La intimidad de China Zorrilla, los secretos que revela el remate de sus pertenencias en un encuentro de Caras y Caretas con los responsables de la subasta que se realizará el próximo miércoles 4 de mayo en el hotel Costanero.
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Revisar los objetos hoy exhibidos en Zorrilla Subastas es entrar en el mundo de China, el que desplegó en Montevideo y Buenos Aires, con esa enorme energía capaz de lograr, invariablemente que siempre sucedieran cosas. Never a full moment. Fue una de sus frases de cabecera, las que sabía mechar en un diálogo siempre creativo, con respuestas rápidas e inteligentes, divertidas, con las que le gustaba generar la atención y la risa de los demás.
Tuve el placer de conocerla y sé, gracias a mi amistad con algunas de sus primas y con su hermana Inés, lo que significaba su mítica casa de la calle Uruguay en Buenos Aires. Siempre con la puerta abierta para amigos y amigas con los que fue constantemente generosa.
Muchas veces nos preguntamos qué secretos pueden llegar a revelar los recuerdos que atesoramos a lo largo de la vida. Los libros que leemos, las cartas que se recibían, el arte que conservamos, e incluso los relojes que contaron nuestro tiempo y aún rotos, seguimos guardando. Todo es parte de una trayectoria vital, que adquiere un valor esencial cuando hablamos de una mujer como China Zorrilla.
A 100 años de su nacimiento, a la entrada de Zorrilla Subastas se exhibe una parte de su vida con la sencillez y e humor que la caracterizaban. Al ingresar cada persona que pasa por la exposición busca una oportunidad de acercarse al costado más personal, casi íntimo, de una de las mujeres más amadas del Río de la Plata. Podemos allí encontrar señales de su idiosincrasia, de su forma de vivir, de su casa en Montevideo y su apartamento de Buenos Aires.
“Aquel apartamento era un extensión de la propia China, era su reflejo: sencillo pero poblado de cosas lindas, donde cada objeto tenía una cosa que contar. Era hippie y era paqueta. Una sintonía única, indiferente del valor de la cosas materiales de las que elegía rodearse. Así vivía entre los regalos de sus fans y las obras de arte”, recuerda en el catálogo de la colección su amiga Susana Giménez.
La colección lo refleja: las obras de José Luis Zorrilla de San Martín con las pinturas que le regalaban sus fanáticos y que ella conservaba, al mismo nivel, que dos obras de Rafael Barradas, Ignacio Iturria, o Edgardo Ribeiro Nario. “El lujo en China era la sencillez”, dice la actriz Soledad Silveyra en el catálogo.
Sebastián Zorrilla será el responsable de bajar el martillo para los 160 lotes que se subastarán el 4 de mayo en el Hotel Costanero, quien es además sobrino nieto de China. En conversación con Caras y Caretas, nos agrega: “todos descendemos del poeta, mientras nos muestra una temprana edición de Tabaré que perteneció a China y de la que solo se imprimieron 9 ejemplares más. Está dedicada por el poeta para el escritor Pío Colivadino, es como ya dije, agrega Zorrilla, “uno de los 10 ejemplares que se publicaron al año siguiente de la primera edición.
“Mi abuelo era el nieto mayor del poeta y China era de las menores. Para mí, rematar cosas de un familiar tiene un valor agregado. La recuerda como un ser simpático que lograba siempre la atención de los que se encontraba a su alrededor, era un verdadero imán”.
La colección China Zorrilla, nos explica el rematador, es producto de la herencia de los sobrinos de la actriz, que decidieron seleccionar algunas piezas para armar una exposición en el museo dela casa de Punta Carretas y otra para subastar. “Mirás la colección y no hay cosa de gran valor ni nada, por el contrario, muchas son sencillas pero con mucha personalidad -fue la selección que hicimos- y creo que habla mucho de ella. Toda la gente que la conocía viene y se emociona porque dice que esto es China”.
La casa de China, un mundo mágico
“Pocas cosas eran tan geniales como visitar a China en su casa donde siempre nos podía esperar con una sorpresa. Podía ocurrir, por ejemplo, que un día al llegar, nos encontráramos con un señor al que no conocíamos, sentado en la sala y mirando televisión. ‘Es el plomero’, decía China, ‘dice que no vio mi última película, así que lo puse a ver Elsa y
Fred’”, escribe Susana Giménez en una de las tantas anécdotas que recoge el catálogo de la subasta.
Varios artículos que se subastarán como parte de la colección nos cuentan la vida artística de China. En especial, arriba de una de sus mesitas plegables se encuentra un libreto de El diario de Adán y Eva de Mark Twain. Sobre carátula envejecida, verde agua, sin embargo, solo está escrito, Adán y Eva, en marcador negro al que agregó en el ángulo inferior derecho con birome azul “mi teléfono” y aparecen sus números. Se trata de la obra que estrenó con singular éxito junto a Carlos Perciavalle, con tachaduras y anotaciones de mano hechas por la actriz. Una pequeña hoja de ruta sobre el proceso creativo de alguien que reconoció que se metía en la piel de un personaje como quien se pone un sobretodo.
En la exposición también podemos encontrar al lado de un ejemplar de las obras completas de Molière una escultura en pasta deliciosa que le había obsequiado algún fanático de su célebre personaje Elvira Romero de Musicardi, que interpretó en Esperando la carroza, la película de 1985 de Alejandro Doria que se convirtió en un clásico del cine de culto junto a dos publicaciones del libreto teatral que Jacobo Langsner estrenó en la Sala Verdi.
También hay un lote de libros que fueron testigos de su carrera actoral. La biblioteca de China tenía cientos de libros, pero “tratamos de hacer una selección muy simbólica -explica Zorrilla-, intentamos hacer una selección de los más representativo. Hay libros de Benedetti, Galeano, todos dedicados por los autores.
Dentro de la colección de cartas recibida por la actriz hay una que le mandó el escritor argentino Manuel Mujica Láinez, días antes de su muerte, que da cuenta de la amistad entre ambos. Dentro de la colección de cuadros seleccionada para el remate podemos encontrar dos dibujos de Barradas, junto a dos óleos con marcos dorados que le regaló su padre. Una representación de Calíope y Polimnia. Dos de las nueve musas que representan la poesía épica, la elocuencia y la armonía pintadas como dos máscaras teatrales.
Estos dos cuadros acompañaron China en su apartamento de Buenos Aires y eran protagonistas esenciales en las fotos que ilustraban los reportajes que China daba en su apartamento. Por último vale la pena ver la colección en su totalidad porque tiene el conjunto de obras más importantes que sale al mercado del padre de China, José Luis Zorrilla de San Martín.
Dueña de un mundo interior riquísimo, de una chispa de creatividad inagotable y de una energía increíble para proyectar su personalidad. Así vivió China su vida, restándole importancia a muchas cosas. No le importaba el dinero, no le importaba la ropa. Surgían sus infaltables pañuelos que siempre llevaba al cuello, se cosía la ropa ella misma y todo le quedaba bien. La misma China que recorría el país en su auto viejo cada vez que salía de gira, sin que nadie pudiera resistirse a ese encanto, a esa personalidad con la que había nacido.
La colección China Zorrilla lo evidencia, lo comprueba. La sencillez de los objetos que atesoró a lo largo de su vida son prueba acabada de su generosidad, su sensibilidad y su amor por el arte, que todavía nos interpela a 100 años de su nacimiento.
Textos: Rosana Cheirasco