Un comentario realizado al pasar por el periodista argentino Hugo Alconada Mon durante un almuerzo con Mirtha Legrand, señalando que “Uruguay es la cueva del dinero negro de la región”, provocó escozor en varias autoridades.
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“Nosotros somos buenos, los malos son los otros”, es parte del mito uruguayo, porque la molestia por esas declaraciones no fue la misma cuando se supo que el fallecido senador colorado Wilson Sanabria y su hijo Francisco lavaron entre 15 y 20 millones de dólares usando al Cambio Nelson de su propiedad; ni cuando procesaron al escribano y exdiputado herrerista Antonio Zoulamián, quien lavó otros 15 millones de dólares apropiados a sus clientes; ni cuando, por orden argentina, se descubrió que el empresario Marcelo Balcedo había lavado millones –tal vez más de 20– en nuestro país; y ni siquiera ahora cuando, después de que muriera a manos de su expareja, se supiera que el empresario Gonzalo Aguiar había lavado otros 15 millones estafados a sus socios canadienses. Unos 70 millones de dólares en siete años, solo en esos cuatro casos.
Una minucia si se compara con los mil millones de la misma moneda que el argentino Raúl Vivas, en complicidad con el exministro del Interior herrerista, Angel María Gianola, lavaron en los 80 para el Cártel de Medellín.
Acá blanquearon dinero el expresidente argentino Carlos Menem y varios de sus secuaces o testaferros; lo hizo el expresidente brasileño Fernando Collor de Mello; acá se lavaron parte de las coimas que recibió el Partido Popular español y algunas de las coimas que pagó la constructora brasileña Odebrecht. Siempre con la participación de importantes estudios jurídicos.
Generalmente se asocia el lavado de activos al narcotráfico y, si bien en parte es así, por lo que sabemos hasta ahora la mayoría del lavado realizado en nuestro país proviene de la corrupción política, de la evasión fiscal o de otros delitos. Y mucho de ese dinero se ha invertido en propiedades.
Heritage, un caso emblemático
Durante aproximadamente ocho años (2009–2017), Elena Nazarenko, ejecutiva de Cuentas del banco Heritage, montó una estafa piramidal por la que se apropió de unos 20 millones de dólares que ciudadanos argentinos le entregaban en un apart hotel de Buenos Aires.
Con ese dinero ella y su esposo, Agustín Sena, montaron un número importante de negocios en Punta Colorada, Piriápolis, Las Flores y Solís. Una tienda deportiva, dos supermercados, dos restaurantes y una heladería formaron parte del complejo comercial. Además adquirieron una añeja residencia –Los Macachines– ubicada en el balneario Solís, en la que invirtieron un millón de dólares entre la compra y la refacción.
Por si fuera poco, Sena, que era vicepresidente del club Welcome, también financió a esa institución deportiva con aproximadamente dos millones de dólares.
Los encuentros se hacían en el hotel Trianon ubicado en Callao al 1800, a metros de la avenida Alvear. Se trata de un apart hotel con departamentos totalmente equipados. No todos los clientes argentinos tenían el dinero declarado en ese país, entonces eran captados en Buenos Aires por Nazarenko. Durante años ella recogió el dinero, lo trasladó a Montevideo y acá lo depositaba en cuentas legales de sus clientes. Hasta que comenzó su maniobra.
Cada vez que viajaba a Buenos Aires, ella montaba una oficina en el hotel. Sus clientes hacían cola en la planta baja y subían de a uno. “El banco tenía una oficina en Buenos Aires pero decidió cerrarla en 2009″, dijo la exejecutiva ante la Justicia uruguaya.
En esa misma declaración, que duró más de tres horas, Nazarenko relató que ingresó al banco en 1982 y renunció recién en diciembre de 2017, en medio del escándalo. En realidad ella había ingresado con el mismo cargo que tenía en el Banco Surinvest, adquirido junto con parte del Lloyds Bank para fundar la filial uruguaya de la Banque Heritage, de Suiza.
Pero el abogado Enrique Sayagués, representante de Diego Lenguas, “valijero” del Banco, dijo que “en el año 2012, los actuales dueños compraron Banque Heritage en Uruguay. Inmediatamente cerraron la sucursal en Buenos Aires, pero no dejaron de funcionar en su tarea habitual: traer dinero ‘negro’ al Uruguay. Sencillamente, les resultaba más fácil y seguro hacerlo en forma clandestina y así operaron desde 2012 hasta 2017”.
A fines del 2017 Sena se suicidó y ahí comenzó el principio del fin. Nazarenko no estaba en el banco cuando un argentino, que había entregado casi 2.600.000 dólares a la ejecutiva, sospechó una maniobra, viajó a Montevideo y descubrió que en su cuenta solo había 76.000 dólares.
