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Columnas de opinión | Arabia | China |

China y Medio Oriente

Xi de Arabia

Los países del golfo, hasta ahora socios clave de Washington, incrementaron en los últimos años sus relaciones con China en un intento de diversificar su relación estratégica y reducir su dependencia a los hidrocarburos.

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Thomas Edward Lawrence llegó a Siria, enviado por Reino Unido, durante la Primera Guerra Mundial para promover una revuelta de las provincias árabes oprimidas por el Imperio otomano que amenazaba los intereses británicos (y también los de Francia); 100 años después, la semana pasada, Xi Jinping aterrizó en el Aeropuerto Internacional Rey Jalid de Riad, para asistir a la primera Cumbre China-Estados Árabes y a la Cumbre China-Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) en Arabia Saudita, así como realizar una visita de Estado por invitación del rey Salman bin Abdulaziz Al Saud.

El viaje del presidente y secretario general del Partido Comunista de China despertó el interés de la comunidad internacional y al mismo tiempo, por enésima vez, el rechazo de Washington. Un día antes de su arribo, el coordinador de comunicaciones estratégicas del Consejo de Seguridad Nacional, John Kirby, alertó a los países árabes contra "la influencia que China quiere ganar en todo el mundo" y advirtió que era poco probable que el país comunista quisiera preservar "el orden internacional".

Para el recordado Lawrence de Arabia su misión era unificar las tribus árabes en su lucha contra el dominio turco; para el presidente chino -que, a diferencia de EE.UU, sostiene que la presencia de ambas potencias en la región no son antagónicas ni se excluyen mutuamente- el objetivo de su visita fue unificar a los países de la región en "una comunidad árabe-china de destino compartido en la nueva era y enviar un mensaje contundente sobre nuestra determinación de fortalecer la solidaridad y la coordinación, apoyarse mutuamente para el desarrollo común y en defensa del multilateralismo”.

Los éxitos de Beijing contrastan con las frustraciones de Washington en la región

La “misión árabe” es el último acto de una ofensiva diplomática de Xi Jinping que, luego de casi 3 años de autoconfinamiento “pandémico” en menos de un mes participó en la cumbre del G20 en Indonesia, en el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico en Tailandia y mantuvo encuentros bilaterales con 30 jefes de Estado y de gobierno.

El mandatario chino regresa a Arabia Saudita después de 6 años que vieron, por un lado, un deterioro en las relaciones políticas y diplomáticas de Estados Unidos con el mundo árabe y, por otro, un crecimiento acelerado de los lazos comerciales y diplomáticos de Beijing con los países de esa parte del mundo.

En julio, en lo que fuera su primer gira en Medio Oriente como presidente para afianzar una estratégica conexión política, de seguridad y energética con las naciones árabes y otros países de la zona, Joe Biden encontró una región mucho más fragmentada y menos afín a su país que la que conoció en sus tiempos de número dos de Obama.

Como ya se ha hecho costumbre desde que asumió la presidencia, para restaurar sus alianzas, fue otra vez China el “objeto del deseo” de Biden que entonces prometió a los líderes reunidos en Jeddha, que Estados Unidos "no se alejará" de Medio Oriente –sobre todo para no "dejar un vacío que puedan llenar China, Rusia o Irán"– y que su país sigue siendo un aliado confiable, dispuesto a abrir “un nuevo capítulo” en las relaciones de la Casa Blanca con la región y reconstituir un entramado seriamente dañado a partir de las invasiones a Irak y Afganistán y últimamente por la negativa a apoyar las sanciones a Rusia por la guerra de Ucrania.

La gira de Biden que dentro y fuera de Estados Unidos fue juzgada como “un fracaso” -no acordó ningún compromiso o resultado concreto, sino todo lo contrario. Su pedido a los países de la OPEP de aumentar la producción de petróleo - uno de los objetivos principales de su periplo medioriental- para reducir los precios que han disparado la inflación en Estados Unidos y en el mundo, Arabia Saudita -su aliado estratégico de siempre- y los países árabes miembros del club de exportadores del crudo, recibió como respuesta una reducción de 2 millones de barriles diarios.

China es el mayor socio comercial de los países árabes. En 2021, el volumen de sus intercambios comerciales superó los 300.000 millones de dólares, lo que supone un aumento de más de un tercio respecto al año anterior.

En menos de un lustro, China firmó acuerdos de asociación estratégica integral con 12 Estados árabes y 20 países participan activamente en el proyecto de la Franja y la Ruta, 17 han expresado su apoyo a la Iniciativa de Desarrollo Global (IDG), 15 se han convertido en miembros del Banco Asiático de Inversión en Infraestructura y 14 han participado en la Iniciativa de Cooperación China-Liga de Estados Árabes sobre Seguridad de Datos.

