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Editorial gobierno | derecha | AFAPs

AFAPs

Errores gigantes

Ya no cabe la menor duda de que el Gobierno encabezado por Yamandú Orsi prefiere chocar con la gente cuyo interés debería representar antes que enfrentarse con la derecha.

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Cuando parecía recuperar el control de la agenda, luego de la presentación de un proyecto de Rendición de Cuentas más ambicioso en términos de la búsqueda de atender la pobreza infantil, la inseguridad y la problemática de la situación de calle, dos desaguisados inesperados y, francamente, inexplicables vuelven a enfrentar al Gobierno con su base social y electoral: la participación en la cumbre macartista de Marco Rubio y el desconocimiento del acuerdo alcanzado en el Diálogo Social sobre las AFAPs.

En el fondo de las dos decisiones, que añaden nuevas discordias entre el electorado frenteamplista, además del movimiento sindical, con el Gobierno, se encuentra algo conceptualmente similar: la imposibilidad de las autoridades de hacer frente a las presiones de los Estados Unidos, en un caso, y del mercado financiero, en el otro, que, por cierto, pueden terminar siendo lo mismo, toda vez que el poder real es el poder real y reside allí donde se entrecruzan, se solapan, donde confluyen los intereses del capital y los del imperio.

Ya no cabe la menor duda de que el Gobierno encabezado por Yamandú Orsi prefiere chocar con la gente cuyo interés debería representar antes que enfrentarse con la derecha. Eso es así, sobre todo en los temas cruciales de la política internacional y de la política económica, dos terrenos donde directamente se desempeña con altísimo grado de continuidad en relación con el gobierno anterior, más allá de matices imperceptibles y pese a que la oposición no le brinda ni un minuto de tregua a su gestión, le retacea votos en el Parlamento, sabiendo que el Gobierno no tiene mayoría propia, y le ataca hasta personalmente, en un ejercicio completo de destrucción de la imagen del propio presidente.

Así las cosas, el Gobierno actuó sin tomar en cuenta ni a sus bases ni a sus principales aliados, como el movimiento sindical, y quedó ubicado en una posición sumamente incómoda: el jueves pasado, permitió que Marco Rubio despliegue ante la representación del Estado uruguayo su retórica fascista justificada en el combate a un inexistente resurgimiento de un terrorismo de izquierda, conformando una liga o “coalición” —así la llamó el secretario de Estado de EEUU— con foto de familia y bandera desplegada, bandera uruguaya que, por cierto, aportó la propia Embajada al desgraciado encuentro, por lo que se comenta en los corrillo. Esta semana la arrancó comunicando que enviaría el proyecto de ley sobre seguridad social, pero sin incluir ese acuerdo fundamental sobre las AFAPs, que suponía la desvinculación del trato directo de las AFAPs con los usuarios, a cuyo efecto se iba a crear un organismo que administrara los conjuntos de usuarios, de modo que las AFAPs debieran licitar por ellos, ofreciendo menores comisiones y mejor rentabilidad para la gente.

El costo de desconocer este acuerdo es la ruptura de la confianza. No se puede alcanzar un acuerdo discutido durante casi un año, en un punto que fue una propuesta del propio Gobierno, y después de comunicarlo, someterse a un régimen de sesiones semanales reservadas con las AFAPs durante sesenta días que termina fraguando una traición. Es un escándalo y el argumento para hacerlo de que habían subestimado el papel percibido de las AFAPs en el mercado financiero, “de los que financian al Gobierno”, es como decir que encontraron el límite de nuestra soberanía, la puerta del infierno, más allá de la cual hay que abandonar toda esperanza.

¿Cómo se arregla esto? Solo es posible con la intervención decidida de la fuerza política. De otro modo, los números de esta gestión no tienen piso.