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Política LUC |

FERNANDO PEREIRA

Haciendo escuela

El presidente del Pit-Cnt habló de la hazaña lograda con la recolección de firmas y sostuvo que la respuesta popular «desbordó todo lo imaginable». Dijo que se trató de «la revolución del amor» y de la rebeldía, se refirió a los desafíos del movimiento sindical y a la construcción colectiva de la esperanza.

Producción: Viviana Rumbo

Recorrió ferias, habló con puesteros -viejos conocidos suyos- se sacó cientos, miles de selfies con vecinas y vecinos que lo reconocían al pasar. Se detuvo a chalar con curas y fieles en iglesias donde Dios escucha y casi siempre perdona. Habló día y noche -con o sin agenda- con periodistas, maestras, estudiantes, ministros, senadores, comerciantes, malabaristas, paseadores de perros y unos cuantos pisteros de estaciones de servicio que lo encontraban en las madrugadas llegando a casi todos los rincones del país para reunirse con intendentes y fuerzas vivas, con sus convicciones, tímpanos y poros abiertos. Escuchó mucho, dice que aprendió unas cuántas cosas. Extrañó a su familia durante buena parte de la campaña que lo tuvo como uno de los protagonistas clave -aunque él mismo sostiene que claramente fue un proceso colectivo «de los de abajo»- para alcanzar lo que parecía una utopía. Se abrazó siempre al afecto de sus seres queridos, especialmente en los momentos complejos como cuando se contagió de covid. Concurrió a debates en los que quedó solo porque su oponente nunca se presentó. Caminó por avenidas, plazas, callecitas y asentamientos. Juntó firmas en lugares insólitos como ascensores o baños públicos y matizó charlas sobre los artículos de la LUC con temas sindicales, culturales, deportivos  o culinarios. Dice que la vida le enseñó a valorar algo bueno de casi todo y a distinguir lo urgente de lo imprescindible. Su compañera Adriana es para él casi todo lo que está bien en su vida, pacientemente compartida. Para Fernando Pereira, ella es contención, amor, risa, cariño, cierto rigor necesario y cómplice de la esperanza. Durante toda la campaña en territorio, el presidente del Pit-Cnt desplegó su capacidad de persuasión, diálogo y escucha, bajo la premisa del respeto por la opinión del otro. Tejedor de consensos y defensor de la palabra conciliadora. En tiempos donde los discursos del odio, la soberbia y la arrogancia cotizan alto en casi todas las pizarras, la sensatez parece ser más que una extrañeza, un tesoro a cuidar.

 

De tanto en tanto los de abajo irrumpen y sorprenden. ¿El gobierno subestimó la capacidad de organización de las y los trabajadores, cooperativistas, feminismos y del conjunto de organizaciones sociales?

La base social en Uruguay que históricamente fue vinculada al movimiento sindical se fue ampliando muchísimo con el feminismo, las organizaciones medio ambientales y una gran cantidad de espacios que tienen sus propios objetivos pero una sensibilidad común. Como dice Ángela Davis cuando se refiere a las interseccionalidades de la lucha. Aquí en una sola ley se colocaron temas tan diversos de educación, seguridad, vivienda, libertad sindical, adopción y tantos otros que despertaron cuestionamientos porque en muchos casos recortaban derechos. Y creo que a la gente no le gusta que –independientemente de lo que haya votado- le voten una ley de este tipo, por la forma que se aprobó, mediante una discusión exprés. Creo que la rebeldía salió cuando quedó claro que la gente no tenía idea de lo que contenía la LUC. Y así no se puede legislar, tiene que haber una forma distinta de legislar en la que todos tengan la posibilidad de opinar y que incluya los aportes de los expertos en las distintas materias. Y luego que el Parlamento lógicamente laude con sus mayorías legítimas. Y así se dio la rebelión de las lapiceras. Aquellas primeras tablas con las que salieron a juntar firmas nuestras compañeras y compañeros fueron construyendo las distintas etapas que nos marcamos, de menos a más, atravesando tiempos difíciles. Siempre fuimos conscientes que íbamos a atravesar etapas de la pandemia con muchos contagios. Y las más de 750.000 firmas que se juntaron se lograron en pandemia en una campaña que fue capilar, mano a mano. Cada compañera o compañero hablando con cada ciudadano o ciudadana explicando no solo los contenidos de la LUC sino la importancia que fuera el pueblo el que tuviera la oportunidad de decidir sobre estos temas tan importantes. Creo que ahí ganamos muchas voluntades por esa propuesta de diálogo abierto que planteamos. No fuimos con dogmas ni consignas.

