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Columna destacada | Argentina | coronavirus | pandemia

Irracionalidades

Por Enrique Ortega Salinas.

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Caras y Caretas Diario

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El Pit-Cnt está siendo apedreado; pero mientras el gobierno sube el precio de la leche, el Pit-Cnt reparte viandas por todo el país. El mayor triunfo de la derecha ha sido lograr que millares de trabajadores le den la espalda a los sindicatos que luchan para mejorar sus condiciones laborales, su salario y su salud; mientras toleran, votan y aplauden a los poderosos que buscan retornarlos a la miseria.

A modo de ejemplo, hay un funcionario público que ha logrado viralizar un video en el cual manifiesta su oposición a que los empresarios más poderosos hagan su aporte durante la crisis, porque tal como señaló la Ministra de Economía, ellos ya están aportando suficiente por medio del seguro de paro.

No se preocupen; yo tampoco lo entendí.

Por un lado (y aunque no me parece mal la idea de que a los funcionarios que ganan bien se le exija un sacrificio en esta instancia), no entiendo por qué a un trabajador le preocupa que se le cobre un pequeño aporte por dos meses a los grandes empresarios, los cuales se beneficiaron con 15 años de crecimiento económico durante los gobiernos del Frente Amplio. “Si mandaron gente al seguro de paro, es porque no están produciendo”. La frase me conmovió hasta las lágrimas. Por otro, mi ignorancia es tan brutal que no sabía que el seguro de paro lo pagan los empresarios.

El FA es maligno; pero a su propuesta de un acuerdo nacional para enfrentar la crisis, el economista De Haedo la rechaza diciendo que el agua y el aceite no se pueden juntar, sumándose a Sanguinetti en las descalificaciones a los aportes de la oposición.

La inseguridad era terrible antes de que asumiera Lacalle II; pero uno se pregunta si los delincuentes se tomaron en serio la cuarentena o el motivo por el cual los medios más poderosos han reducido al mínimo de espacio y tiempo las noticias policiales tiene que ver con una manija que ya no es necesaria porque el partido aliado a los mismos ya está en el poder. En la portada de la web del diario El País, hay que buscar con lupa las noticias sobre crímenes.

El coronavirus es una tragedia para la mayoría; pero una bendición para algunos. Los intendentes uruguayos de todos los pelos tendrán la changa asegurada hasta octubre, por lo menos; mientras que los multicolores tendrán más tiempo para ver cómo diablos posicionan mejor a su candidata por Montevideo, ya que hoy perdería por goleada.

La dictadora de Bolivia también ha encontrado en el bichito la excusa perfecta para prorrogar las elecciones y nadie podrá acusarla de querer (aunque quiere) perpetuarse en el cargo usurpado gracias a la maniobra del peor secretario general que ha tenido la OEA desde su creación en 1948.

Cuba es lo peor que hay; pero mientras Estados Unidos ofrece millones de dólares para capturar a un presidente que no se subordina a sus intereses, mientras planta bases militares por todo el globo y envía soldados sembrando odio, el gobierno de la isla envía médicos a todas partes, sembrando solidaridad.

 

Maniáticos con poder

Donald Trump está aprovechando muy bien (para su reelección) lo que denomina “el virus chino” y le dicta a Venezuela un cronograma político diciendo quiénes podrán y quiénes no podrán presentarse a las elecciones en las fechas planificadas por la Casa Blanca. Mientras tanto, mantiene la recompensa de 15 millones de dólares por la captura de Nicolás Maduro y busca cortar el transporte marítimo de petróleo hacia Cuba, lo que se conoce como el cordón umbilical que la isla tiene con Venezuela.

Llama la atención que, frente a la crisis sanitaria, Estados Unidos no colabore en nada con quien consideran presidente legítimo (un tal Juan); pero le dan millones de dólares para que organice una revolución contra el presidente electo por la ciudadanía. El bloqueo le impide a Venezuela acceder a medicamentos, alimentos y productos de primera necesidad, lo cual es gravísimo si consideramos la pandemia; pero pese a que por todas partes se le pide a la gran potencia un cese temporal del mismo por cuestiones humanitarias, Trump lo mantiene porque su estrategia es mostrarse ante los electores como un presidente fuerte. Increíblemente, las medidas económicas, sociales y sanitarias aplicadas por Maduro, han logrado más éxito que Estados Unidos en el freno al Covid-19. Si así no fuera, Trump y su cómplice, Almagro, tendrían que ser juzgados en un tribunal internacional por genocidio; porque nada menos que eso es el riesgo que conlleva el mantenimiento del bloqueo.

La mitad de los uruguayos continúa catalogando a Venezuela como una dictadura; pero nada dice de la dictadura que Estados Unidos mantiene sobre innumerables países.

El que no es tan inteligente como para aprovechar la crisis a su favor, es el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, al cual hasta Facebook y Twitter han tenido que borrarle comentarios. La verdad es que -y por aborrecible que sea este personaje- no concuerdo con la censura. Se ha explicado que es porque se prioriza la salud mundial y Bolsonaro considera al Covid-19 como “una gripecita” y se opone a la cuarentena; pero si vamos a ser coherentes, lo primero que habría que haber borrado son todos sus comentarios racistas, clasistas, machistas y homofóbicos y con permanente promoción del odio y la violencia.

En el colmo de lo irracional, hace unos días decretó que los templos religiosos y loterías son esenciales y deben seguir abiertos durante la pandemia. Sucede que los pastores pentecostales están entre sus más fervientes seguidores y no pueden cerrar el negocio y perder una fortuna.

Ya varios gobernadores se están atreviendo a rebelarse contra el militar ultraderechista. Joao Doria, del estado de San Pablo, dijo que el presidente “está desconectado de la realidad” y no está en condiciones de gobernar el país. El juicio político es una posibilidad cada vez más cercana, ya que es evidente que eligieron un delirante lleno de ira como presidente.

 

Pobrecito mi patrón

En Uruguay, la mayoría de la gente está a favor de descontar un porcentaje a los funcionarios públicos que ganan más de 80.000 pesos. Yo también. Lo único que me pregunto es cuál hubiera sido el resultado de una encuesta en que se preguntara a los uruguayos qué opinan de cobrar aportes a los empresarios religiosos y a los grandes empresarios en general y qué opinan del aumento de las tarifas públicas por encima de la inflación.

Hoy en día hay que aclarar todo, así que a ver si se entiende: no estamos en contra ni de los ricos ni de los productores rurales; ojalá todos lo fuéramos. Nuestra lucha es contra los oligarcas explotadores que apoyan modelos económicos egoístas y que se quejan cuando el Estado asiste a los más débiles y le llama «populista», pero viven pidiendo subvenciones, dólar alto y otros privilegios, quejándose de los sindicatos para que sus peones sigan partiéndose el alma por tres monedas sin decir otra cosa que “sí, señor” y asustan a sus sirvientes con el cuco del comunismo.

Tanto en Argentina como en Uruguay, las asociaciones y federaciones rurales siempre apoyaron a partidos derechistas que defendieron sus intereses de clase. Su más grande éxito ha sido lograr un lavado de cerebro en las mismas personas explotadas, que ven al sindicalista como a un enemigo y al patrón como un dios al que jamás se le debe refutar algo.

Si eres un estanciero millonario y tratas y pagas bien a tu personal; si haces donaciones en medio de una tragedia (como la han hecho varios) y te preocupa la gente menos afortunada, si el dinero lo has logrado por tu esfuerzo, honestamente, o por tu genialidad, caso de Luis Suárez, te enviamos un fuerte abrazo.

Necesitamos más orientales como tú.