Hacete socio para acceder a este contenido

Para continuar, hacete socio de Caras y Caretas. Si ya formas parte de la comunidad, inicia sesión.

ASOCIARME
Política

De su propia medicina

Juan, el blanco que blanquea

El crecimiento en la interna nacionalista de Sartori blanqueó al Partido. Luis Lacalle terminó reconociendo que fue financiado por Juan en 2014, y Larrañaga, en el pretil de perder el segundo lugar, reaccionó emitiendo una dura carta pública contra el Joven empresario candidato. Fueron reacciones airadas de varios que no daban por ‘el pito más de lo que el pito vale’, pero resultaron ser muy valiosas.

Suscribite

Caras y Caretas Diario

En tu email todos los días

Doctores y hombres de las cuchillas, hacendados y peones, los blancos han ido armando su colectividad política con el estímulo ancestral de querer llegar al gobierno para ser uno de los partidos fundacionales. Sus experiencias de gobierno son casi inexistentes con respecto a su tradicional rival, travestido desde hace un tiempo en socio y familiar ideológico, el Partido Colorado, y el Frente Amplio, con sus tres períodos de gobierno, lo ha superado.

Colectividad que se erige en defensora de las leyes, aunque pocas veces le ha tocado aplicarlas, arrastra tensiones y contradicciones históricas, resueltas por el poder interno obtenido por los distintos agrupamientos en determinados momentos históricos.

Herrera saluda la lucha de Sandino en Nicaragua, toma una posición claramente antiimperialista impidiendo la instalación de bases militares de Estados Unidos en Uruguay, pero arribados al gobierno firman la primera carta de intención con el FMI, convierten en hogar de los agentes de la CIA la Jefatura de Policía de Montevideo y algunas del interior, etc.

Don Herrera, el abuelo del expresidente y del candidato, solía pararse en la puerta del local donde se desarrollaba la convención del Partido y, haciendo gala de su autoridad caudillesca, definía quién entraba y quién no; dicen que incluso utilizó ese recurso para más de una sesión del Honorable Directorio.

Quizás por ese mecanismo, regido por caudillos y caudillitos, la legislación interna, el reglamento interno del Partido, permitía un legal funcionamiento de las distintas agrupaciones sin el uso y goce del derecho del ejercicio  democrático.

En esas añejas tradiciones, es lo más natural que un botija que se podía financiar su propia campaña se convirtiera en candidato. Y las caretas cayeron por la fuerza de las estadísticas; cuando preguntaban, ¿conocés a Juan Sartori?, los dirigentes blancos ya lo conocían.

 

Renovando

Como empacado, en el acto de homenaje al retorno de Wilson, el diputado Pablo Abdala espetó a Sartori: «Me da mucha lástima lo que está haciendo, porque está comprometiendo la suerte del Partido Nacional». La lástima en realidad es que Abdala no se dé cuenta de que la suerte del Partido Nacional está comprometida desde mucho antes de la aparición de Sartori.

Un partido que arrastra el lastre de los casos de corrupción y asesinatos políticos del gobierno de Lacalle, sin renovación en sus cuadros dirigentes y candidaturas, un presidenciable que apela a la vía de Bordaberry de no utilizar el apellido paterno en su publicidad, un Larrañaga que, salvo la novedad de la recolección de firmas, vuelve con el matungo cansado subiendo la escalera del Honorable Directorio.

Claro, para renovar como lo hicieron con Sartori, más valía quedarse con lo que tenían; porque pasada la colectiva subestimación general, deben arribar a la dura constatación de que, entre los blancos, “billetera mata galán”.

 

Tintineo de monedas

Hay un cuentito casi épico entre los candidatos blancos que narra historias de inmuebles hipotecados, uso de ahorros y ventas de bienes personales para financiar sus campañas políticas. Igual que aquellas comparsas en las que el dueño permite desfilar a aquellos que se autofinancien sus trajes e instrumentos para darles el usufructo del título.

Queremos creer que el Partido dará alguna ayudita además de permitir usar el logo nacionalista. Y si bien podríamos analizar históricamente los gastos de campañas anteriores, ocupémonos en estas internas.