 

¿En algún momento dudaste de lograr el objetivo que se habían planteado?        

Por supuesto que tuvimos momentos de duda. Recordemos que teníamos que sumar cada día más firmas y en un momento de la pandemia tuvimos más de 3.000 casos diarios de covid. Pero hubo una planificación estratégica muy cuidada en cada departamento, en cada plenario, coordinadora y sindicato que se cumplió para llegar a la meta. Luego hicimos una modesta campaña de comunicación que permitió sobre el final colocar el tema en la agenda. Pensemos que cuando teníamos 450.000 firmas el tema no estaba en ninguno de los diez principales temas informativos de los medios. Y eso es altamente sorprendente. Y por último, pasamos de un movimiento de algunos cientos a uno de miles de militantes recolectando firmas en todo el país. No solamente de las organizaciones sociales y los sectores partidarios convocantes, sino por algunas otras organizaciones que no formaban parte de la Comisión y también de gente que se sintió parte y quiso sumarse a la recolección. Y ese fue el gran cambio cualitativo: miles de hombres y mujeres resolvieron por  sus convicciones espontáneas y no en respuesta a decisión de las direcciones sindicales, políticas o sociales. Es lo que sucede cuando la gente siente que algo no está bien y que no está de acuerdo con el relato que se construyó desde el gobierno. Y otro elemento que me parece fundamental es que no se hizo una campaña de eslóganes ni consignas sino de diálogo y mucho contenido sobre los asuntos incluidos en los artículos. Todos los materiales que se produjeron fueron con argumentos sobre la forma y el contenido de la LUC. Fue una campaña de argumentos y no de consignas del estilo «no al liberalismo» o «no a la LUC» sino que dimos argumentos. Y quedó demostrado que en la sociedad uruguaya hay una reserva ética de construcción democrática que cuida y hace valer sus derechos.

 

En general los politólogos decían que era casi imposible alcanzar las firmas.

Sí, incluso cuando las encuestas daban que había más de un 25% de voluntades de acompañar con su firma era muy difícil llegar a ellas. Y unos cuantos de nosotros, porfiadamente insistimos en que podíamos llegar porque confiábamos en que la reserva militante que nos ha acompañado a lo largo de toda la historia, finalmente iba a dar esta batalla. Y que teníamos que hacer una campaña de tranqueras y puertas abiertas para que la gente pudiera entrar sin ningún prejuicio. Y así fue posible que se sumaran voces y dirigentes de los partidos Nacional y Colorado. Y creo que necesitábamos esta amplitud. Y reitero que fuimos capaces de construir en el Uruguay la rebelión de las lapiceras que fue desarrollada por jóvenes y los más grandes, y eso conmueve. Tengo grabadas las imágenes de la gente recorriendo con sus tablitas las playas, parques, plazas, y lugares más distantes. No me voy a olvidar de quienes mantuvieron sus puestos con o sin lluvia en las inmediaciones de los vacunatorios, siempre a la intemperie, con sol o frío, fue emocionante. Hay relevo. Esa es una síntesis linda, hay nuevas generaciones que vienen con todo.

 

¿Se logró recuperar la esperanza?

Se construyó la esperanza. Porque uno va generando condiciones para construir la esperanza. Y eso se va transmitiendo. Hubo un proyecto del que nadie en sí mismo es el propietario. Nadie es propietario de esta victoria. Son muchísimas mujeres, hombres, sindicatos, cooperativas y tantos más que se comprometieron a salir a buscar firmas. Son los que estuvieron horas y sacrificaron su descanso familiar, se pararon en las puertas de los sanatorios o de los supermercados. Es decir, es mucha gente en cada pueblo, en cada barrio. Estimamos que llegamos a hablar con dos millones de personas. Así que ahora celebramos, es por todo ello y por todos ellos. Y la esperanza se construyó también en el campo juvenil y ellos levantaron esta bandera no porque el movimiento sindical dijera que estaba bueno hacerlo. Ellos piensan, analizan, discuten y levantan las banderas que entienden les son propias. Y lo hacen con los métodos que entienden mejor.

