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Colombia: un balotaje que puede definirse por pocos votos

A puertas del balotaje del 19 de junio en Colombia, la mayoría de las encuestas presentan un empate técnico entre Gustavo Petro y Rodolfo Hernández

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Caras y Caretas Diario

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Finalizan los últimos días en Colombia antes del balotaje del 19 de junio. En Cali, rebautizada capital de la resistencia desde las protestas del año 2021, se vive con optimismo del lado del Pacto Histórico. Francia Márquez, candidata a vicepresidenta junto a Gustavo Petro, se encuentra en la ciudad reunida con jóvenes, empresarios, mujeres. Es una de sus zonas fuertes, acá el Pacto ganó con 53,36% en primera vuelta, y muchos la abrazan en las calles, se sacan fotos, “cuídenla” dicen a quienes ven a su alrededor.

El pronóstico es sin embargo cauto a nivel nacional. Las encuestas, que finalizaron el domingo 12 indican en su gran mayoría que ni Petro ni su contrincante Rodolfo Hernández lograron una diferencia sustancial que permita asegurar una victoria. El concepto más utilizado es el de empate técnico: una diferencia de uno o dos puntos entre ambos con márgenes de error de ese mismo rango y otro tanto de votantes indecisos. Un escenario de país partido en números, mapas, culturas políticas, regionales, imaginarios. “Esto ya es sociología de Colombia”, dice un consultor tomando un café frente a una imagen de los 32 departamentos y la capital subdivididos categorías y colores.

La perspectiva de un desenlace electoral reñido ocurrió luego de un momento de cierto pesimismo en filas del Pacto Histórico al conocerse el resultado de la primera vuelta. El objetivo era lograr una alta votación de Petro y enfrentarse a Federico Gutiérrez, candidato apoyado por los partidos tradicionales y relacionado al uribismo. Pero las pantallas marcaron 40% para el candidato progresista, segundo Hernández con 28,15%, y tercero Gutiérrez con 23,91%. El cálculo marcado por un cruce de desilusión y derrota, a pesar de haber ganado, fue que el dos y el tres sumarían una cantidad de votos difícilmente alcanzables para Petro.

Las semanas que siguieron modificaron esa matemática inexacta. Si bien Hernández tuvo rápidamente el apoyo de Gutiérrez y figuras del uribismo, el caudal de votantes del tercero no indica haberse volcado en su totalidad por el segundo -un aproximado de tres cuartos sí- y el mismo candidato, de perfil outsider y disruptivo, podría haber alcanzado un techo. El límite de crecimiento de Petro anticipado por varios análisis, por su parte, no parece ser tal. El resultado: un domingo 19 de junio como tormenta, y un redoble de campaña sucia.

Filtraciones y acusaciones

Petro se bajó de las grandes tarimas con discursos épicos, un lenguaje a veces barroco y multitudes reunidas en plazas. El giro de campaña hacia el balotaje fue notorio, el candidato del Pacto Histórico comenzó una estrategia de cercanía con las personas, en canoa, casas, asambleas, conversaciones. Un Petro abajo, de a pie, con la dificultad de no parecer sobreactuado, en recorridas por el país según el mapa de votos conquistables, alianzas políticas a realizar.

El desarrollo de esa campaña se vio interrumpido 14 días antes del balotaje por la aparición de los denominados “petrovideos”, una serie de grabaciones de lo interno de la campaña del Pacto Histórico con voces, caras, y primeros planos del diseño de la estrategia de campaña. A partir de ese día comenzó la publicación casi a diario de nuevos fragmentos de lo que, según explicó Petro, serían nueve meses de grabaciones ilegales de las reuniones del equipo estratégico de las elecciones.

Si bien ningún material reveló medidas ocultas en el programa o hechos de corrupción, los testimonios expusieron asuntos como estrategias para dividir adversarios, realizar ataques contra precandidatos presidenciales, el presidente Iván Duque, o la realización de una “campaña gris”, suerte de campaña paralela a la oficial. Las filtraciones mostraron además conversaciones sobre cómo lograr concretar una reunión con el embajador estadounidense en Colombia, Philip Goldberg, ante la preocupación acerca de la percepción de Washington sobre Petro, o críticas de Verónica Alcocer, esposa de Petro.

Las grabaciones difundidas centralmente a través de la revista Semana datan de cerca de diez meses atrás. Su publicación en la recta final de la campaña y en momento de empate técnico fueron un ataque contra el Pacto de cara a restarle votos. La existencia de meses de grabaciones significa que podrían salir videos hasta el último momento con el consecuente impacto.

Semana negó que las filtraciones sean producto de espionaje: serían de un “militante” del interior del Pacto. Esa explicación dejó más preguntas y sospechas que respuestas, en particular en vista de la cercanía del medio con el uribismo, su protagonismo en operaciones políticas como la acusación falsa el año pasado contra el candidato ecuatoriano Andrés Arauz de haber sido financiado por el Ejército de Liberación Nacional de Colombia, así como los antecedentes de espionaje desde cúspides del poder, como la misma dirección del Ejército a congresistas opositores y periodistas en las denominadas chuzadas.