Tomemos dos promedios: el segundo de transmisión de  publicidad política en televisión abierta, según horarios, ronda los mil dólares. Pongamos, por ejemplo, que si los reiterados anuncios de la lista 404 en horarios centrales duran 20 segundos, estaríamos hablando de un entorno de 20.000 dólares, solo en una aparición.

Pensemos que le hacen un prorrateo, una suerte de venta al por mayor de tantas emisiones diarias entre veda y veda. Parece difícil creer que la sola hipoteca, la venta de algunos bienes para competir en una interna, pueda financiar ese aspecto de la campaña.

A la publicidad en los medios hay que agregar la impresión de listas, su reparto, cartelerías públicas, propagandas rodantes,   etc.

Entonces surge claramente que algunas monedas se arriman desde algunas empresas y personas de buenos ingresos económicos. Empresas y personas que sospechamos mantienen un grado de fidelidad por convencimiento político y por las utilidades obtenidas o a obtener en caso de que gane el candidato financiado.

¿Quiénes son? No lo sabemos. Sería sano poder averiguarlo, no solo para conocer además cómo y de qué se financian las empresas “auspiciantes”, sino para saber cuáles han sido las posibles ventajas que dichas empresas tienen en caso de que su candidato llegue a ser presidente.

La ley de financiamiento de partidos políticos podría haber operado como una nueva ley de Caducidad; el sistema político podría haber acordado decir: “No nos digan quiénes lo financiaron hasta ahora, pero a partir de este momento cambiamos y transparentamos las formas de financiamiento”.

 

Dignidad arriba

«Como hace más de 40 años los blancos nos rebelamos contra el poder de los fusiles de la dictadura, hoy nos toca rebelarnos contra otro poder: el de la plata. El de la plata aplicada al vale todo», escribía Larrañaga en su carta; la plata del vale todo ya financiaba la campaña de su adversario Luis Lacalle en 2014. ¿O es que antes sí valía jugar en la ruleta nacionalista?

Más adelante, en su carta pública, titulada con una vieja consigna muy valorada por la cultura nacionalista,  dice Larrañaga:

«Hoy tenemos que censurar que se juegue con la gente; con nuestros abuelos, nuestros jubilados. Jugar demagógicamente con las necesidades de la gente, que es por demás vulnerable, es descalificante y degradante. Política de la peor clase. La mala política. No todo puede valer».

Guapo, te lo debo advertir en la mejor: rasgarse enérgicamente así las vestiduras, puede traer aparejado rasgarse un poco de cuero.

La promesa de los cien mil empleos de Sartori ni compite con los miles de empleos otorgados actualmente en las intendencias blancas, los miles de funcionarios públicos, creación de ministerios durante el gobierno del padre de Luis, ni las decenas de empleítos en empresitas personales de candidatitos blancos, otorgados a quienes asistían a los baluartes.

La tarjeta para medicamentos es una guarangada comparada con las cientos de tarjetas repartidas para obtener tierras en el viejo Instituto de Colonización, acceder a las canastas básicas del INDA y las bandejas de Rama, chapas y bloques municipales o en barracas proveedoras, para solicitar la gestión y buena voluntad de los directores en las viejas empresas públicas, en los directorios del BHU, en todo el sistema de clientelismo montado sobre la leyenda: “quien tiene padrino, no muere infiel”.

Talvi tampoco debería vociferar mucho con dicha tarjeta cuando, ya siendo integrante del Partido Colorado en 2002 y posible candidato a presidente del Banco Central, guardó total silencio ante la red de corrupción instalada en el Ministerio de Salud Pública y su reparto proselitista de los famosos “carnets de pobres”.

En el fondo, deseo que Juan gane esa interna; los nacionalistas obtendrían una buena dosis de su propia medicina, porque por otro lado tengo confianza en que la sociedad uruguaya no haya rebajado sus expectativas políticas para terminar de convertirla en una mercancía, votando un empresario sin pedigrí político.