Ya está. Hicimos todo lo que pudimos desde estas páginas para dar a conocer a la gente la infinidad de cosas positivas logradas por los tres gobiernos consecutivos del Frente Amplio. Este modelo humanista y progresista ahora se enfrenta al modelo neoliberal, clasista y oligárquico propuesto por la derecha sin pelos en la lengua, en una batalla desigual de todos contra uno. Cuando algunos compañeros adhirieron a la idea del balotaje, me opuse porque puede llevar a la presidencia a alguien que no tenga el apoyo ni de la cuarta parte del electorado en la primera vuelta. Fue un invento de la derecha para impedir el ascenso del Frente Amplio al poder y recién ahora, muchos años después, su plan le da esperanzas de derrotar al partido que ha logrado un crecimiento económico de casi 15 años consecutivos. Pero, claro, esto no se termina hasta que se termina.
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Dudo mucho que en una segunda vuelta los votantes centroizquierdistas traicionados por el derechista Pablo Mieres opten por apoyar la coalición neoliberal. De hecho, ya han abandonado el Partido Independiente, que en las encuestas no llega a 1% del electorado. Es un hecho que los verdaderos batllistas están volando del Partido Colorado y el harvardiano Talvi corre el riesgo de quedar detrás de un militar. El Partido de la Gente se ha quedado sin la última palabra y hasta un abogado inimputable lo está pasando en intención de voto.
Es muy posible que los votantes del Partido Digital consideren, en segunda vuelta, que el partido que ha modernizado al país y ha democratizado el acceso a la información es el partido de gobierno y sienta más afinidad por el Frente Amplio que por un partido cuya posible ministra de Educación ha acusado al Plan Ceibal de crear idiotas informáticos, mientras que otros de su partido decían que las tablets de los jubilados se usarían para picar carne.
Los ecologistas, por su parte, deberían considerar que Uruguay está cuarto en el mundo en generación de energía eólica y fotovoltaica, mientras que a empresas como UPM se le han hecho exigencias de cuidado ambiental que ningún otro país se atrevería a hacer. Obviamente, la mayoría de las industrias son contaminantes, siendo una de las peores la ganadera, que atenta directamente contra la capa de ozono, ya que los rumiantes son los principales emisores de gas metano, el cual tiene un poder de calentamiento global 25 veces mayor al dióxido de carbono; pero a nadie se le ocurriría prohibirla.
La gran pregunta es qué tanta será la fidelidad de los seguidores de cada candidato presidencial que no califique para la segunda vuelta cuando les indique a quién votar. El mismo Ernesto Talvi ha señalado que 20% de sus votantes no votará a Lacalle Pou en dicha instancia. Debemos tener en cuenta que cada voto que el Frente Amplio le saque a la coalición derechista valdrá doble porque es uno más para el Frente y uno menos para los defensores de los intereses de las familias patricias. Por eso es fundamental que el Frente Amplio llegue a un 44 o 45 % en primera vuelta, ya que quedaría a muy pocos votos de ganar en la segunda. No será fácil; por lo que habrá que romperse el alma en las horas que quedan porque cada voto cuenta.
Senadores de lujo
Más allá de la simpatía que me generan candidatos como el Pepe o Mario Bergara, permítanme compartirles mi voto para el Senado. Creo firmemente que Óscar y Carolina conforman una dupla de lujo para la Cámara Alta. No esperen ver spots publicitarios en la televisión porque los sectores que les apoyan no tienen billeteras como las de Sartori, Talvi o Lacalle. La pugna, entonces, será entre el marketing y las ideas. Veremos qué Uruguay prevalece.
Si es por marketing, manejo de cámaras, expresiones faciales, vestimenta e imagen en general, Lacalle Pou le gana por kilómetros a Daniel Martínez. Incluso, se manejó mejor frente a Nacho Álvarez, pese a sus olvidos sobre por qué no había votado varias leyes. Su imagen, sin dudas, fue presidencial; por lo menos para los que se quedan con el cascarón y no con el contenido, porque en cuanto a trayectoria, experiencia, solvencia técnica y argumentos, quien gana por goleada es Daniel Martínez.
En cuanto a Óscar Andrade y Carolina Cosse, es una fórmula que rescata lo mejor del Frente Amplio. En primer lugar, ambos predican con el ejemplo. Óscar no solo ha trabajado desde edad temprana, sino que ha realizado infinidad de horas de trabajo solidario y lo que ganó como panelista de Todas Las Voces lo donó. Quienes lo acusan de vago, no tienen idea de lo que dicen. Hace pocos días lo oí hablar en un acto de campaña y quedé sorprendido una vez más por su inteligencia y cultura. Su capacidad argumentativa es impresionante y resulta indudable que sus estudios de Historia le han servido de mucho, pese a que no pudo culminar la carrera porque debía trabajar. Los estudiantes perdieron un gran profesor; pero el país ganó un futuro gran presidente. Cuando debatió con Ernesto Talvi, el economista parecía Óscar.
En cuanto a Carolina, tiene claro que Uruguay debe apostar a la investigación y la tecnología y que el fruto de los avances económicos debe ser volcado a la mejor inversión: las políticas sociales. En las internas, era mi segunda opción; ahora puedo darme el gusto de votarla junto a quien fuera la primera.
Si otros quieren llevar al Senado al “pediatra” Javier García, al marketinero millonario Sartori, al general chicanero Manini Ríos, a Mieres, Amorín Batlle o a Gerardo Sotelo, allá ellos; estamos en democracia. Yo opto por dos personas que tienen tanto de inteligencia y capacidad como de sensibilidad social y por un partido que bajó la pobreza de casi 4 % a poco más de 8%. Para combatir la criminalidad no quiero a un Larrañaga ni a un Manini; prefiero a Gustavo Leal. Para dirigir la economía no quiero a un neoliberal como Talvi; porque ya he visto los estragos que su doctrina ha producido en el mundo. Quiero un ministro para el cual la economía esté al servicio de los seres humanos y no a la inversa; siempre bajo la premisa artiguista de que los más infelices sean los más privilegiados, aunque los que poseen las fortunas más grandes del país pataleen desde sus mansiones y estancias.
En cuestión de horas veremos si triunfan las promesas o los hechos; si prima el marketing o las ideas, el cascarón o el contenido, la manija o la realidad.
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