Por Alfredo Percovich
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Cada día son más los y las militantes sociales que salen a librar batallas silenciosas. Lejos de resignarse, caminan, educan, curan, alimentan, cuidan, cantan y hasta corren maratones barriales repletas de almas.
En la lógica de las perillas y a partir de la llegada del coronavirus a nuestro país, las personas con discapacidad han sido relegadas al modo mute en muchos medios de comunicación, así como también en las cadenas oficiales de la Torre Ejecutiva. Voces que han sido históricamente silenciadas ahora se enfrentan a una coyuntura aún más desigual que siempre en la defensa de sus derechos. En este espacio de ideas y coversatorio, dialogamos con Martín Nieves, trabajador de la educación y militante de la construcción, sobre cómo ha impactado la emergencia sociosanitaria en la vida cotidiana de las personas con discapacidad, en el acceso al trabajo y en los vínculos intrafamiliares. Nieves habló de violencia, hambre, desprecio, estigmatización y descarte. Pero también de los espacios de formación, el tejido social de protección, la defensa de los derechos adquiridos, la pelea por los que faltan y la batalla cultural imprescindible para pensar y construir otro futuro posible.
«Desde la Secretaría de Discapacidad del Pit-Cnt estamos analizando las salidas posibles a la crisis en clave de inclusión, porque las organizaciones sociales del colectivo de personas con discapacidad lucharon durante más de 60 años para reivindicar los derechos, no solamente los vinculados a la salud y la educación, sino los relacionados a la participación social y el trabajo, y nos preocupa especialmente que estamos en una coyuntura de riesgo de quiebre de ese paradigma. Por ello, creemos que no solamente se debe pensar una estrategia a nivel nacional, sino continental, que implique a todas las organizaciones y colectivos vulnerables, en particular las personas con discapacidad. En este marco, comenzamos a planificar una gran movilización continental para el 3 de diciembre, en el Día Internacional de los Derechos de las Personas con Discapacidad. Ya estamos analizando las diferentes realidades y problemáticas, para comprender cuál es la situación de cada país para poder ir desarrollando una hoja de ruta hacia la movilización internacional de diciembre».
¿Cómo impactó la pandemia, a nivel continental, en materia de derechos para las personas con discapacidad?
De manera muy fuerte. A nivel de Latinoamérica, se habla en términos de supervivencia, en relación a derechos básicos de determinados colectivos. En un panorama de los CTI desbordados, con la salud tensionada y ante la falta de recursos para todos, ya se está visualizando qué personas tienen derecho a sobrevivir o no.
En otros países como Finlandia o Nueva Zelanda, se ha empezado a impulsar la idea que las personas con discapacidad no deben ‘caerse por las grietas’. Esas son las expresiones que utilizan porque se está dando una discusión ético filosófica en relación a si los recursos de salud -que son finitos- deben corresponder a todos o a una parte de las personas. En ese campo de discusión con la salud como eje principal, se está viendo -y en Uruguay nos está pasando- que los colectivos de las personas con discapacidad están renunciando a determinados derechos para poder mantener otros.
¿Por ejemplo?
En distintos planos, en relación al trabajo inclusivo o teletrabajo, al uso de los tapabocas accesibles o el derecho a la lengua de señas uruguaya. En relación a la comunicación, estamos en una etapa de necesidad de información amplia, accesible, que garantice la cobertura a todas las poblaciones. Sin embargo, hemos visto de qué forma se ha acotado el espacio informativo con intérpretes de lengua de seña. Son todos aspectos preocupantes y que pensamos se deben abordar con mirada colectiva y cotejando experiencias de otras realidades para pensarnos juntos. Por ello tenemos previsto concretar dos encuentros virtuales vía Zoom para julio y setiembre, con la mayor cantidad posible de sindicatos participantes de distintos países y distintas realidades.
Al mismo tiempo, estamos pensando en llevar posturas concretas a la negociación colectiva para que en las rondas de los Consejos de Salarios se incluya con más fuerza la temática de la discapacidad.
¿De qué forma se puede mejorar esa incidencia?
En las cláusulas hay ejes que tienen que ver con los cuidados, con las licencias especiales, los derechos de los padres con hijos con discapacidad, el retorno al trabajo luego de un accidente, la formación para los trabajadores que reciben a otros trabajadores con discapacidad y distintas medidas de acción afirmativa como son los porcentajes de ingreso para los trabajos a término, zafrales, tercerizados.
¿Persiste esa mirada estigmatizante que considera dichas cláusulas como un gasto?
