Gerardo es uno de los cuatro hijos de Eduardo Bleier, cuyo cuerpo fue hallado en el Batallón Nº 13 e identificado esta semana. Nos recibió en su estudio para compartir sus pensamientos y sus emociones luego del hallazgo y analizar el propósito de la desaparición de su padre y el salvajismo con el que fue torturado: “En la estructura cultural del fascismo hay un antisemitismo y un anticomunismo paralelos”.
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Esta semana el Equipo Argentino de Antropología Forense determinó que los restos hallados el 27 de agosto en el Batallón Nº 13 pertenecían al militante comunista Eduardo Bleier, odontólogo, secuestrado en octubre 1975 y presumiblemente asesinado en julio de 1976. ¿Qué sentiste cuando te enteraste de que los restos pertenecían a tu padre?
La primera reacción, emoción, porque eran las dos cosas. Yo creo que la expresé bien en una red social porque tiene esa cosa de la espontaneidad: “Estuvo siempre ahí y lo encontramos”. El “estuvo siempre ahí” tiene muchos contenidos y de muy diversa naturaleza. En primer lugar pone en evidencia el contenido barbárico de quienes ocultaron la verdad, puesto que allí estuvo durante 42 o 44 años y fue deliberadamente ocultado. ¿Para qué? Para que no se conociera precisamente la barbarie. Esa fue la reacción espontánea, luego, como soy un admirador de Hannah Arendt, y ya desde hace muchos años esa admiración me ha ayudado a dignificar mi forma de participar en la vida, de vivir, vivenciar la vida, esta noticia cae en alguien que ha hecho un esfuerzo por comprender -por eso citaba a Arendt-, y la comprensión es el primer peldaño que hay que subir para construir, a partir de hechos, una teoría de la transformación de la sociedad, una cosmovisión que permita vivir dignamente, construir felicidad, que también es otra manera de derrotarlos. Porque, naturalmente, ¿qué es la desaparición forzada? Es el acto barbárico mismo, el encubrimiento de ese acto barbárico, pero también la pretensión de atemorizar a la sociedad: un mensaje de que “de esto somos capaces” dirigido a la sociedad que pretende transformarse democrática e igualitariamente, “de esto somos capaces”.
Cuando hablás de comprensión, ¿a qué te referís? ¿A una comprensión profunda, una comprensión política de lo que hicieron?
Una comprensión racional, no de lo que hicieron. Estamos entrando en un tema vasto, pero los seres humanos somos esencialmente praxis, interrelacionamiento con la naturaleza que transformamos y al transformarla nos transformamos a nosotros mismos -eso es Marx-: una vez que eso nos constituye como autoconciencia de la naturaleza, porque nos relacionamos con la materia y con la naturaleza, esa misma lógica nos fuerza a comprender para qué, para perfeccionar nuestra potencia de libertad. Los detenidos desaparecidos, aunque no lo expresaran como yo expreso este pensamiento, que es medio filosófico político, eran esto: eran individuos que habían decidido entregar sus horas y sus días para participar en un proceso que potenciara la capacidad de libertad de todos los individuos. Lo contrario, por eso mismo, es el fascismo, cuya lógica es la lógica de un grupo que concentra el poder. Que porque ha obtenido, no importa cómo, privilegios económicos, se arroga el derecho de dirigir a la sociedad eternamente como si fuesen ellos los elegidos por un designio divino. Y, entonces, sobre la base de esa lógica cultural, pretenden imponer a los demás las normas de convivencia, lo que es bueno y lo que es malo. El fascismo fue una reacción a los procesos democratizadores de la sociedad. En la América del Sur de los 60 los trabajadores comenzaban a tener una capacidad muchísimo mayor de influencia sobre la realidad social, se habían organizado los movimientos sindicales unitarios, porque surgían partidos políticos de izquierda y organizaciones unitarias. Esa comprensión de todo este conjunto de fenómenos y muchos otros que no podemos, naturalmente, analizar en un espacio reducido, me permite interiorizar esta experiencia. Es durísima, sí, lo es. Es existencial y humanamente durísima. Hubo un momento en que los familiares de detenidos desaparecidos perdimos la esperanza de poder encontrar los restos con todo aquel relato construido de que todos los detenidos desaparecidos habían sido exhumados para, justamente, ocultar el acto de barbarie que había significado el propio hecho de la desaparición.
Lo que era una segunda desaparición.
Lo que era desaparecer a los desaparecidos, efectivamente. Pero, además, el relato, que puede tener contenidos de verdad en algunos casos -y tenemos que saber esta verdad de una vez por todas-, hablaba de la cremación
En el caso de tu padre, era la exhumación, la cremación y la dispersión de las cenizas.
