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Columnas | sentido común | fenómeno comunicacional |

Fenómeno comunicacional

Los liderazgos y la construcción del "sentido común"

Observemos algunos ejemplos de lo “común” y veamos qué lo que es “común” en una comunidad no lo es en otra. (Eso ya nos está diciendo que lo geográfico e histórico define el “sentido común”).

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Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) está atravesada por un río que es símbolo de la ciudad. Es el río Piraí. En buena parte del año, el agua es barrosa. En verano los santacruceños van al río, las familias se reúnen y disfrutan del agua barrosa. En Uruguay sería un escándalo; en Santa Cruz de la Sierra es “común”. En Asunción (Paraguay) es habitual ver recorriendo sus calles camionetas 4x4 de gran porte que no poseen matrícula. ¿La razón? Son vehículos robados en países cercanos. (Se recuerda que a Sergio Abreu que fue canciller de Uruguay le robaron en Montevideo su vehículo, y estando en funciones viajó a Asunción. Para su sorpresa, vio que su vehículo circulaba sin matrícula frente a sus ojos). Es “común” ver ese paisaje en Asunción.

Lo que pretendo decir es que lo “común” es algo aceptado por la comunidad. Se trata de un cierto humor ciudadano o nacional creencias y saberes compartidos que tiene valor de “verdad”.

Es el resultado de normas, valores y experiencias compartidas históricamente, influenciado por sitios de poder (medios, educación) que naturalizan las desigualdades o conductas.

Entonces, el “sentido común” es un fenómeno comunicacional.

Habitar el sentido común

El antropólogo argentino Pablo Semán habla de la “construcción del sentido común” y que para ello es necesario “escuchar, ensayar respuestas y habitar el sentido común”. Ahora bien, en tanto es un fenómeno comunicacional, una sociedad está atravesada por relatos, discursos, imágenes y mensajes que se interrelacionan y que son asumidos dialécticamente por la comunidad.

Lo interesante es la potencia y el vigor de ese mensaje. Si se analizan los mensajes dominantes las palabras, las gestualidades del Uruguay de los años 60, se observará que muchas generaciones siguen usando esas palabras y esas expresiones valóricas. Este fenómeno nos dice que la potencia de los medios comunicacionales dominantes permeó de tal manera que construyó un “sentido común” complejo y contradictorio con sentido estratégico. Lo mismo pasó en la década de los 80. Lo que intento decir es que la “centralidad comunicacional” era hegemonizada por una batería de acciones comunicacionales que obedecían a intereses de las élites dominantes. Sin embargo, en otras capas de la sociedad funcionaban otros circuitos comunicacionales, y lo que era “común” para unos, no lo era para otros. La escala valórica o el stock de sensibilidades estaba construido por la “dieta mediática” que consumía cada uno y su entorno familiar.

El desafío para los que aspiran el poder

Uno de los objetivos que vienen del fondo de la historia es la dominación, hegemonizar el discurso y la acción, penetrar en las mentes, construir valores, interpretarlos y dirigir.

Hoy la “dieta mediática” ya no está hegemonizada por los grandes medios. Sin embargo, los mensajes de la televisión interactuando con las plataformas digitales son relevantes a la hora de ocupar la centralidad comunicacional. Y hay un fenómeno nuevo: las familias pesan menos que antes en la construcción de la opinión.

En este marco, ¿qué hace Orsi? Poco y nada. Está dominado por una interesante conclusión de sus asesores: los uruguayos no quieren lola; no quieren que los jodan con experiencias que nadie garantiza. El ministro de Economía, Gabriel Oddone, ha dicho, con razón, que los uruguayos no votaron una revolución, y es verdad. Pero hay un enorme campo de acción comunicacional que no está siendo ocupado por un relato valórico que apunte a la construcción de un “sentido común” hacia una sociedad más humana, más justa, más equilibrada. Dominar el relato, construir el “sentido común”, ocupar la centralidad comunicacional, habitar el “sentido común” y construir hegemonía son conceptos que se solapan, interactúan y conviven dialécticamente en las sociedades. Y Orsi no se da cuenta de que tiene una ventaja: en esta partida comunicacional, Orsi es mano.

Desde su lugar de presidente, no hacen falta grandes esfuerzos comunicacionales para que la palabra del presidente llegue a amplias capas de la sociedad. Óscar Bottinelli, analista de opinión pública, ha dicho recientemente que Orsi muestra una actitud no vigorosa. Desde la perspectiva de izquierda, lo que diga el presidente es clave en el discurso de por lo menos la mitad del país. Si no das esa batalla, el “sentido común” comienza a ser ocupado por otros más eficientes desde lo comunicacional. No construís “sentido común”, no lo habitas y, por tanto con carácter estratégico, tu relato se pierde en la nebulosa. Ya ni hablo de épica o mística (eso queda para los restos nostálgicos de un par de generaciones que en breve desaparecerán del padrón electoral). Es un gobierno que anda caminando, acelera un poquito el trote, pero enseguida se echa a descansar abajo del primer árbol que encuentre. ¿Esto quiere decir que este Gobierno no ha hecho nada? No. Esto quiere decir que no tiene idea de cómo hegemonizar un relato vigoroso y que entusiasme. Porque el asunto es que las batallas las ganas con el entusiasmo, el compromiso y el convencimiento; las ganas con liderazgos fuertes. Si ofrecés solo nostalgia, estás liquidado. También es cierto que los liderazgos no se compran en Macromercado. Podrás ser candidato y hasta ser presidente, pero ser líder es otra milonga. Pueden hacer este breve ejercicio: Daniel Martínez fue intendente, candidato a la presidencia y no fue presidente por 30 mil votos. ¿Era un líder? No. Ni se sabe en qué anda.

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