En las legislativas, un resultado agridulce, pues logró uno de sus dos grandes objetivos. En efecto, consiguió concentrar el voto de la derecha nacional y el anticorreísmo, poniendo fin al fraccionamiento de su electorado y obrando un enorme crecimiento en la Asamblea Nacional: hoy ADN tiene 66 diputados, 52 más de los conseguidos en 2023.
Sin embargo, no logró ni siquiera rozar la mayoría parlamentaria. De hecho, la suma de los dos grandes bloques de la oposición contraria a Noboa, Revolución Ciudadana y el indigenista Movimiento de Unidad Plurinacional Pachakutik (MUPP), sumaron 67 y 9 diputados respectivamente, es decir, 76, el “número mágico” (50% + 1) de un parlamento con 151 bancadas.
Daniel Noboa, dos años de presidencia
Gracias a una exitosa campaña de marketing político, Daniel Noboa se presentó ante la sociedad en 2023 como un joven outsider y moderado, a pesar de ser heredero de uno de los mayores emporios bananeros de Ecuador e hijo de Álvaro Noboa, vieja figura de la política del país. En cualquier caso, la tesitura que se encontró Noboa era particular.
Los comicios habían sido convocados mediante el mecanismo de la “muerte cruzada”, lo que significa que, en lugar de iniciarse un nuevo mandato, las autoridades electas en 2023 –entre ellas, el propio Noboa– debían completar la legislatura vigente. De este modo, Noboa debe afrontar nuevas elecciones en Ecuador apenas 16 meses después de jurar como presidente.
Semanas después de asumir el cargo, Daniel Noboa debió hacer frente a una grave crisis securitaria, colofón de una tendencia que se había exacerbado durante el gobierno de Guillermo Lasso: el auge vertiginoso de la violencia del crimen organizado. El líder ecuatoriano decretó el conflicto armado interno y dio comienzo a una de las políticas centrales de su gobierno.
En un clima de amplia desafección política y severas preocupaciones sobre la seguridad en el país con gran diferencia, se trataba del clivaje fundamental durante las elecciones en Ecuador de 2023, el presidente tenía el reto de mostrar resultados concretos en esta materia antes de 2025.
En este contexto, su primer semimandato fue uno influenciado por el “método Bukele”. Referenciado en la estrategia de El Salvador contra las pandillas, Ecuador llevó adelante un sendo programa de “mano dura” que fue acompañado de reiteradas campañas públicas que asociaban a la particular figura de Daniel Noboa con la lucha contra el crimen organizado. Además, a menudo el oficialismo trató de vincular a la oposición –al correísmo, fundamentalmente– con la escalada de violencia.
Sin embargo, el inicio de 2025 ha mostrado cifras récord en lo que a homicidios se refiere, según datos del Ministerio del Interior, hecho que mermó el desempeño de Noboa en la primera vuelta de las presidenciales. Para contrarrestar esta situación, su equipo ha impulsado una ambiciosa campaña electoral a lo largo de 2025, e incluso desde finales de 2024, incorporando métodos como el uso de bots en redes sociales.
Aunque la securitaria no ha sido la única crisis que ha atravesado el breve primer mandato de Daniel Noboa. De hecho, sus meses en Carondelet han estado atravesados por el conflicto institucional que ha sostenido con su vicepresidenta Verónica Abad, a quien Noboa había intentado relegar desde poco después del inicio de su presidencia. Esta crisis fue de gran relevancia y, sobre todo, marcó la discusión pública ecuatoriana durante semanas, principalmente porque, según la legalidad del país, el presidente debe dimitir de sus funciones durante la campaña electoral si decide competir por la reelección.
La política exterior de Daniel Noboa
Quizá la clave fundamental del gobierno de Daniel Noboa ha sido su política exterior. La propuesta más relevante que intentó sacar adelante fue la modificación del artículo 5 de la Constitución de 2008. Dicho texto prohíbe el establecimiento de “bases militares extranjeras”, así como de “instalaciones extranjeras con propósitos militares”. Las líneas fueron incorporadas en el marco del primer gobierno de Rafael Correa y evidenciaban un empeño por parte de la izquierda ecuatoriana de limitar la proyección que Estados Unidos había tenido históricamente en el país.
Sin ir más lejos, el establecimiento de aquel artículo en la carta magna de Ecuador sentó las bases para que Estados Unidos tuviera que abandonar la Base Aérea Eloy Alfaro de Manta, donde funcionaba el Centro de Operaciones de Avanzada estadounidense. Noboa justificó esta pretensión alegando la necesidad de contar con el apoyo de actores como Washington para la lucha contra el crimen organizado.
Además, asoció el rechazo a la reforma constitucional con un supuesto apoyo a la actividad criminal en el país; en este sentido, es conveniente señalar que la propuesta emergió unas semanas antes de que diera inicio la campaña electoral para las elecciones ecuatorianas de 2025.