 

 

Fue una campaña de sumo respeto en territorio, más allá de las agresiones y el odio que siempre se puede encontrar en las redes ¿no?

Totalmente. Yo hablé con miles de personas y puedo decir que no llegaron a ser diez quienes me respondieron de mala manera. Y te imaginarás que hubo miles que me dijeron que no firmaban. Pero lo hicieron de manera cálida y respetuosa. Y yo saludo y agradezco a los miles que ayudaron a concretar la hazaña pero también a todos aquellos que nos aportaron sus puntos de vista discrepantes con sumo respeto. Y eso es algo que jamás deberíamos perder y que no tiene nada que ver ni con la manija de las redes sociales ni con algunos exabruptos reiterados provenientes de algún que otro integrante del Senado. Sino que es parte de una lógica de convivencia que permite que todos aquellos que pensamos diferente podamos defender libremente nuestros puntos de vista y compartamos las mismas plazas y calles, siempre con respeto. Como dice el presidente Lacalle Pou, duro con las ideas, suave con las personas. Este concepto lo comparto aunque algunos de sus propios senadores no lo entiendan y no lo apliquen.

 

¿Cómo crees que será el relacionamiento con el gobierno a partir de ahora? El senador Gandini dijo que esta campaña fue producto del movimiento sindical, que luego «arrastró» al FA. ¿Pensás que habrá un recrudecimiento de los embates hacia el Pit-Cnt?

Primero, si alguien piensa que esto fue por el Pit-Cnt, yo digo que no es así. Esto surgió de la Intersocial. Luego por supuesto tuvo muchos procesos de transformación. Todos dimos debates en nuestra interna, nosotros, el Frente Amplio, las organizaciones sociales. No somos infalibles, esto lo conversamos una y mil veces y tal vez ese proceso de debate que llevó casi seis meses fue lo que posibilitó que se llegara al referéndum. Llegar a un acuerdo de este tipo supone ceder, dejar cosas por el camino y todos lo tuvimos que hacer. Y en cuanto al futuro, creo que primero se dio el natural festejo que fue impactante. Las demostraciones de ayer fueron divinas, tremendas. La gente necesitaba esta alegría. Hoy hay mucha gente que está muy contenta porque soñó, construyó y alcanzó esta hazaña. Esto desbordó todas las previsiones e incluso a nosotros mismos que no imaginamos este respaldo.

 

¿Crees que habrá cierta revancha desde los sectores más duros del gobierno?

Yo aspiro a que tanto el gobierno como nosotros tengamos la altura para dar un debate de ideas. Que eso es lo que promovimos. Que se escuche a los expertos en seguridad, educación, que se escuche a los técnicos, y que a partir del conocimiento de la ley se tomen las decisiones y no como consecuencia de quién insulta más alto. Y tampoco quiero pronosticar un recrudecimiento de ataques de odio hacia los sindicatos o el feminismo o quienes piensan distinto. Quiero creer que el Uruguay democrático que uno ve en las calles de todo el país se replicará en el debate de ideas del sistema político. Aspiro a que tengamos un debate de ideas con altura, de la Política con «P» mayúscula y no minúscula. No nos merecemos bajar al zócalo. Muchas veces hablan de nosotros (los sindicatos) de una manera que no nos merecemos. Hace pocos días nos acusaron que como no íbamos a llegar a las firmas íbamos a cuestionar a la Corte Electoral. ¿Y cuándo hizo eso el movimiento popular? A nosotros nos tocó perder el Voto Verde con la Ley de Caducidad dos veces, ¿y cuándo impugnamos a la Corte Electoral como se nos pretendió acusar ahora? Y nos tocó perder en otras instancias. Nunca jamás se colocó en duda la ética de la Corte. Uruguay acaba de salir hace poco más de un año de una elección que se definió con los votos observados y nadie dijo nada. No hubo un solo problema institucional. En Perú todavía no pudieron confirmar institucionalmente al Presidente y han pasado más de 60 días. Por tanto, cuidado cuando subestimamos la capacidad de debate democrático de nuestro pueblo. Hemos planteado ideas y nuestros reparos con la LUC. En forma y contenido. Respetuosamente. Y creo que tiene que servir de enseñanza para futuros gobiernos, que no se puede legislar así. Este tipo de leyes tienen baja calidad democrática, en algunos países están prohibidas y en otros tienen muy baja reputación o ni siquiera existen.

