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Mundo India | Rusia |

Sueño de libertad en India

India: La policía descubrió que una mujer rusa vivía en una cueva con sus dos hijas

La mujer, originaria de Rusia, que vivía en una cueva en India "en armonía con la naturaleza" junto a sus hijas, puede ser deportada

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Caras y Caretas Diario

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Mientras patrullaba los densos bosques de Gokarna, en el sur de la India, el inspector Sridhar divisó entre la vegetación una estatua hindú y unos saris rojos que colgaban a modo de cortina. Al acercarse, descubrió la entrada a una cueva oculta. Dentro, lo que encontró lo dejó sin palabras: una mujer rusa vivía allí, acompañada por sus dos hijas.

La escena, relatada por los periodistas Anupreeta Dasy y Hari Kumar, desde Nueva Delhi, para el New York Times, parece sacada de un relato mitológico.

En India, en paz con la naturaleza

El hallazgo ocurrió el 9 de julio en las colinas de Ramateertha, una zona frondosa y peligrosa por sus deslizamientos de tierra y serpientes venenosas. La mujer, identificada como Nina Kutina, de 40 años, llevaba una semana en esa cueva, aunque no era su primera vez allí. En realidad, el descubrimiento marcó el final de una historia de nueve años de búsqueda espiritual por el subcontinente, vivida casi por completo, al margen del mundo moderno.

Kutina, originaria de Rusia, según reconstruyeron las autoridades, había llegado a la India por primera vez en 2016 con una visa de negocios de seis meses. Su destino fue Goa, centro espiritual para muchos extranjeros en busca de retiro, yoga y conexión mística. Tras sobrepasar el tiempo permitido de estadía, salió del país en 2018 y se trasladó a Nepal. Más tarde, en 2020, volvió a entrar a la India con una visa de turista junto a sus cuatro hijos. Hoy, sólo está con las dos niñas: su hijo mayor murió en un accidente de bicicleta y el paradero del otro menor, de 11 años, es desconocido.

Kutina alternaba su residencia entre Goa —donde enseñaba lengua y literatura rusas— y la cueva de Gokarna, a la que acudió al menos en cuatro ocasiones. Allí, según la policía local, vivía en armonía con la naturaleza: cocinaba roti, curry y verduras en una estufa de leña, meditaba a la luz de las velas y decoraba las paredes con imágenes de deidades hindúes. Para ella, el lugar era “un paraíso”.

Según un informe de The Indian Express, Kutina afirmó que una de sus hijas nació en una cueva en Goa y que el padre de ambas es un empresario israelí residente en la India.

"Pintábamos, cantábamos y vivíamos en paz"

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Sin embargo, esta última estadía terminó con la intervención de las autoridades. Preocupados por las lluvias intensas y el riesgo geológico del área, los oficiales convencieron a Kutina de abandonar el lugar y la trasladaron a un refugio para mujeres. Desde allí, con el celular recién cargado, escribió a sus familiares: “Nuestra vida tranquila en la cueva ha terminado; nuestra casa ha sido destruida”.

Pese a su actitud pacífica y su respeto por las tradiciones locales, la situación migratoria de Kutina es irregular. El gobierno indio ha ordenado su deportación y la de sus hijas, quienes ya han sido trasladadas a un centro de detención en otra ciudad. Mientras tanto, imágenes difundidas por las autoridades muestran a la mujer sentada en silencio, peinándose en una sala vacía, mientras una de sus hijas mira una pantalla. La aventura espiritual ha llegado, por ahora, a un abrupto final.

Cuando se le preguntó por qué no regresó a Rusia, Kutina dijo a la agencia de noticias Press Trust of India que su familia "estaba lidiando con un dolor constante, papeleo y otros problemas". "Ha habido muchas razones complicadas. Primero, hubo múltiples pérdidas personales: no solo la muerte de mi hijo, sino también la de otras personas cercanas. Estábamos constantemente lidiando con el duelo, el papeleo y otros problemas", señaló.

En los últimos 15 años, dijo haber estado en unos 20 países. "Mis hijos nacieron en lugares diferentes. Los atendí a todos yo misma, sin hospitales ni médicos, porque sé cómo hacerlo. Nadie me ayudó, lo hice sola" dijo. En otros medios señaló que antes de su detención, sus hijas gozaban de excelente salud aunque nunca antes habían visitado un centro de salud.

Kutina describió su vida en la cueva, dijo que la familia "se despertaba con el sol, nadaba en ríos y vivía en la naturaleza". "Cocinaba en una fogata o con una bombona de gas, según la temporada, y compraba comida en un pueblo cercano. Pintábamos, cantábamos, leíamos y vivíamos en paz", dijo.

El padre de las niñas desconocía su paradero

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El otro lado de la cueva: habla el padre de las niñas encontradas con Nina Kutina en Gokarna, Dror Goldstein, ciudadano israelí y padre de las niñas.

Desde hace años, Goldstein ha viajado a la India con frecuencia para estar cerca de sus hijas, Prema y Ama, de seis y cinco años. En una entrevista concedida a NDTV, aseguró que Nina se marchó de Goa sin avisarle y que desconocía su paradero hasta hace poco. “Hace unos meses se fue sin decirme nada. No sabía dónde estaban”, afirmó. Ante la incertidumbre, presentó una denuncia por desaparición.

Fue así como dio con la noticia del hallazgo en Gokarna, y descubrió que su ex pareja vivía en condiciones precarias con las niñas, en una cueva oculta en las colinas de Ramateertha.

Goldstein conoció a Nina en Goa hace aproximadamente ocho años. Según sus palabras, fue un vínculo "intenso" que incluyó "varios meses de convivencia en la India y luego una etapa en Ucrania". Desde entonces, ha intentado mantenerse involucrado en la crianza de sus hijas, incluso a distancia. “Les he estado enviando una buena cantidad de dinero cada mes. Tienen todo lo que necesitan”, aseguró.

Ahora, con el proceso de deportación en marcha, Goldstein teme lo peor: que sus hijas sean enviadas a Rusia junto a su madre. “Sería muy duro para mí si las llevaran allí”, declaró. Por eso, dice estar dispuesto a hacer todo lo posible para impedir que las niñas sean trasladadas fuera del país. Su objetivo es obtener una custodia compartida que le permita seguir presente en la vida de sus hijas.

El relato de Goldstein suma nuevas capas a una historia que comenzó en el silencio de una cueva pero que ahora se expone ante autoridades, medios y sistemas legales de al menos tres países.

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