Pero si hay algo que define la obra de Guille Gómez es la idea de búsqueda. Sus canciones parecen surgir de preguntas más que de certezas. La música aparece entonces como una forma de traducir aquello que el lenguaje cotidiano no logra contener del todo. En tiempos donde la exposición constante suele volver superficiales las emociones, su propuesta recupera el valor de la vulnerabilidad y la introspección. No desde el dramatismo, sino desde un lugar profundamente humano.
También existe en su proyecto una dimensión generacional difícil de ignorar. Las referencias a los sonidos de los 2000 no funcionan únicamente como nostalgia estética: son parte de una identidad emocional. En sus palabras sobreviven los ecos de una época en la que escuchar discos completos todavía era una experiencia ritual, compartida entre amigos o hermanos, mientras convivían artistas tan distintos como Red Hot Chili Peppers, The Strokes, Gustavo Cerati, Julieta Venegas, Jorge Drexler, Ruben Rada o Bajofondo. Toda esa mezcla permanece latiendo en su música actual.
El próximo sábado 30 de mayo, Guille Gómez se presentará en Sala Ducon junto a Cultura Líquida y Funkgus, en una noche que promete distintos climas emocionales y cruces sonoros.
Crédito de foto - Alina Viera
Crédito de foto - Alina Viera
Antes del show, conversó con Caras y Caretas sobre el proceso de escribir canciones, la sensibilidad como forma de conexión y la posibilidad de encontrar en la música un lenguaje capaz de decir lo que muchas veces la vida cotidiana deja callado.
— En la descripción de tu proyecto aparece mucho la idea de “mirar hacia adentro”. ¿Qué cosas personales necesitás transformar en canción?
Guille Gómez: — "Creo que muchas veces escribo canciones para entender cosas que todavía no terminé de procesar. Hay emociones, recuerdos o contradicciones que en una conversación normal me cuesta explicar, pero cuando aparecen en una canción toman otra forma. “Mirar hacia adentro” tiene que ver con eso: usar la música para transformar experiencias personales en algo que también pueda resonar en otros.
Muchas de mis canciones nacen de momentos muy concretos: vínculos, nostalgias, cambios, miedos o incluso preguntas que no siempre tienen una respuesta clara. A veces necesito escribir para ordenar lo que siento o para darle un lugar a emociones que en el día a día quedan medio escondidas. Me interesa mucho esa idea de transformar algo íntimo en algo compartido. Que una experiencia muy personal deje de ser solamente mía cuando alguien la escucha y se identifica desde su propia historia.
También siento que crecer es ir revisándose todo el tiempo, y la música me permite hacer eso. Hay canciones que funcionan casi como una fotografía emocional de un momento de mi vida. Después vuelvo a escucharlas y entiendo mejor quién era en ese momento o qué me estaba pasando. Creo que por eso mi proyecto tiene tanto de introspección: porque las canciones aparecen como una forma de conectar conmigo mismo, pero también con los demás desde un lugar muy humano y honesto".
La manera en que Gómez piensa la composición se acerca más al gesto de revelar que al de exhibir. Sus canciones no aparecen como confesiones cerradas, sino como procesos abiertos, fragmentos emocionales que continúan transformándose incluso después de haber sido escritos. En esa búsqueda aparece una sensibilidad contemporánea muy particular: la necesidad de encontrar espacios reales en medio de una época acelerada, saturada de estímulos y cada vez más distante de la introspección.
— Tu música mezcla indie rock y pop con referencias a los 2000. ¿Qué sonidos o artistas de esa época siguen latiendo hoy en tus composiciones?
Guille Gómez: — "Recuerdo que en esa época escuchar discos era algo muy presente en mi vida, y con mi hermano consumíamos muchísima música todo el tiempo. Pasábamos de Red Hot Chili Peppers y The Strokes a Cerati, Julieta Venegas, Jorge Drexler, Avril Lavigne, Ruben Rada, Bajofondo o mucho rock uruguayo que estaba en pleno auge. Y podría seguir nombrando artistas porque la lista es casi infinita.
En esa enumeración convive buena parte de una cartografía emocional generacional. La mezcla entre rock alternativo, pop latinoamericano, funk, canción rioplatense y sonidos urbanos construyó una identidad musical híbrida que todavía resuena en muchos proyectos jóvenes. En el caso de Guille Gómez, esas influencias no aparecen como cita nostálgica sino como materia viva: guitarras que dialogan con melodías sensibles, climas introspectivos que de repente explotan en energía y letras donde la emoción siempre ocupa el centro".
La referencia a los años 2000 también habla de una época donde la experiencia musical implicaba tiempo y dedicación: escuchar discos completos, leer libretos, compartir descubrimientos, grabar canciones, esperar recitales. Algo de ese vínculo afectivo con la música permanece intacto en su obra.
