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Política Proyecto Neptuno | Arazatí |

bajo la lupa

¿Cuáles son los cuestionamientos al Proyecto Neptuno?

Organizaciones sociales, especialistas y actores políticos advierten sobre las consecuencias de una obra millonaria que podría vulnerar el mandato constitucional sobre la gestión pública del agua.

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El Proyecto Neptuno, promovido por el anterior gobierno como una solución para garantizar el abastecimiento de agua potable al área metropolitana, implica la construcción de una planta potabilizadora en la costa del Río de la Plata, en el paraje Arazatí, departamento de San José. Aunque las autoridades anteriores lo presentaron como una medida urgente frente a la crisis hídrica que afectó a Montevideo en 2023, múltiples voces de la entonces oposición cuestionaron su viabilidad, legalidad y sostenibilidad.

La planta será construida y gestionada por el consorcio privado Aguas de Montevideo, integrado por empresas nacionales como Ciemsa, Saceem, Berkes y Fast. Esta modalidad ha sido duramente criticada por contradecir el principio de gestión estatal del agua, consagrado en el artículo 47 de la Constitución tras la reforma plebiscitada en 2004.

El megaproyecto de planta potabilizadora en Arazatí, San José, desató cuestionamientos por su impacto ambiental, la privatización de un recurso estratégico y la falta de participación ciudadana.

Privatización encubierta

Para la Comisión Nacional en Defensa del Agua y la Vida (CNDAV), se trata de una privatización encubierta del servicio de agua potable. “El Estado será rehén de un contrato por 20 años, en el que deberá pagar millones de dólares por el agua potabilizada, sin control real sobre el proceso”, advirtieron desde la organización.

Esta situación provocó dudas sobre el cumplimiento del mandato constitucional que establece que el agua es un recurso natural esencial para la vida y que su gestión debe estar exclusivamente en manos públicas, con participación social.

Riesgos ambientales y técnicos

El punto de toma de agua previsto en el Río de la Plata es otra de las alertas encendidas por especialistas en hidrología y medio ambiente. Se trata de una zona de alta salinidad, con presencia de contaminantes y cambios bruscos en la calidad del agua, especialmente durante épocas de sequía.

Esto implica un riesgo para la eficiencia de la potabilización y también para la salud de las personas. “No hay garantías de que el agua captada allí pueda ser tratada de forma segura, y menos aún en condiciones extremas como las vividas el año pasado”, advierten técnicos consultados.

Además, el proyecto no contempla adecuadamente el impacto ambiental sobre el ecosistema costero, una zona frágil con flora y fauna específicas que podrían verse gravemente afectadas por la construcción de la planta y el trazado de nuevas infraestructuras.

Falta de participación y transparencia

Otro aspecto que preocupa a organizaciones sociales y a la academia es la escasa información pública disponible sobre los estudios técnicos del proyecto y la ausencia de instancias de participación ciudadana.

“Se está avanzando con una obra de gran escala sin habilitar un verdadero diálogo democrático, sin consulta a las comunidades locales ni mecanismos de auditoría social”, denuncian desde la CNDAV.

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