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Cultura y espectáculos Niñas vírgenes | Yanina Vidal | novela

Con la escritora, docente y doctora en Letras, Yanina Vidal

"Niñas vírgenes": la exploración de la sexualidad en un entorno que censura

La escritora Yanina Vidal, galardonada con el 2º Premio Nacional de Literatura en 2023 por su obra Niñas Vírgenes, dialogó con Caras y Caretas sobre los motivos detrás de un libro que aborda temas sensibles como el racismo, la identidad, la fe, la sexualidad y el cuerpo.

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Sus ganas de introducirse en la ficción, su experiencia de escolarización en un colegió católico y la consciencia de haber crecido en un entorno represivo fueron las musas inspiradoras de Niñas vírgenes, lo que hizo un match perfecto con el tiempo para quedarse en casa que impuso la época de pandemia. Así fue que Yanina Vidal comenzó a escribir su primera novela, que narra la historia de cuatro generaciones de mujeres marcadas por el racismo y donde la protagonista es atravesada por diferentes transformaciones en la identidad, la fe, la sexualidad y el cuerpo.

Escribí esta novela porque quería hacer algo que no estuviera relacionado al trabajo y que me permitiera ser un poco más creativa. Vengo de la escritura académica, principalmente del ensayo, que fue el libro que publiqué anteriormente. Por otro lado, me ayudó el contexto de la pandemia, ya que daba clases por Zoom durante muchas horas, terminaba agotada y quería hacer algo, pero no se podía salir”, contó la escritora.

La novela Niñas vírgenes ofrece un viaje fascinante a través de la vida de su narradora, quien explora diversas religiones, involucrando su experiencia en un colegio católico y buscando desnudar temas como la influencia religiosa en la vida de las mujeres, la exploración de la sexualidad en entornos represivos o el peso del racismo en la familia.

Para contar esta historia, la autora fusiona su experiencia personal con la ficción, destacando la importancia de visibilizar la represión y la censura en diferentes generaciones. “En el libro hay un poco de mi vida porque yo fui escolarizada en un colegio de monjas durante la primaria y la secundaria. Todo lo que viví, vi y pude percibir obviamente se cuela en la ficción”.

Mi abuela ya no me tenía agarrada de la mano, me había soltado para que yo viera detenidamente cada uno de estos objetos […] Mi vista se dirigió al altar donde estaba ella, la más grande de todas las estatuas y a quien se le rendía culto. Era una virgen enorme que se encontraba con los brazos abiertos y mirando al frente. Tenía un largo vestido escotado y de color celeste, y a diferencia de las vírgenes de mi colegio, ella tenía el pelo negro, largo y suelto, no lo cubría ningún manto. El vestido delineaba toda su figura, se podían notar sus senos y sus piernas bien marcadas, también se dejaban entrever sus hombros. No se parecía a las estatuas que acostumbraba a ver en las iglesias, donde todas las vírgenes eran rubias y sufrientes. Verla me hizo querer creer en ella, sin importar los milagros que había hecho y sin conocer su historia. Quería ese altar para mí y poder rezarle a ella y no a las otras de lunes a viernes a las ocho de la mañana, cuenta la narradora en un pasaje del libro.

¿De qué se trata Niñas vírgenes?

La historia cuenta todo el trayecto de la narradora, vinculada a las diferentes religiones, por diferentes cosas, entre ellas el hecho de haber asistido a un colegio católico, que de alguna manera es mi experiencia. Y a su vez, cuenta cómo otros personajes la van involucrando en diferentes religiones, como la umbanda y el evangelismo.

¿Qué significado tiene el título?

En un principio la novela tenía otro título, pero me parecía muy largo y un poco antes de presentarlo al premio nacional se lo cambié por el actual. Niñas vírgenes hace referencia a la cadenita con la niña virgen que usan muchas las mujeres, este elemento aparece en la novela como un símbolo fuerte del colegio de monjas. Entonces, la idea fue jugar con el tema de la cadenita, sobre todo por el peso religioso que tiene esta figura en las mujeres.

La novela toca temáticas sensibles como el racismo, la identidad, la sexualidad, la religión. ¿Qué desafíos implicó?

Cuando empecé a escribir veía bastante lejana la posibilidad de publicar, entonces no me importó, trabajé con libertad y en función de lo que me pedía la novela, no de lo que yo quería. A veces es difícil conciliar lo que la novela necesita y lo que una quiere hacer, y hay que ver qué cosas pesan más. Después, cuando se hacía más concreta la idea de la publicación, ya estaba más acostumbrada a trabajar con la novela. Tenía la historia tan internalizada que no me lo cuestioné. Recuerdo que al principio me preguntaba si valdría la pena narrar estas cosas, si sería útil, pero me tiré y dije ‘que sea lo que tenga que ser’ o ‘que sea lo que Dios quiera’, para ir a tono con la novela. Pero no tuve ni vergüenza ni pudor porque creo que es necesario hacer explícitas ciertas cuestiones, como todo lo vinculado a la sexualidad. Creo que hoy por hoy se puede narrar o hablar de cosas que antes no. Con respecto al racismo tampoco tuve ningún problema en exponer ni escenificar a través de esa problemática.

¿Qué otros aspectos de la novela destacarías?

