Bangladesh conmocionado
Los primeros informes oficiales confirmaron al menos 31 fallecidos, entre ellos 25 niños, una docente y el propio piloto. Más de 170 personas resultaron heridas, muchas con quemaduras de diversa gravedad. Varios estudiantes fueron rescatados con vida entre los escombros gracias a la acción inmediata de vecinos, docentes y cuerpos de bomberos que trabajaron a contrarreloj.
Los hospitales de Dhaka colapsaron momentáneamente ante la llegada masiva de heridos, mientras que la población comenzó a movilizarse espontáneamente para donar sangre y ofrecer asistencia. Las imágenes transmitidas por medios locales muestran escenas de desesperación, con padres buscando a sus hijos entre ambulancias y camillas.
El gobierno bangladesí decretó luto nacional por tres días, y ordenó que las banderas ondearan a media asta en todo el país. También se suspendieron temporalmente los vuelos militares sobre zonas urbanas.
Investigación y protestas
El Ministerio de Defensa activó una investigación de emergencia para determinar las causas exactas del siniestro. En un comunicado, la Fuerza Aérea informó que el F7 había pasado una inspección reciente y no presentaba fallas detectables. Sin embargo, técnicos chinos —ya que el avión es de fabricación de ese país— fueron convocados para participar en los peritajes.
Protestas estudiantiles y manifestaciones espontáneas se organizaron frente al Ministerio de Defensa en las horas siguientes al accidente, con carteles que exigían justicia y la revisión inmediata de protocolos militares en zonas civiles.