Esta vez, el panorama es mucho peor, porque tampoco Cabildo Abierto aparece con ganas de votar y hay un riesgo real de que no se apruebe la Rendición en general y quede por el camino la posibilidad de analizar el articulado. Porque sin aprobación en general se cierra el proceso íntegramente y el Gobierno tendrá que recurrir a otro tipo de instrumentos, cuando existan, para llevar adelante su programa, pero no podrá recurrir al más inmediato, razonable y apropiado que es la discusión parlamentaria sobre la asignación de los dineros públicos.
Ma allá de los discursos políticos, clausurar la rendición es clausurar los proyectos contenidos en ella en relación con las transferencias unificadas y fortalecidas para la primera infancias, los recursos para fortalecer a la Policía y a la seguridad pública, los dineros para atender la emergencia de personas en situación de calle y los recursos para la educación, entre ellos los recursos para becas para quienes más las necesitan en todos los subsistemas de la enseñanza, y la exoneración de impuestos a los materiales de construcción para las cooperativas de vivienda. Si la oposición realmente pretende poner de rehén a la gente rechazando todo por un cálculo político electoral a más de tres años de las próximas elecciones, entonces hay que denunciarlo. La gente lo tiene que saber y que cada cual se haga cargo de sus posturas obstruccionistas, porque no hay ninguna duda de que se orientan por el principio del palo en la rueda, de configurarse como máquinas de impedir y no de contralor, negociación y cooperación institucional.
El Gobierno atraviesa un momento malo, no tanto en los resultados económicos de la gestión que viene desarrollando, en la que se puede dar cuenta de un aumento de los ingresos reales de la gente, una disminución sostenida de la inflación, un crecimiento no muy brillante, pero crecimiento al fin y tranquilidad en el ámbito de la expectativas, de la moneda y de las instituciones, pero atraviesa un muy mal momento en la imagen pública, en la valoración ciudadana de su gestión. Este momento golpea especialmente al presidente, pero no solo. Son pocos, en los hechos, si es que alguno, los que se salvan del cuestionamiento que muestran los sondeos de opinión pública. La derecha, que ha registrado estos niveles, inesperados por lo rápido, de deterioro de la imagen del presidente y del Gobierno, parece haber adoptado una postura de pegar en el suelo, de tiro de gracia, confirmando el célebre aserto de Mirtha Legrand: “Como te ven, te tratan, y si te ven mal, te maltratan”.
Sin embargo, falta mucho para que termine este período y es responsabilidad de la fuerza política y del Gobierno dar la pelea para revertir la situación, presionando, negociando, discutiendo en el espacio público, movilizando si es posible y dando la lucha sistemática por avanzar en el programa, que es lo mejor que se le ofreció al país en las últimas elecciones. No se puede tirar la toalla ni gastar tiempo en lamentos y quejidos. Hay que gobernar con lo que se tiene, con lo que se puede y contra los que se cuadren, porque lo importante es siempre actuar en el beneficio de los más débiles. Y si no llega a haber votos para la rendición, habrá que tomar medidas administrativas y destinar los recursos por el procedimiento que se pueda. Pero los niños, la seguridad, la educación deben estar por encima de la política del obstáculo.