Una cosa que se podría destacar es el tema de la exploración de la sexualidad en un entorno que censura, como pasa en los colegios católicos. Esto es algo que empecé a ver mucho más de adulta, como educadora. A veces creo que no somos conscientes de las repercusiones que pueden tener ese tipo de dogmas, de instituciones que están tan flechadas. Quizás hay personas que piensan que por mandar a un hijo a este tipo de colegios va a aprender más o que va a ser más obediente, pero muchas veces se vuelven lugares de muchísima represión. Esa represión se te va metiendo en el cuerpo y es algo que después, en la etapa de la adultez, es muy difícil de expulsar. Me parece que está bueno ver ese tema de la exploración de la sexualidad y sobre todo del pensamiento crítico en un ambiente que lo que hace es condicionar y reprimir todo lo que considere fuera de la norma. Cuando sos chica muchas veces tenés que cumplir penitencia o sentir culpa y no sabés muy bien los motivos. Algunos relatos no tienen coherencia hasta que sos adulta y te das cuenta que vivimos en una especie de gran mentira de la que cuesta mucho salir. Ese trabajo sensible acerca de la represión y la censura son territorios que también recorre la novela.

¿Hiciste algún tipo de investigación o tiene que ver más con tu historia familiar?

En el libro hay un poco de mi vida porque yo fui escolarizada en un colegio de monjas durante la primaria y la secundaria. Todo lo que viví, vi y pude percibir obviamente se cuela en la ficción, pero traté de balancear un poco. Tiene que ver con mi proceso en un colegio de monjas y también traté de ficcionalizar mi árbol genealógico, porque tenía una bisabuela que suponemos que era indígena y ese secreto, o por lo menos la falta de respuestas ante eso, era algo que yo quería transmitir. Se suele pensar que el racismo es algo de los otros hacia uno o al revés, pero a veces está tan internalizado en la familia que no te das cuenta. Y esos vacíos tienen que ver con no hacer visibles determinadas cosas de la familia o no señalar determinadas cosas por vergüenza, por el que dirán. Me basé en lo que fue el trayecto de mi bisabuela, mi abuela, mi madre y yo. Porque me interesaba ver también cómo se establecía ese cruce entre la violencia y el racismo, sobre todo en la cuestión generacional. Lo que me interesó fue hacer visible en la narrativa esas cuatro generaciones, cuatro momentos distintos del Uruguay, y los diferentes problemas sociales que atravesaron a estas mujeres.

¿Qué nos podes contar sobre el proceso creativo y el estilo narrativo?

Lo que me interesó fue trabajar la pluralidad de voces, es decir, que no haya una narradora que manda en toda la historia, sino que se van colando otras historias que vayan agregando matices que tienen que ver con las diferentes creencias, diferentes formas de vida y diferentes crianzas, según las diferentes épocas. Busqué, a grandes rasgos, un sentido bien barroco, donde sobresalga la superposición, donde haya múltiples relatos, donde haya mucho color.

¿Qué recepción crees que tuvo la novela?

Una cosa que me está llamando la atención, algo que yo no veía tanto, tiene que ver con el humor, sobre todo con las escenas vinculadas a la niñez y a la adolescencia. No estaba en mí la idea de que fuera algo humorístico o que diera risa. También sobre las vivencias de la adolescencia y de la niñez, muchas lectoras se han sentido reconocidas en ese pasaje generacional. Las devoluciones que estoy teniendo tienen que ver, mayoritariamente, con esas dos facetas.

¿Por qué recomendaría leer Niñas vírgenes?

Más allá de que seamos un país laico creo que nuestra narrativa no habla de la religión y, sin embargo, tiene un montón de religiones. Pasás por cualquier barrio y hay un montón de iglesias evangélicas, templos enormes de Pare de Sufrir y me parece que ahí hay un montón de cosas para contar que nos están contando. Me parece que no está presente la religión en toda la diversidad que tiene el Uruguay. Y todo lo permisivo que es para la exploración de la fe. Acá [en Uruguay] hay mucha libertad y me parece que está bueno laburar con eso desde un lugar creativo. Por otro lado, creo que está bueno el tema de la lectura, porque en el reconocimiento de nuestro pasado, de laburar con él, más allá del dispositivo que sea -un libro, una pintura, etcétera- me parece súper terapéutico y que ayuda a reconocer un montón de cosas de nosotras mismas. Me gustaría que leyeran esta novela como parte de un viaje interior y ver qué encuentra cada persona con ese viaje que es la lectura, algo sumamente personal y solitario.

Fuiste galardonada por esta obra con el 2 º Premio Nacional de Literatura, ¿qué significó ese reconocimiento?

No me lo esperaba. Fue algo que realmente me sorprendió, sobre todo porque en la categoría narrativa se presenta muchísima gente, creo que es el género donde más concursantes hay. Esa sorpresa fue muy importante porque en el ensayo o en el registro académico siempre me sentí muy segura, siempre pensé que ese era mi terreno. Entonces, más que el reconocimiento de brillo, que obviamente un premio siempre te da, el reconocimiento personal de que me puedo animar a hacer otras cosas.

Actualmente, ¿está trabajando en algún otro proyecto?

Estoy por cerrar otra novela que no tiene nada que ver con esta, sino que toca algún punto que se ve que me inquieta que tiene que ver con el mestizaje, sobre todo porque veo que nuestra literatura es muy blanca. Me interesa indagar por ahí. Tengo la curiosidad de intentar latinoamericanizar la narrativa y en esas estoy. Es una novela que no transcurre en Uruguay y que aborda el tema del mestizaje y el duelo. Me cuesta ponerle punto final, pero la tengo que cerrar, soy de alargar este tipo de procesos. Además, estoy con otras investigaciones y con mi tesis doctoral.

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