Licio Gelli (*)
Gira en Uruguay
Rubén Darío: poeta universal y vínculo entre pueblos
Darío aceptó una invitación de los editores uruguayos Rubén y Alfredo Guido para dirigir las revistas Mundial y Elegancias y realizó una gira por América.
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Licio Gelli (*)
Rubén Darío (Félix Rubén García Sarmiento nació el 18 de enero 1867 en la ciudad Metapa, cerca de la actual ciudad de León), nicaragüense, es la figura más emblemática del modernismo (siglo XX) en la lengua española. Transformó radicalmente la poesía hispanoamericana gracias a su rica musicalidad, su exploración de imágenes simbólicas y temáticas cosmopolitas. Su nacimiento es como una estrella que iluminó el mundo entero con la literatura.
En el norte de Nicaragua, en el departamento de Matagalpa, se puede visitar su casa-museo natal, sencilla de adobe con tejas, conservada y preservada con esfuerzo por parte del gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional. En esta casa Rubén Darío pasó los primeros días de su vida.
Desde muy joven, Darío se sintió inspirado por las raíces culturales de nuestra patria, lo que se evidencia en obras tempranas como Epístolas y Poemas (1884), donde comenzaba a moldearse como autor. En su famosa antología Cantos de vida y esperanza (1905) alcanzó la consagración, mostrando una voz profundamente renovada, sofisticada y existencial.
En 1912 Darío aceptó una invitación de los editores uruguayos Rubén y Alfredo Guido para dirigir las revistas Mundial y Elegancias. En ese contexto realizó una gira por América, incluido Uruguay.
El 28 de junio el vapor “Hollandia” llegó al puerto de Montevideo. En la mañana desembarcó Rubén Darío acompañado de intelectuales como José Enrique Rodó, Delmira Agustini, Carlos Vaz Ferreira y otros.
Aclamado por la multitud, vestido impecablemente —de traje gris a la inglesa y corbata marrón con alfiler de oro—, Darío comenzó una estadía que marcaría un hito en la relación cultural entre Uruguay y Nicaragua. La misma fue promovida como un gran evento cultural, y Darío fue recibido como una figura de alto prestigio.
A pesar de que no vino como diplomático formalmente acreditado en Uruguay, sí fue tratado con todos los honores de un embajador de la cultura hispanoamericana, siendo recibido por autoridades, intelectuales y el propio presidente Batlle y Ordóñez. Su salud en aquel tiempo era frágil e igualmente participó de un imponente banquete en Parva Domus ofrecido a las residencias culturales. El 9 de julio fue homenajeado en el Teatro Urquiza y el 11, en el Teatro Solís. El 13 habló elogiando el Uruguay ante el presidente don Batlle y Ordóñez, siendo recibido en su residencia de Piedras Blancas. Concluyó su gratitud diciendo que ni los festines divinos superarían aquellos encuentros, y hasta solicitó hacerse natural de Uruguay.
Anécdota memorable: durante un homenaje, Darío, en un acto de galantería, se inclinó para besar la mano de la célebre actriz Jacinta Pezzana en el palco del Solís. Fue un gesto clásico del caballero épico y galán literario, manteniendo su aura romántica.
Disección poética: el 17 de julio leyó un soneto dedicado a Montevideo en el Ateneo, expresando su emoción por la belleza y la hospitalidad del país.
Después de visitar la capital montevideana, su gira se extendió al interior uruguayo:
• En San José el 29 de julio impartió conferencias como “A través de mi obra”.
• En Paysandú estuvo cinco días enfermo afectado por el hígado. Su enfermedad lo obligó a recluirse, temeroso por su continuar poético y personal. Transcurrió los días en el Hotel Concordia, y dictó allí la misma conferencia en el Teatro Progreso, consolidando el eco de su legado.
Con estas instancias Darío quiso, además de respaldar su popularidad, estrechar sus lazos culturales más allá de la capital.
El poeta Rubén Darío conocía desde ya la cultura poética de Uruguay. Delmira Agustini, joven poetisa uruguaya, recibió del propio Darío un elogio apasionado. Él la situó como una voz lírica femenina sin precedentes en la poesía castellana, equiparándola con Santa Teresa. Su encuentro en Montevideo fortaleció el vínculo literario entre ambos países. Por su parte, José Enrique Rodó, gurú del pensamiento uruguayo, formó parte del círculo de admiradores de Darío, nutriendo la corriente modernista latinoamericana.
Uruguay–Nicaragua: un lazo cultural más allá de la diplomacia
Los vínculos modernos se iniciaron con esos intercambios literarios:
• En 1998 se firmaron varios acuerdos culturales entre ambos países —intercambio académico, turístico, y específicamente cultural— promoviendo la difusión mutua de imágenes nacionales.
• El Premio Internacional de Poesía Rubén Darío, creado por Nicaragua, es ejemplo evidente de la vigencia y permeabilidad de su legado en la región.
Sin olvidar los lazos dentro de foros como CELAC y la OEI, donde ambos países comparten iniciativas artísticas de varios rubros.
En su obra, Darío captó la esencia nicaragüense: volcanes, la ciudad colonial de León, la mística y leyendas, transformándolos en poesía universal. A su estilo, también inmortalizó Montevideo con versos que evocan sus cielos, su paz y belleza, como lo recogió en su soneto en el Ateneo uruguayo.
Su poesía y presencia física en ambos países tejieron un puente/conexión cultural que trascendió fronteras, integrando lo local y lo universal.
Conclusión
Rubén Darío no solo fue el impulsor del modernismo, sino un arquitecto de puentes culturales entre Nicaragua y Uruguay. Sus estancias y homenajes en Montevideo y ciudades del interior crearon una corriente mutua de admiración. A través de su palabra poética y su proximidad humana, integró ambos países en una narrativa de belleza, hospitalidad y compromiso de pluralismo y patrimonio cultural. Hoy, su influencia perdura: premios, estudios, festivales, lecturas compartidas, memoria viva. A más de un siglo de su gira, el espíritu dariano sigue latiendo, recordándonos que la poesía puede unir continentes y corazones.
(*) Embajador de Nicaragua en Uruguay