— También hablás de “emociones que cuesta decir en voz alta”. ¿La música funciona para vos como confesión o como una forma de traducir lo que no entra en las palabras cotidianas?
Guille Gómez: — "Sí, totalmente. La música para mí funciona como un lugar donde puedo decir cosas que quizás en lo cotidiano quedarían incompletas o serían difíciles de explicar. Muchas veces una melodía, una imagen o una frase en una canción pueden transmitir mejor una emoción que una conversación entera. Creo que mis canciones nacen bastante desde ahí.
No lo veo tanto como una confesión literal, sino más bien como una traducción emocional. Hay sentimientos que son muy complejos o contradictorios y que quizás hablando quedan reducidos o simplificados. En cambio, en una canción pueden convivir la nostalgia, la bronca, el amor, la confusión o incluso la esperanza al mismo tiempo. La música tiene esa capacidad de decir algo sin explicarlo del todo, y eso me parece muy poderoso.
También siento que cuando escribo bajo un poco las defensas. Hay cosas que probablemente nunca diría de frente o que me costaría poner en palabras cotidianas, pero que terminan apareciendo de forma natural en una letra o en una melodía. Y creo que ahí es donde más conectado me siento con lo que hago, porque las canciones terminan siendo un espacio muy honesto.
Lo más lindo es cuando eso deja de ser solamente mío y alguien del otro lado conecta con esa emoción desde su propia experiencia. Ahí entendés que algo que parecía muy personal en realidad también le pasa a mucha gente".
Esa idea de “traducción emocional” atraviesa toda su propuesta artística. Las canciones funcionan como un lenguaje paralelo donde las contradicciones no necesitan resolverse. En lugar de simplificar las emociones, la música les permite coexistir. Tal vez allí resida una de las mayores potencias de su obra: aceptar la complejidad afectiva sin intentar domesticarla.
— Definís el proyecto como “cercano, intenso y humano”. ¿Cómo imaginás ese vínculo con el público en la fecha en Sala Ducón?
Guille Gómez: — "Creo que ese vínculo aparece cuando un show deja de sentirse solamente como alguien arriba de un escenario tocando canciones, y pasa a convertirse en una experiencia compartida. Me interesa mucho que la gente pueda verse reflejada emocionalmente en lo que pasa durante el recital. Que haya momentos para descargar energía, otros para quedarse más quietos, emocionarse, bailar o simplemente conectar con una letra.
Siento que mi música tiene eso: distintas emociones conviviendo constantemente. Hay canciones más intensas, otras más románticas o nostálgicas, y también momentos más arriba y liberadores. Entonces imagino la fecha en el Ducón como una especie de recorrido emocional donde cada canción te lleva a un lugar distinto. Y ahí es donde aparece lo “humano” para mí: en generar algo real, cercano, donde tanto yo como el público podamos sentirnos parte de lo mismo por un rato".
— Compartís escenario con Cultura Líquida y Funkgus en una noche de cruces sonoros muy distintos. ¿Cómo querés que te perciban quienes asistan?
Guille Gómez: — "Me gusta mucho compartir fechas con proyectos distintos porque siento que eso enriquece muchísimo la experiencia. Cada banda tiene su propio universo y creo que ahí también está lo lindo de estas noches: encontrarte con sonidos y propuestas diferentes conviviendo en un mismo espacio.
En mi caso, me gustaría que la gente me perciba como un proyecto honesto, emocional y muy conectado con la canción. Más allá del estilo o las etiquetas, siento que lo que atraviesa mi música es la búsqueda de generar algo real con quien escucha. También creo que hay algo muy humano en eso de compartir emociones desde el escenario. Si alguien termina el show sintiendo que conectó con una letra, con una melodía o con una emoción propia a través de las canciones, para mí ya pasó algo importante.
Y además siento que esta fecha tiene un recorrido muy lindo en sí mismo. Está bueno que la noche empiece con mi propuesta, después pase por el universo de Cultura Líquida —que yo lo siento como un rock más progresivo y desértico— y termine con toda la energía funk y soul de Funkgus, siempre con la canción muy presente. Me gustan mucho las fechas donde las propuestas son variadas porque siento que eso aporta muchísimo y hace que el público pueda vivir distintas emociones y climas en una misma noche. Así que los esperamos ahí".
2000ERO nace de mostrarse por completo. Son las canciones que escuchó de chico y que terminó adoptando como parte de sí.
Créditos:
Producción musical: @die.truji y @guillegomezzzzz
Vocal coach, coros y producción artística: @rodraaaaa
Guitarras: @lipewwwww
Mezcla, master y batería acústica: @die.truji
Asistencia técnica: @mirandorosas
Grabado en @lulu___estudio entre abril y mayo de 2025.
Foto de portada: @aaluvie
Edición y logo de portada: @manu.delay
Producción artística: @motora.estudio
La cita es en Sala Ducon este 30 de mayo y las entradas se consiguen llamando al 097 821 405