La mañana del miércoles 25, una lancha rápida con matrícula estadounidense con diez personas armadas ingresó en aguas territoriales cubanas y fue interceptada por una patrulla de la tropa de guardia de fronteras de la policía de Cuba, que le dio la voz de alto. La lancha desconoció la orden y sus ocupantes atacaron a tiros a la patrulla, hiriendo al capitán del operativo policial, y desencadenando un contraataque que se saldó con cuatro de los invasores muertos y seis heridos, que fueron atendidos por equipos médicos cubanos.
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El incidente fue conocido en la misma jornada por un comunicado del ministerio del interior de Cuba y un día después se supo que los integrantes de la lancha eran cubanos que vivían en Estados Unidos, varios de los cuales tenían profusos antecedentes penales e incluso se encontraban prófugos de la justicia de Cuba por actos de terrorismo y otros delitos graves.
Aunque las autoridades estadounidenses, y en particular el secretario Marco Rubio, deslizaron conjeturas que intentaron deslegitimar la versión de las autoridades cubanas, la contundencia de los datos y el hecho de que todos los participantes de la refriega eran cubanos radicados en Estados Unidos de los sectores más radicales de esa comunidad, dejó sin letra rápidamente al gobierno de Trump que, por cierto, gusta de asesinar gente mediante hundimiento de lanchas en aguas internacionales a misilazos, y sin dar muchas explicaciones.
¿ Cómo se explica la provocación contra Cuba?
Este incidente se produce en el contexto del mayor asedio de las últimas décadas a la Isla de Cuba, solo comparable con la crisis de los misiles de 1962, incluyendo un bloqueo total del suministro de petróleo a Cuba , mediante dos mecanismos simultáneos: uno explícito que imponer aranceles a los que le venden petróleo a Cuba - mecanismo que ya cayó por la sentencia de la corte suprema- y un bloqueo naval no confeso, pero que ya ha sido demostrado por medios de comunicación y analistas de los Estados Unidos.
La posibilidad de que EEUU esté intentando construir incidentes de falsa bandera o provocaciones para intentar una incursión militar no puede ser descartada, pero hay que tener en cuenta que si EEUU no ha invadido Cuba jamás no es porque no haya podido fabricarlos, sino porque siempre ha conjeturado que el costo de hacerlo es muy superior que ningún beneficio que pudiera obtener, salvo sacarse esa espina que tiene clavada hace más de sesenta años.
Cuba no es un paseo y eso es algo que conviene tener cuenta siempre para las autoridades norteamericanas, más allá de las pavadas presuntuosas que suelen expresar los exponentes más agresivos de la comunidad cubana en Miami.
Como sea, la acumulación de sanciones, bloqueo naval e incidentes armados dan cuenta de la obsesión y la desesperación de los estados Unidos y, en particular de los conocidos cubanoamericanos, como Marco Rubio que sienten que les llegó su momento. Por eso es cada vez más importante que la comunidad internacional, y sobre todo la latinoamericana, exprese su solidaridad con Cuba, denuncie las agresiones y rodee a la isla de solidaridad. Porque solo un ambiente de solidaridad y movilización de los estados dignos protege a Cuba de la locura imperial de la cúpula fascista que gobierna a los Estados Unidos en esta segunda temporada de la administración Trump. Por ello es imperativo que la marcha de este sábado en nuestro país sea grande y que el gobierno abandone su silencio incalificable, y se manifieste de manera clara y solidaria con la isla de Cuba en este tiempo de peligro desatado.