Las filtraciones se convirtieron en un arma de ataque diario a Petro, de intento de desprestigio y construcción de temor alrededor de su posible presidencia. Hernández, por su parte, decidió suspender sus actividades de campaña al día siguiente del primer petrovideo aludiendo una amenaza de muerte en su contra. Tomó luego un vuelo hacia Miami, capital del lobby de la derecha latinoamericana, en particular cubana, venezolana y colombiana/uribista.

Outsider, millonario, imputado

Hernández estaba en una entrevista en el canal estadounidense Telemundo cuando sus asesores interrumpieron para detenerla. La razón: el periodista preguntó por la causa de corrupción que involucra al candidato presidencial. La Fiscalía General de la Nación lo imputó y acusó en el mes de mayo por interés indebido en celebración de contratos durante su gobierno en la alcaldía de la ciudad de Bucaramanga entre 2016 y 2019. La causa involucra directamente a uno de sus hijos, encargado de cobrar las coimas. El candidato cuyo casi único discurso es la lucha anticorrupción es quien tiene una causa por corrupción.

Ese hecho no parece, sin embargo, haberle restado un apoyo significativo, así como tampoco el video viralizado en que golpea a un concejal, o el audio en el que insulta a una persona y amenaza con “pegarle un tiro”. Hernández, de 77 años, empresario de la construcción y millonario, con un discurso directo y popular -suerte de antítesis del de Petro- conectó con una demanda de cambio, y con un sector social identificado con una figura de esas características que antes, por ejemplo, lo hizo con Álvaro Uribe.

La impredecibilidad de Hernández, así como sus errores, condujeron que no participara en debates con Petro para centrarse en redes sociales, un espacio bajo control que fue decisivo durante toda su campaña. Otra estrategia consistió en victimizarse, con la acusación al Pacto de tener un plan para asesinarlo: “están intentando matarme, y esa matada no es a plomo, será a cuchillo”, afirmó sin presentar pruebas ni detalles.

Hernández logró reunir apoyos de varios actores del centro político reunidos en la Coalición Centro Esperanza, que obtuvo 888.585 votos en primera vuelta. Otros, como el excandidato presidencial Alejandro Gaviria, se inclinaron por Petro, mientras que el candidato presidencial de ese espacio, Sergio Fajardo, llamó a votar en blanco, al igual que en el balotaje del 2018 entre Petro e Iván Duque. Varios partidos se dividieron también en su interior, como el caso del Nuevo Liberalismo, ante la encrucijada del 19 de junio que muestra una demanda mayoritaria de cambio, un país dividido y futuros divergentes.

Dos Colombia por venir

Hernández, quien ya había tenido el apoyo de Uribe en su elección a la alcaldía, pasó a ser detrás de quien se situó el uribismo para el balotaje. El millonario con discurso de outsider y de cambio tiene el respaldo de la gran parte de los partidos tradicionales que perdieron en la primera vuelta a través de su candidato directo, Gutiérrez. El ingreso de Hernández al balotaje fue celebrado abiertamente por algunos, como el senador uribista José Obdulio Gaviria, que afirmó: “¿quién dijo que perdimos si pasó Rodolfo Hernández?”.

El exalcalde de Bucaramanga tiene, además, solo dos congresistas por lo que su eventual gobierno dependería en el legislativo casi enteramente de los votos prestados por sus aliados en el Congreso y el Senado. Esa situación podría agravarse ya que, de ganar, serían la Comisiones de Acusaciones de la Cámara las que deberían decidir si proseguir o no el juicio en su contra en la causa por corrupción.

¿Qué haría en caso de ser presidente? Anunció que decretaría el estado de conmoción interior, hecho que, de resultar, le daría poderes extraordinarios. Sobre lo demás ha dicho su poco, su estrategia fue mantener un programa borroso con el fin de la corrupción como solución a casi todos los problemas: el fin de la corrupción. Esa situación de incertidumbre y alerta es parte de la que motivó a algunos actores del centro a apoyar a Petro, cuya victoria abriría las puertas al primer gobierno progresista de Colombia, que lleva treinta años de neoliberalismo y más de setenta de conflicto armado interno ininterrumpido.

Un balotaje reñido el domingo es el escenario más probable según marcan encuestas y análisis. Algunas elecciones recientes en el continente mostraron que esos escenarios pueden convertirse en puntos de apoyo para desatar crisis políticas, como pasó, por ejemplo, en el 2021 en Perú, cuando Keiko Fujimori perdió por menos de 100.000 votos ante Pedro Castillo y no aceptó el resultado. Antecedentes como ese, así como la propia situación colombiana, cargan el 19 de junio con una tensión in crescendo.

El desenlace del balotaje significará el inicio de dos períodos políticos marcadamente diferentes. Por un lado, un millonario outsider respaldado por los partidos tradicionales y votado a su vez bajo una promesa de cambio, por el otro, una coalición heterogénea de fuerzas de izquierda y progresistas que proponen avanzar en medidas por las que nunca transitó el país. Si lo primero augura una probable agudización de la crisis bajo un mayor escenario impredecible, lo segundo sería un gobierno seguramente enfrentado a algunos poderes fácticos acostumbrados a un statu quo que defenderán. El domingo en la noche traerá claridad o crisis.

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