El otro gran episodio de la política exterior del Ecuador de Daniel Noboa fue, indiscutiblemente, la grave crisis diplomática con México, entonces gobernado por Andrés Manuel López Obrador. En la madrugada del 6 de abril de 2024, efectivos de la policía ecuatoriana ingresaron por la fuerza en la embajada de México en Quito para capturar al exvicepresidente del país, Jorge Glas, sobre el que recaen delitos de corrupción, pero quien alega ser víctima de lawfare.
Ciertamente, en un contexto en el que Donald Trump impulsa un giro en la política de Estados Unidos para América Latina, una eventual reelección de Daniel Noboa esta vez para cuatro años podría significar un cambio de fondo en los lazos entre Quito y Washington.
Donald Trump, junto a su secretario de Estado Marco Rubio, postulan un enfoque mucho más ideológico para América Latina: de un lado, escalando la presión contra los actores “hostiles” y, en general, aquellos no alineados con Estados Unidos; del otro, reforzando y favoreciendo a los gobiernos “amigos” a cambio de concesiones en materia migratoria y, probablemente, comercial y militar.
Junto a Javier Milei en Argentina o Nayib Bukele en El Salvador, Daniel Noboa buscará formar parte del grupo de mandatarios del agrado de Trump a cambio de que Ecuador juegue un rol cada vez más subordinado a la proyección norteamericana en América Latina. En este sentido, un nuevo mandato del líder de ADN podría constituir un verdadero cambio de época en la posición de Ecuador en la región, fundamentalmente en relación a Estados Unidos.
Elecciones en Ecuador: oportunidad para el correísmo
Desde 2023, Luisa González ha sido la principal antagonista del presidente Noboa, quien alcanzó Carondelet luego de que la izquierda ecuatoriana chocase nuevamente con su particular muro de los ballotage. Como ya le ocurriera en 2021, no pudo crecer lo suficiente desde una primera vuelta en la que fue, de lejos, la primera fuerza, y una segunda vuelta en la que no logró contrarrestar el poder del “voto útil” anticorreísta. Noboa se benefició de esta dinámica electoral ecuatoriana, pasando de un 23% en primera instancia a un 52% en el desempate.
El correísmo gobernó Ecuador entre 2007 y 2017 a través del economista Rafael Correa, el representante ecuatoriano de la “marea rosa” latinoamericana. Junto a otros como Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Lula da Silva en Brasil, Vázquez y Mujica en Uruguay o los Kirchner en Argentina, constituyó una de las varias patas de la ola de gobiernos de izquierda, desarrollistas y latinoamericanistas que surgieron como respuesta al ciclo de consenso neoliberal durante la década de los noventa en América Latina.
Correa impulsó desde su gobierno las nociones del Buen Vivir, si bien encontró considerables contradicciones, fundamentalmente en la relación con los movimientos indigenistas enmarcados en la Confederación de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (CONAIE). Desde entonces, la tensa relación con este sector, representado políticamente por el movimiento Pachakutik, ha limitado enormemente las opciones electorales de Revolución Ciudadana en los balotajes contra la derecha nacional.
De cara a la segunda vuelta de las elecciones en Ecuador del 13 de abril, Revolución Ciudadana tiene una posición favorable. Ha logrado elevar su suelo de voto en la primera vuelta, partiendo de un 44% que es, evidentemente, más competitivo que el 33% obtenido en primera instancia en 2023.
Además, debido al carácter confrontativo del gobierno de Daniel Noboa, la postura de Pachakutik en este balotaje se antoja menos anticorreísta que en otras ocasiones. Si bien su líder Leónidas Iza no ha pedido abiertamente que sus electores “desplacen” excepcionalmente su apoyo hacia la candidatura de Luisa González, sí ha deslizado en sus declaraciones públicas una preferencia clara por evitar un segundo gobierno de Noboa.
De lograr recuperar Carondelet, la izquierda ecuatoriana afrontará numerosas dificultades. En primer lugar, deberá buscar soluciones para una crisis securitaria que se agravó enormemente poco después de la salida de Rafael Correa del gobierno y sobre la que, por tanto, la propia Revolución Ciudadana no tiene experiencia en la gestión. Además, las condiciones regionales no son las mismas que aquellas en las que Correa obtuvo la victoria en 2006. América Latina atraviesa un ciclo de persistentes derrotas oficialistas y los aliados del correísmo hoy son menos en cantidad, en fuerza electoral y en firmeza programática.
Sea como fuere, es posible afirmar que las elecciones en Ecuador del año 2025 son cruciales. Una eventual victoria de Daniel Noboa significaría probablemente un reencaje del país en una región que parece volver a estar en el foco de la administración estadounidense. Por contra, un retorno del correísmo al gobierno sería un nuevo espaldarazo para una izquierda latinoamericana que atraviesa profundos debates sobre sus nuevas perspectivas.