Muchos de ellos también expresaron su interés en participar en los organismos multilaterales liderados por China, como la Organización de Cooperación de Shanghái y en el Brics ampliado.

Las autoridades sauditas ofrecieron a Xi Jinping una bienvenida reservada a los grandes huéspedes. El avión que lo trasladaba, una vez ingresado en el espacio aéreo del reino, fue escoltado por la Real Fuerza Aérea Saudita, una formación de aviones acrobáticos saudíes dispararon cintas de vapor rojo y amarillo con los colores de la bandera china y una salva de 21 cañonazos fue disparada apenas el ilustre invitado asomó por la puerta de su avión.

Además del éxito diplomático de sus encuentros con el rey Salman y el príncipe heredero y primer ministro Mohammed bin Salman (a diferencia de Occidente, China es de los pocos países del mundo que mantiene relaciones privilegiadas con Arabia Saudita e Irán, los archienemigos que se disputan el liderazgo en el Golfo Pérsico), ambos países firmaron acuerdos de extraordinaria importancia económica y política.

Según la agencia oficial saudí fueron 34 acuerdos comerciales y de inversión por un valor de 29.250 millones de dólares en los sectores de energía verde, transporte, logística y construcción, entre otros.

Huawei, el gigante de las telecomunicaciones, cuya expansión viene obstaculizada en Occidente, jugará un papel decisivo en el cloud computing de Arabia; una empresa china construirá una fabrica de autos eléctricos y otra será el abastecedor de las baterías de hidrógeno “verde” para la futura ciudad inteligente del príncipe Mohammed bin Salman.

La República Popular -el más grande importador de petróleo del mundo- compra más del 25% de las exportaciones de crudo de Arabia Saudita, el mayor exportador de hidrocarburos del planeta.

Con un intercambio comercial de más de 90.000 millones de dólares anuales, Beijing es el principal socio comercial del Reino Saudí, y este, el destino más importante de las inversiones extranjeras de China en el golfo de los últimos 20 años, seguido por Kuwait y Emiratos Árabes Unidos.

Dólar versus yuan

Sin embargo, el acuerdo más significativo por sus alcances y consecuencias monetarias y financieras es el alcanzado entre la sociedad saudita de energía renovable (Acwa Power) y el Banco Industrial y Comercial, el más grande de China y el mayor banco del mundo por capitalización de mercado.

Este acuerdo sienta las bases para un uso creciente por parte de los bancos saudíes del sistema chino de pago internacional CIPS (Cross-Border Interbank Payment System) como alternativa al dominio de Swift (Society for Worldwide Interbank Financial Telecommunication) bajo control de EEUU y que es visto por Beijing como una de las manifestaciones de la supremacía del dólar.

Hasta ahora la mayor parte del tráfico de pagos CIPS es muy limitado y se da entre Hong Kong y la parte de China continental. Los bancos de los países de la Asean (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático) también han comenzado a utilizarlo, llegando a alcanzar hasta el 8% de las transacciones totales.

En este contexto, incorporar a los saudíes en un sistema de pagos transfronterizo centrado en China sería un impulso extraordinario a la utilización del yuan por parte de China como moneda de pago para las importaciones de petróleo saudí y una amenaza a largo plazo al cuasi monopolio del dólar estadounidense como moneda de pago internacional.

China quiere inaugurar una "nueva era" de relaciones con los países árabes, afirmó Xi Jinping en sus intervenciones tanto en el summit con la Liga Árabe como en la Cumbre China- Consejo de Cooperación del Golfo (CCG), integrado por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Baréin, Kuwait y Omán.

Por su parte, en la Primera Cumbre China-Estados Árabes participaron, entre otros, los jefes de Estado de Catar, Kuwait, Egipto, Túnez, Yibuti, Somalia y Mauritania, así como los primeros ministros de Irak, Marruecos, Argelia, Sudán , Líbano y el presidente de la Autoridad Nacional Palestina, Mahmud Abbas.

"China seguirá apoyando firmemente a los países del CCG en el mantenimiento de su seguridad (...) y construirá un marco de seguridad colectiva para el golfo", declaró Xi al inaugurar esa cumbre.

Los países del golfo, hasta ahora socios clave de Washington, incrementaron en los últimos años sus relaciones con China en un intento de diversificar su relación estratégica y reducir su dependencia a los hidrocarburos.

"China seguirá importando en permanencia grandes cantidades de petróleo bruto de los países del CCG", aseguró Xi.

Para el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, las dos cumbres sino-árabes y los entendimientos alcanzados con la monarquía saudita en Riad significan “el evento diplomático más grande y de más alto nivel entre China y el mundo árabe desde la fundación de la República Popular", así como "un acontecimiento trascendental en la historia de las relaciones sino-árabes”.

Una vez más, de poco o nada sirvieron las advertencias de Estados Unidos. Inshallah.

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