Aún no se sabe qué causa el Alzheimer ni cómo tratarlo, pero los científicos están aprendiendo cada vez más sobre lo que aumenta o disminuye el riesgo de su desarrollo, y uno de esos factores de riesgo parece ser la dieta de la sociedad occidental.
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Según las investigaciones realizadas por el equipo académico chino, una dieta occidental rica en grasas saturadas, azúcar y sal puede someter a nuestro organismo a un estrés adicional, lo que en cierto modo nos hace más vulnerables a la demencia, con la que correlacionan casos leves y moderados de esta enfermedad neurodegenerativa.
En cambio, una dieta mediterránea rica en cereales integrales, fruta, verdura y marisco protege contra la enfermedad, pero solo en casos leves y moderados.
Por ello, los investigadores chinos sugieren que los cambios en la dieta pueden ser una forma de reducir el riesgo de desarrollar Alzheimer y otros tipos de demencia y limitar el daño que provoca en nuestras capacidades cognitivas.
"Ciertas intervenciones dietéticas pueden ralentizar la progresión de la enfermedad de Alzheimer y mejorar la función cognitiva y la calidad de vida", afirman los expertos en un artículo publicado en Frontiers in Neurosciences.
En los estudios realizados, estas "intervenciones alimentarias" han mejorado la función cognitiva y la calidad de vida de personas con enfermedad de Alzheimer de leve a moderada. También se observó que ralentizaban la progresión de la enfermedad.
Con arreglo al estudio, los principales mecanismos para ralentizar el desarrollo de Alzheimer se basan en reducir el estrés oxidativo y disminuir la acumulación de péptidos beta-amiloides (Aβ) y coágulos de proteína tau en el cerebro, las sustancias que provocan la destrucción de neuronas clave para pensar y recordar.
Todavía se está trabajando para comprender la relación entre la dieta y la enfermedad de Alzheimer y los mecanismos de tratamiento, pero ese estudio y otros similares están ayudando a los científicos a entender mejor cómo afecta al cerebro lo que comemos.
Se calcula que la demencia afectará a más de 50 millones de personas en todo el mundo de aquí a 2020, y la cifra va en aumento. Encontrar formas de reducir el riesgo y hallar una cura al mismo tiempo podría suponer una gran diferencia.
(Vía Sputnik)