 

¿Cuáles son los próximos grandes desafíos para el movimiento sindical?

Muchos. Uno es defender a los sectores con mayores debilidades de la sociedad uruguaya. La frase de la generación del 60 que dice que el movimiento sindical además de defender los intereses de clase tiene que ser el escudo de los débiles sigue tan vigente como siempre. Si ahora tenemos 100.000 nuevos pobres, no los podemos abandonar. Si 35.000 de ellos son niñas y niños que cayeron por debajo de la línea de la pobreza, no los podemos abandonar. Hemos recorrido todo el país y vimos que esos niños y niñas viven en condiciones muy precarias de pobreza e indigencia y a ellos luego además les exigiremos resultados cuando seguro tendrán problemas de talla, peso y crecimiento. Y todo eso afectará sus procesos educativos. Y lo que es seguro es que a ellos se les alejará aún más la posibilidad de construir un futuro digno. Convivimos en una sociedad en la que hay muchísimos uruguayos que no acceden a lo más básico que es un plato de comida para sus hijos y unos pocos privilegiados que acumulan riqueza y lograron más de 4.000 millones de dólares de depósitos de uruguayos en nuestro país y el exterior. Mientras unos duermen en refugios y hogares sin un plato mínimo de comida, otros acumulan para muchas de sus generaciones futuras. Obviamente que otras prioridades para lo que se viene es la construcción y defensa del trabajo de calidad. Y este no es un tema menor. Y en un país que se perdieron unos 60.000 puestos de trabajo tiene que haber políticas públicas que piensen en la industria nacional y en la mano de obra nacional, y para que lleguen inversiones. Esto lo estamos trabajando y estudiando desde el Instituto Cuesta Duarte con la Mesa Representativa. Y por supuesto, el tema del salario. Aquí tiene que haber una recuperación de los salarios. En el sector privado se calcula que habrá una pérdida de unos 13 o 14 días de trabajo en relación al año anterior y en el público de 18. Trabajando lo mismo cobrarán esos jornales menos. Por tanto, la recuperación salarial se deberá concretar. Y esto es un círculo vicioso. Si hay menos ingresos habrá menos movimiento de los almacenes, kioscos y todos los comercios de barrio y eso afecta a los puestos de trabajo. Aumentar el poder adquisitivo de los trabajadores supone aumentárselo a los jubilados, pero especialmente en dar oportunidades a las microempresas. Es mucho lo que nos ocupa de este tiempo. Hay muchos sectores que necesitan políticas públicas, apoyos y respuestas. Tenemos que pensar la salida de esta crisis con todos, sin dejar gente por el camino. Es terrible, pero ahora se ha generado una brecha aún más grande entre los ricos y los pobres. Y esto es lo que hay que evitar y transformar. Esto está en nuestros objetivos. No vamos a dejar de dar esa pelea. Mientras juntábamos firmas, fuimos a un paro sobre estos temas. Como no podemos olvidar la concesión que el gobierno le otorgó a Katoen Natie del Puerto de Montevideo por más de medio siglo. Y ese es otro tema de nuestra agenda. Como lo es seguir luchando contra las inequidades de género. A las mujeres la violencia machista las sigue asesinando y el techo de cristal sigue existiendo. Son luchas que también son nuestras. Tenemos muchos desafíos por delante que los tendremos que ir afrontando siempre del lado de los más débiles. Y no es algo nuevo, es parte de nuestra historia. No podemos hacernos los distraídos con el sufrimiento de nuestros compatriotas. Nunca los vamos a dejar solos.

 

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