La dispersión de las cenizas entrañaba, como ahora estoy hablando, desde el punto de vista individual como familiar, la expectativa de encontrar los restos y hacer el duelo como lo hice el otro día frente a sus restos solo, rememorando lo que me dejó como contenido genético y político cultural, que toda la vida tratado de honrar, frente a esos restos yo puedo comenzar a sanar en un sentido mucho más profundo, en el sentido histórico religioso. Incluso de poder despedir a quien nos dio la vida. En el caso de Bleier, aquellos que lo conocieron por su temperamento y su carácter sabemos que su forma de descansar en vida es haber dejado memoria de lucha para transformar la sociedad.
Porque además tu padre fue un militante incluso con responsabilidades; era secretario departamental de Finanzas del Partido Comunista. Los testimonios de las personas que lograron verlo mientras estaba en cautiverio hablan de una actitud de entereza frente a los militares muy fuerte. Recuerdo algunos, en particular, que lo recuerdan diciéndole a los torturadores “no tengo nada que hablar con ustedes” o responder a la tortura con un “viva el Partido Comunista, mueran los militares”.
¡O cantos! Cantar para que la gente se expresara, de esto se sabe poco. Mi padre sabía que podía pasar esto, obvio, aunque estaba inmerso en una lógica política cultural uruguaya, que había construido una tal calidad de democracia, que subestimó la posibilidad de que el fascismo accediera a controlar íntegramente el poder del Estado. Pero se prepararon, porque una cosa es que subestimaron la importancia del fenómeno en el contexto regional, la Guerra Fría, etcétera, pero eran políticos profesionales y se prepararon. Mi padre estudió algunas técnicas vietnamitas para autoperder la conciencia frente al salvajismo de las torturas, para poder evitar justamente ser quebrado, como lo evitó, y como lo dicen todos los testimonios, a pesar de que fue enterrado vivo, se le hizo caminar gente por encima, lo torturaron en algún lugar, lo llevaron al Hospital Militar, lo “recuperaron”, lo llevaron al otro y obviamente se les murió en la tortura.
Había una especial saña.
Especial saña por muchas razones, siempre en la estructura fascista.
Además, porque los militares eran antisemitas.
En la estructura cultural del fascismo hay un antisemitismo y un anticomunismo paralelos. Porque además asocian que, como hubo tantos judíos en el origen de la construcción del movimiento obrero internacional, en los consejos revolucionarios de la Europa de principios de siglo, la reacción fascista, la aristocracia que era elitista, creía que era la única en condiciones de gobernar, y asociaba a los judíos a la burguesía creadora capitalista, no al terrateniente designado por un rey para poseer la tierra, sino al que la generaba mediante praxis productiva. Y los comunistas, que venían a transformar eso, en los esfuerzos de socialización de algunos medios o, al menos, en el cambio de las reglas de juego: el derecho de propiedad no iba a ser eternamente un derecho determinado por los dioses, sino el resultado de la evolución de la producción humana para satisfacer sus necesidades y emplear sus potenciales de libertad. No se puede hablar del conflicto oligarquía-pueblo, entre otras cosas, porque el pueblo ha logrado generar instrumentos y realizar construcciones que le otorgan una enorme capacidad de influencia en la realidad práctica de la administración de la cosa estatal, pero llegamos a eso porque en los 60 algunos teóricos formidables, como Arismendi y Massera, y algunos prácticos con carácter y capacidad ejecutiva y resolutiva, como Eduardo Bleier, crearon las condiciones para que los trabajadores organizados tuvieran cada vez más influencia en la sociedad y, por lo tanto, generaran procesos de democratización de las relaciones sociales. Eso fue lo que provocó la reacción oligárquica, así como había ocurrido en la Europa de los años 20 y, con mucho más énfasis, después de la revolución de los bolcheviques. Esos fenómenos ahora en Uruguay no se pueden reproducir porque gente como Eduardo Bleier generaron las condiciones, por ejemplo, para financiar todo el proceso de la fundación del Frente Amplio. Porque cuando los trabajadores se organizan y aspiran a influir más decisivamente -diría Gramsci- en la disputa hegemónica por el control del aparato del Estado, los grupos de privilegio acostumbrados a mandar casi monopólicamente, a veces durante 1.000 años, sobre todo los asociados al catolicismo conservador, reaccionan histéricamente, y eso es parte del fascismo, y ese odio estaba y estuvo en el salvajismo con el que torturaron porque querían desarticular ese aparato.
Cuando te referís a una comprensión racional, ¿vos pensás que este modelo de saña y desaparición quiso transmitirle un mensaje a la sociedad, además de encubrir los delitos?
Lógicamente, quiso emitir el mensaje de mando, autoritario.
Un mensaje que trascendiera las épocas.