El prejuicio y el preconcepto de que la persona con discapacidad no es trabajador productivo lentamente vienen perdiendo fuerza, pero siguen estando subyacentes. Ese es uno de los riesgos de que salgamos con un retroceso en la visión de los colectivos de las personas con discapacidad, que vuelvan a ser esta legión de trabajadores de reserva o trabajadores descartables, que no son necesarios, porque no se los considera productivos y por tanto no merecen ser contemplados.
¿Qué acciones concretas se requieren de manera urgente y a corto plazo?
Lo primero es una solución inmediata que implique una renta básica o de una protección de seguridad social que contemple a los colectivos que no van a poder salir de la crisis con un empleo. Lo segundo tiene que ver con los sindicatos y las organizaciones sindicales promoviendo la incorporación de más trabajadores en el ámbito laboral y lo tercero tiene que ver con una movilización que en alguna medida dé cuenta de la necesidad de no invisibilizar a un porcentaje muy grande de la población que, al no estar circulando con normalidad, queda aislada.
¿Cuáles son los mayores impactos que tiene la LUC para la discapacidad?
La LUC, como estrategia de interés o de agenda de gobierno, mencionaba mucho el tema de la discapacidad, pero distintos artículos fueron quitados. La discapacidad se mencionaba unas 15 veces, estaba incluida en seis artículos, tres de los cuales eran centrales. Se quitaron y se pasó a una comisión del Poder Legislativo que estudiará distintos aspectos de la discapacidad. Es decir, el tema sigue estando arriba de la mesa, pero la discusión se dará con otros tiempos. Esperamos que haya una participación real de las organizaciones sociales y que no sea simbólica, con apenas unos minutos para hacer acto de presencia. O que nadie piense que es un tema laudado porque ya hay cuatro proyectos vinculados a la discapacidad en el Senado y que con eso se van a subsanar las necesidades.
¿Todos los sindicatos tienen su comisión, secretaría o área de discapacidad?
A partir de la definición del XIII Congreso Nacional del Pit-Cnt, cuando pasamos a ser una secretaría, muchos sindicatos fueron incorporando la temática y fueron integrando compañeros a distintas comisiones de discapacidad.Ahora lazamos un curso de formación de sindicalismo y discapacidad, con decenas de compañeros inscriptos, lo que indica una buena señal. Los que aún faltan se van incorporando a la temática y seguramente pronto se crearán las comisiones de discapacidad en los sindicatos que aún no las tienen. Al mismo tiempo, tenemos compañeros de todo el país que están participando en las instancias de formación en la temática.
¿Cómo empezaste a trabajar con la discapacidad en el movimiento sindical?
Intenté vincular a las organizaciones sociales de personas con discapacidad con el movimiento sindical, me parece que llegué en un momento en el que se pretendía avanzar en la temática. En el sindicato de la construcción (Sunca) se generaron espacios de participación muy valiosos. De todos modos, creo que persiste una falsa dicotomía entre ‘saber o no saber’ del tema y dar la pelea. Me parece que los compañeros se animan cada vez más a dar la pelea en los sindicatos y los tecnicismos y la información se van incorporando después. El curso que comenzó ahora, a pesar de la crisis, tiene una participación muy contundente del Instituto Cuesta Duarte y se logró una alta participación con gente que se inscribió de distintos países de América Latina. Esa también es una forma de generar masa crítica y lograr que los trabajadores y los sindicatos estén convencidos de que es necesario dar la pelea por la temática de la discapacidad.
Eso ha sido en términos teóricos y de formación. Hablemos de las experiencias en el día a día, en territorio.
Por ejemplo, con las brigadas Agustín Pedroza (Sunca), apoyando desde esta secretaría a los compañeros de la construcción, reparando y mejorando las condiciones habitacionales de los compañeros con discapacidad. Eso lo hacemos en un marco inclusivo, por lo tanto en esos espacios nos vamos a encontrar con compañeros con discapacidad colaborando para mejorar las viviendas de otros colegas. No importa el grado de dificultad o el tipo de discapacidad, los integrantes van.
Tenemos un compañero en silla de ruedas que va con su soldadora y su amoladora a cortar y soldar; un otro que tuvo un accidente de tránsito y va igualmente a pintar, a acarrear baldes y remodelar; tenemos compañeras sordas que van a pintar y a trabajar cargando baldes, ayudando a decorar ambientes, entre otras cosas. En ese proceso de construcción y de reparación, también nos fortalecemos como secretaría y como organización. Después de que terminemos esta vivienda, haremos un buen asado como corresponde en la casa de Tito en Colón. Ya tenemos otra vivienda que nos espera en Lagomar para ir a reparar la planchada de una compañera a la que se le está lloviendo su casa. En el peor contexto de la crisis sanitaria, ahí están las brigadas, ahí está el movimiento sindical, las personas con discapacidad dándoles una mano solidaria a otras personas con discapacidad.
