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Política aranceles | guerra |

Por la fuerza

EEUU busca financiar sus guerras con la imposición de aranceles a deceneas de países

Dentro de la lista de paises a los que EEUU les impuso nuevos aranceles se encuentran Uruguay, Brasil, Argentina, México, Chile, Colombia, entre otros.

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La reciente ofensiva arancelaria impulsada por EEUU bajo la administración de Donald Trump —que oscila entre el 10% y el 12,5% para unas 60 naciones, incluyendo a gran parte de América Latina— suele justificarse en los papeles oficiales bajo el eufemismo de la regulación comercial y la exigencia de estándares laborales. Sin embargo, los discursos de la Casa Blanca dejan al descubierto una realidad mucho más cruda: la política comercial exterior se está utilizando como un mecanismo de recaudación fiscal forzoso para oxigenar una economía asfixiada por el gasto militar.

Los costos ocultos de la confrontación y la guerra

Las piezas del rompecabezas económico y militar comienzan a encajar al observar los números que maneja el propio Pentágono. Mientras el secretario de Guerra, Pete Hegseth, admitía ante el Senado que la campaña bélica contra Irán ya supera los 37.500 millones de dólares y exigía más fondos —una inyección presupuestaria que la Cámara Alta terminó rechazando—, el Departamento de Comercio movía ficha rápidamente en el tablero internacional.

Ante la resistencia legislativa interna y un déficit fiscal agudizado por la magnitud de sus operaciones en Medio Oriente, la Casa Blanca ha optado por descargar el peso de su maquinaria de guerra sobre las espaldas de sus socios comerciales.

América Latina en la línea de fuego

La imposición de gravámenes del 12,5% a países latinoamericanos —y casos excepcionales como el 25% impuesto a Brasil— confirma que las prioridades geoestratégicas de Washington se financian mediante la presión a las economías periféricas. Este enfoque unilateral subestima deliberadamente la estabilidad regional, transformando el intercambio comercial en un portafolio de cobro destinado a sostener conflictos lejanos que nada tienen que ver con los intereses del continente latinoamericano.

Lejos de responder a una genuina cruzada de "sanidad comercial", la medida de la administración estadounidense transparenta una peligrosa doctrina: la factura de la proyección de poder global y de los delirios de hegemonía unilateral la pagan, en última instancia, los exportadores, trabajadores y consumidores de los países socios mediante tasas arbitrarias. Cuando la diplomacia comercial se subordina por completo a la chequera del Pentágono, el libre mercado tantas veces idolotrado e impuesto por el capitalismo deja de existir para convertirse en un simple tributo de guerra.