. Se cubren, se defienden, sobreviven y así sobrevive el sistema. (Y cada uno señalándole al otro sus pecados carnales).

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