Un mensaje contra cualquier intento de organización de los trabajadores para transformar la sociedad, como miedo, por eso era el hecho mismo de la desaparición forzada, la transmisión del miedo, la generación del miedo. Así como destruir la personalidad de los presos, así como hicieron ellos, también en la lógica de tratar de desarticular las estructuras con las que todavía resistía la izquierda de los movimientos obreros. Así, esa lógica de salvajismo dejó fenómenos irresueltos para reproducir ese hecho eternamente; si nosotros como familiares dejábamos que eso nos derrotara, le transmitíamos a la sociedad ese mismo espíritu de derrota y de impotencia, y la sociedad no se transforma con impotencia, se transforma con voluntad transformadora, con dignidad, con alegría de vivir, con seriedad y responsabilidad a la hora de la praxis, que ese es un componente muy importante en la personalidad de Eduardo Bleier, por eso, a mi juicio, me parece, esta enorme, abrumadora expresión de solidaridad social frente a la aparición de los restos, porque es una nueva derrota del fascismo. Y mucho más, y esto lo digo tentativamente, porque esto creo que hay que pensarlo mucho, a mí me parece que intuitivamente las sociedades latinoamericanas, habiendo fenómenos como Trump o Bolsonaro, que pueden encandilar por un momento porque vienen con el tema de la autoridad, de que van a resolver todo el tema de un día para el otro a martillazos, hay como una racionalidad emergente que dice, “no, esto no”, “no pasarán al fascismo”, como en la República Española. Y creo que esto condensó eso: hay sectores de la sociedad amplísimos que se expresaron con una calidez, con un humanismo democrático, hondo que, a mi juicio, tiene algo que ver, además de con el hecho mismo que conmueve, también con esa intuición de que frente a estos fenómenos de los grupos de privilegio histéricos frente a los fenómenos de democratización de la sociedad que están teniendo lugar en muchas partes del mundo, hay que poner firmeza en la defensa de la cultura democrática.
Gerardo, ahora que sabemos que los testimonios de los militares, incluso muchos de los que recogió la Comisión para la Paz, evidentemente fueron falsos, de otro modo no habrían aparecido los cuerpos que aparecieron, me refiero a Ubagesner, me refiero a Miranda, a Eduardo en lo que fue el “300 Carlos”, en tu opinión, ¿hay más cuerpos para hallar?
Creo que tenemos que hacer el esfuerzo más absoluto y profesional para hallarlos, sin duda, y creo que podemos hallar algunos más, también. Pero, por aquello que decía aquel viejo revolucionario de que la verdad es revolucionaria -es tan sanador ese concepto en todo sentido y tan importante y trascendente-, también hay que señalar que tenemos elementos para pensar que para encubrir la barbarie, sobre todo el asesinato masivo de los presos que trajeron en el segundo vuelo y su ejecución y posiblemente el enterramiento en una fosa común -es el fascismo puro-, frente a ese hecho sabemos que hubo -pero tenemos que saber la verdad entera- una acción orientada a exhumar los restos para encubrir, para que ningún posible esfuerzo como el que hicimos durante años y años, en los que llegamos a avanzar en la ruptura de esa impunidad, se encontrara con eso. Porque no hay que olvidar que la dictadura uruguaya procuró diferenciarse en cuanto al salvajismo de las dictaduras de la región. Y eso es absolutamente falso, aun sin esto, porque no hubo ninguna otra dictadura que planificara tan profesionalmente la destrucción de la personalidad de los miles y miles de presos que hubo en Uruguay, que es una de las cifras más altas en la historia de la humanidad en relación a la población demográfica. Entonces, ¿tú crees que la sociedad uruguaya hubiese racionalmente considerado, como lo hizo, que para generar los niveles de estabilidad democrática había que apoyar la ley de caducidad si hubiera sabido estas verdades? Esta fue la razón del encubrimiento y de la operación de encubrimiento.
Consagrar la impunidad.
Consagrar la impunidad porque la evidencia de esta barbarie de desaparecer a los desaparecidos, de ocultar la verdad -y aún todavía no sabemos cómo lo hicieron, cuándo lo hicieron- no reconocerla, crear una omertá mafiosa para encubrir la verdad, activar contra los periodistas que investigaban, robar las computadoras, desorientar con operaciones de contrainteligencia cuando se estaba por acceder a la verdad y hacernos canalizar esfuerzos equivocados en esa desesperada búsqueda. El contenido principal desde el punto de vista de la negación de la verdad, por eso empecé diciendo que la verdad es revolucionaria, fue la base sobre la cual tomaron la decisión de hacer la operación de encubrimiento, pero no podemos seguir manteniéndonos con algunos datos de esta operación, necesitamos la verdad completa, entre otras cosas para saber cuántos otros compañeros detenidos desaparecidos podemos llegar a encontrar y dónde están.