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Columnas de opinión | suicidio | perros | San José

Algunas preguntas

Los perros torturados y el suicidio

Las lecturas lineales sobre las causas de un suicidio suelen rumbear para caminos equivocados.

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“Arrastró a dos perros por la ruta, fue escrachado en redes sociales y se quitó la vida.”

Así tituló Montevideo Portal la información surgida en San José. Dos personas -padre e hijo- habían atado a su camioneta a dos perros y los arrastraron a gran velocidad por el pavimento de Camino al Cerro, a escasos kilómetros de la planta urbana de San José de Mayo.

Un perro murió en el acto y el otro también murió luego de ser asistido por una clínica veterinaria.

El hecho fue inmediatamente comentado en toda la ciudad. Y las redes sociales -especialmente Facebook- fueron el vehículo para “escrachar” a las dos personas responsables de la situación. No alcanzó que se difundieran las fotos de los perros torturados, sino que los ciudadanos indignados dieron los nombres de las personas y sus respectivas fotos. No pasaron muchas horas, cuando una de ellas se ahorcó. La explicación lineal fue: no soportó el escrache público. Pero la cuestión merece otra mirada, que por supuesto será incompleta y absolutamente parcial.

Los demonios que andan sueltos

“He de partir

no más inercia bajo el sol

no más sangre anonadada

no más formar fila para morir”

Este trozo de poema pertenece a la poetisa argentina Alejandra Pizarnik, de cuyo fallecimiento se cumplieron 50 años hace poco tiempo.

En setiembre de 1972, tras haber salido de la clínica psiquiátrica en donde estaba internada, Pizarnik se suicidó tras ingerir 50 pastillas de un psicotrópico. ¿Fue sorpresivo ese suicidio? No. En reciente documental de canal A de Argentina, diversos allegados a la poetisa y ensayista comentaron de su afán de morirse. Veamos: entre 1960 y 1964 Pizarnik vivió en París, donde trabajó para la revista Cuadernos y algunas editoriales francesas, publicó poemas y críticas en varios diarios y tradujo a Antonin Artaud, Henri Michaux, Aimé Césaire e Yves Bonnefoy. Además, estudió historia de la religión y literatura francesa en La Sorbona. Tras su retorno a Buenos Aires, Pizarnik publicó tres de sus principales volúmenes: “Los trabajos y las noches”, “Extracción de la piedra de locura” y “El infierno musical”, así como su trabajo en prosa “La condesa sangrienta”. En 1969 recibió una beca Guggenheim, y en 1971 una Fullbright. Era una persona exitosa, tenía todo. ¿Todo?

Anthony Bourdain era un afamado cocinero y divulgador de historias culinarias, algunas de las cuales las contó desde Uruguay en uno de sus programas televisivos. Era famoso, encantador, respetado, exitoso con las mujeres y con una buena cuenta bancaria.

El 8 de junio de 2018 Bourdain estaba alojado en París. El chef había viajado a Francia para grabar un episodio de Parts Unknown ambientado en Alsacia. Al no bajar a la hora prevista para desayunar, su amigo y acompañante en la grabación, el chef Eric Ripert, subió a buscarlo a su habitación y se encontró con el cadáver. La investigación confirmó la hipótesis inicial: un suicidio por ahorcamiento. Bordain tenía todo. ¿Todo?

Los perros torturados

En 2021, según informó el Ministerio de Salud Pública, 758 personas se quitaron la vida en Uruguay, de las cuales 203 tenían entre 15 y 29 años. El suicidio es la primera causa de muerte violenta en el país, duplicando las ocurridas por accidentes de tránsito u homicidios.

¿Cómo se suicidan los uruguayos? En cuanto a los métodos en Uruguay el más frecuente es el ahorcamiento, que se da en 7 de cada 10 casos, le siguen los suicidios por arma de fuego, y en menor porcentaje la ingesta de pastillas y el salto al vacío.

Las lecturas lineales sobre las causas de un suicidio suelen rumbear para caminos equivocados. Hay una explicación profesional bastante generalizada de que un suicidio es un fenómeno multicausal y, quizás lo más interesante frente a esa generalización, es que el suicida no quiere quitarse la vida, sino dejar de sufrir. (El otro elemento no menos importante es que con su conducta suicida, parece estar sancionando a sus seres queridos, los que quedaron vivos).

Las situaciones de depresión y angustia -con mayor o menor profundidad y raíz- no explican por sí solas una conducta suicida. Si así fuera, la tasa de suicidios sería gigantesca. Un psicólogo me dijo: ni siquiera el suicida saben bien porque lo hace.

El caso de los perros torturados de San José y el desenlace fatal de uno de los responsables del hecho, abre por lo menos algunas preguntas, porque en el mundo hay millones de personas que son escrachadas en redes y no por ello optan por el suicidio. Por lo tanto, el “escrache” como causa del suicidio, resulta un tanto incompleto, sobre todo porque hay otra persona -que también participó de la tortura a los perros- que no se suicidó, aunque no debe estar pasándola bien, por el escrache y por la muerte de su familiar.

La pregunta que queda en el aire es: ¿a quien estaban torturando de veras? ¿No será ese motivo oculto en las entrañas la verdadera causa del suicidio? Imposible saberlo. Lo que si es claro y contundente -y que todos los estudios lo plantean-: no nos hagamos los guapos/as con nuestros demonios o angustias. Si no lo superamos con nuestras herramientas, siempre hay un palenque donde rascarse.

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