En esos días Alejandro Tronconi, que había entregado 1.000.000 de dólares a Nazarenko, también viajó a Uruguay porque necesitaba parte de ese dinero, pero se enteró que no había nada en su cuenta. El hombre declaró ante la Justicia uruguaya que el dinero era producto de la venta de un edificio de su familia y que estaba declarado ante la AFIP.
Pero varios de los afectados no podían justificar sus fondos y entonces lo enviaban a Uruguay a través de financieras de la city porteña o desde cuentas radicadas en Estados Unidos. Por eso admitían la informalidad de las reuniones en un hotel porteño y el traslado de las “comisiones” en Buquebus, esquivando todos los controles.
A la mayoría de sus “clientes”, la ejecutiva bancaria decía que “el dinero estaba invertido en un Fondo de Pensión brasileño llamado Aes International”. Pero la empresa no existía y usaba el nombre de otra reconocida firma.
Un informe realizado por Pricewaterhouse a solicitud del Heritage detectó que hubo transferencias de dinero a través de por lo menos cuatro cambios: Montevideo Cambio y Turismo SA, Alter Cambio, Cambio Columbus y Cambio Monex.
En todo momento el Banco intentó salvar su responsabilidad, señalando que “habían sido tan víctimas como los clientes”, y trasladó la misma también a Diego Lenguas, que oficiaba de “valijero” para traer y llevar dinero a Buenos Aires.
En su momento, Nazarenko dijo que “el monto total de lo que se había apropiado era de unos dos millones de dólares”. Pero el Heritage situó la estafa en algo más de 20 millones.
Lenguas fue investigado por la Justicia uruguaya, pero dejado en libertad, ahora mantiene una demanda civil contra el Banco. Su representante, el abogado Sayagués, dijo a Montevideo Portal que “cuenta con datos y documentos que prueban que el Banco Heritage montó una importante operativa para recabar fondos de depositantes en Buenos Aires, en particular de residentes argentinos que no declaraban sus activos monetarios a la autoridad tributaria de ese país, la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP)”.
Agregó que “los del Banco dijeron que iba a venir con 45 testigos, depositantes argentinos que iban a declarar que mi cliente los había robado. Cuando vinieron los primeros 15 fue unánime y categórico. Declararon que todo era plata negra y que el Banco sabía perfectamente. También que Diego Lenguas les había entregado todo perfecto y que nunca se entregaron recibos. Por supuesto, los otros 30 testigos después no vinieron. Como consecuencia de esas declaraciones, la causa penal contra mi defendido fue archivada por el fiscal Enrique Rodríguez”.
En el año 2018 Nazarenko fue condenada a dos años y cinco meses de prisión, pero logró libertad vigilada antes. En su momento la Fiscalía no logró probar la participación de ningún Cambio en las maniobras.
Pero la situación ha cambiado porque se presentaron nuevas denuncias penales ahora contra el Heritage. En el escrito al que accedió Caras y Caretas, el abogado Sayagués, quien representa también a Tronconi, señala la responsabilidad del Heritage en las maniobras fraudulentas y sostiene que estarían configurados “los presuntos delitos de estafa, apropiación indebida y lavado de dinero”.
A su juicio, “el Banco Heritage tenía pleno conocimiento de una maniobra de lavado de dinero que se realizó por varios años, por muy importantes cantidades de dinero y con total ausencia de controles.Tanto que los movimientos de dinero que provenían de Argentina eran sistemáticamente eliminados de la contabilidad del banco”. Este dato fue confirmado ante la Justicia por la propia Nazarenko.
Se aguarda que unos 40 afectados, que ya han iniciado demandas civiles contra el Banco, se presenten a declarar ante el fiscal Enrique Rodríguez.
El caso Aguiar
La muerte de Gonzalo Aguiar el pasado 29 de febrero, cuando fue abatido de 7 balazos disparados por su expareja, abrió puertas a cuatro fiscalías. En Maldonado, el fiscal Sebastián Robles indaga el asesinato; su colega Jorge Vaz tiene la denuncia presentada por el diputado Sebastián Cal (Cabildo Abierto); en tanto, en Montevideo, el fiscal Gilberto Rodríguez tiene a cargo la denuncia por estafa presentada por los accionistas canadienses y su par Enrique Rodríguez investiga eventuales maniobras de lavado de activos.
Precisamente este último deberá investigar qué papel le cupo al Cambio Salto Grande, de la capital salteña, para, entre otras cosas, saber si existen Reportes de Operaciones Sospechosas de los giros millonarios que recibía desde Canadá para entregar a Aguiar.