Hace unos años, nos conocimos cuando desarrollabas una experiencia fantástica de equinoterapia en un asentamiento. ¿En qué está eso?
Me cambiaron de escuela, pero los gurises me siguen llamando, me cuentan cómo están y me muestran los caballos. Son divinos, me preguntan cuándo voy a ir a verlos.
Desde el movimiento sindical los estamos apoyando porque armaron un par de ollas ahí y estamos tratando que no queden aislados. En esta crisis, estamos intercambiando con esos adolescentes que andan un poco solos, viendo en qué andan sus hijos que se están criando en plena crisis, tratando de arrimar algún insumo. Esos gurises con los que estuvimos cuando comenzaban la escuela, este año van a estar terminando un ciclo básico de Formación Profesional Básica (FPB). Por suerte pude mantener contacto con esa barra. Este año los habíamos sacado a correr. Habíamos conseguido un muchacho que es maratonista y empezamos a ir a una 5K, después a otras y al final los chicos cada dos meses tenían una carrera. Muchas veces pasaba que cuando los jóvenes no toleraban el ambiente dentro de sus casas, salían a hacer un poco de deporte, a correr y se preparaban para la carrera siguiente. Ahí anduvimos con una barra de diez muchachos, más o menos, corriendo por todo Montevideo. Ellos corriendo y nosotros caminando (risas). Es que las estrategias de la inclusión a través del deporte son un ejemplo bien concreto de lo que podemos hacer.
¿Hay forma de saber qué ha sucedido en materia de violencia intrafamiliar con las personas con discapacidad durante esta pandemia?
Los vínculos familiares en muchos casos han estado tensionados y exigidos. En relación a las familias con discapacidad, vemos que muchas ya no dan más con este sistema de aislamiento. Necesitan participación, tanto los gurises como la propia familia. Por otra parte estamos en contacto permanente con el Sindicato Único de Asistentes Personales (SUAP), otro tema complejo porque hay más de 5.200 personas entre adultos y niños con discapacidad severa que están recibiendo un 100% de cobertura por parte del Sistema de Cuidados. Son familias muy pobres y los chicos pierden espacios de socialización. Esas familias con gurises con discapacidad o con un adulto con dependencia severa la están pasando muy mal.
¿Cómo ha incidido el aislamiento en materia de violencia de género para las personas con discapacidad?
En la secretaría tenemos compañeras y compañeros que están trabajando el tema de género y discapacidad, que están muy atentos a que el contacto no se pierda, que no se corten las redes de comunicación. Hemos elevado algunas cartas a Inmujeres para que los servicios de atención a la violencia doméstica tengan algunas características específicas, ya que dichos servicios vienen fallando en la medida que no son inclusivos.
Hemos visto dificultades para acceder a las redes de protección, así como también para el acceso a las canastas. Nuestra compañera Magela Brun está al frente de esa temática y desde allí estamos alertas a las señales que se reciben para dar respuesta a quien la necesita. Como todo proceso de aislamiento y de invisibilización, hay que romper esas barreras. Si no tenés idea de lo que está pasando, no se puede actuar.
En esta crisis, ¿viste algo que te golpeó especialmente?
Sí, por supuesto. Un día teníamos once canastas de alimentos para entregarles a familias vulnerables con discapacidad. Las habíamos dejado todas pero quedaba una sola y la familia nos estaba esperando. Pasamos por una esquina y vi a dos gurises adolescentes, vestidos como para el liceo, metiéndose a ‘volquetear’. Se me hizo un nudo. Tuve que definir entre dar una canasta para un compañero con discapacidad o a un adolescente que recién está comenzando. Y acordándome de las peores épocas de la crisis de 2002, cuando miles de familias enteras tenían que salir a buscar comida; pensé que muchos de aquellos gurises perdieron su adolescencia. La canasta fue para los adolescentes, pedí disculpas en la secretaría y salimos a rascar para recuperar rápidamente la otra canasta. Eso es lo más duro, en plena crisis tener que andar repartiendo miseria. Eso es sumamente complejo. Siento que nos quitaron un piso de referencia que vamos a tener que volver a construir de nuevo, y en eso estamos. Muchos militantes sociales estamos dando la pelea. Esto es por el hoy, pero también a mediano y largo plazo. Vamos a pelear por lo concreto del día a día y también a dar la batalla de ideas por un cambio cultural. Tenemos que salir adelante.
Eso es algo que no deberíamos perder, dar la batalla concreta por la subsistencia y también la batalla cultural por un cambio de paradigma social de convivencia.