Bancos internacionales cómplices de delincuentes de todo tipo
“Un banquero es una persona que te presta su paraguas cuando el sol brilla, pero lo quiere devuelta en el preciso instante en que comienza a llover”, escribió Mark Twain.
La banca y los banqueros han sido identificados con el sistema capitalista. Ellos más que nadie simbolizan el concepto del capital. No hay capitalismo sin crédito, se repite por todos lados. Pero, además, esto tiene una ética.
El sociólogo Max Weber lo explica en su libro “La ética protestante y el espíritu del capitalismo”.
“Fue la doctrina del teólogo francés Juan Calvino, en el siglo XVI, la que tuvo una influencia determinante en el futuro de la economía mundial, al instalar una visión positiva de los bienes terrenales. El calvinismo vino a decir que el éxito mundano, la prosperidad material, era un signo divino de pertenencia a la raza de los elegidos”. Esta teología, dice Weber, al santificar la búsqueda de lucro y cambiar la concepción del dinero (que era visto con malos ojos en la Edad Media), dio fundamento a la ética del capitalismo.
Para el capitalismo, la única forma de sacar a la gente de la pobreza es con crecimiento económico. Pero para que exista ese crecimiento se necesita dinero y el dinero lo manejan los bancos.
Veamos cómo lo manejan.
Hace cuatro años el diario El País de España informó sobre una filtración masiva de archivos de la Administración de Estados Unidos que revelan cómo la gran banca se saltó las regulaciones internacionales sobre lavado de dinero y favoreció, a través de movimientos millonarios, a cuestionados magnates del este de Europa, redes criminales y operadores políticos acusados de corrupción.
Se trata de miles de informes que las entidades bancarias estadounidenses remiten ante cualquier sospecha a la oficina de Control de Crímenes Financieros (FinCEN), que depende del departamento del tesoro. Los registros demuestran, según el trabajo, que “cinco bancos globales (JP Morgan, HSBC, Standard Chartered Bank, Deutsche Bank y Bank of New York Mellon) siguieron beneficiándose” de esos clientes incluso después de haber sido sancionados por las autoridades estadounidenses.
La investigación se inició con una filtración de documentos secretos a BuzzFeed News, que compartió los archivos con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, por sus siglas en inglés).
“En algunos casos”, señala el ICIJ, “los bancos siguieron moviendo fondos ilícitos incluso después de que funcionarios estadounidenses les advirtieron que enfrentarían procesos penales si no dejaban de hacer negocios con mafiosos, estafadores o regímenes corruptos”.
Y estos movimientos, según destaca el Consorcio de Periodistas, llegaron a salpicar a la campaña del propio mandatario estadounidense, Donald Trump. “JP Morgan también procesó más de 50 millones [de dólares] en pagos durante una década, según muestran los registros, para Paul Manafort, el exjefe de campaña del presidente Donald Trump. El banco transfirió al menos 6,9 millones en transacciones de Manafort en los 14 meses posteriores a su renuncia a la campaña en medio de un torbellino de acusaciones de lavado de dinero y corrupción que surgieron de su trabajo con un partido político prorruso en Ucrania”.
Los archivos, que abarcan 17 años, de 2000 a 2017, demuestran que las transacciones sospechosas “continuaron aumentando a través de las cuentas de JP Morgan a pesar de las promesas del banco de mejorar sus controles de lavado de dinero como parte de los acuerdos que alcanzó con las autoridades estadounidenses en 2011, 2013 y 2014”, asegura la investigación.
Vale recordar que el JP Morgan y el Deutsche Bank, eran los socios extranjeros del Banco Comercial cuando este cayó dando inicio a la crisis del 2002.
En el 2012 el periodista Samuel Blixen escribió en Brecha que “la privatización de Pluna fue un negocio de viejos conocidos, como el JP Morgan, y otros nuevos, como el Scotiabank, y su derrumbe reedita la fórmula de que el Estado termina pagando los platos rotos. La consultora Ficus Capital, elegida por el entonces ministro Danilo Astori, aparece como el titiritero en las sombras”.
Ficus fue creada por Paul Elberse y Francisco Ravecca. Fue Ficus quien eligió a Matias Campiani que, con su empresa Leadgate, debía pilotear a la aerolínea uruguaya. Todos sabemos cómo terminó.
Antes, Ficus había intermediado en la venta del Nuevo Banco Comercial, el Comercial después de los Rohm o en el financiamiento del Aeropuerto de Carrasco.
La empresa Ficus se asocia a algunas de las grandes derrotas empresariales del Estado uruguayo. Es decir, nos clavaron varias veces.
Las autoridades uruguayas siempre llegan tarde, o nunca
Cuando desde fines de los 80 se empezó a descubrir que los cárteles colombianos lavaban plata en Uruguay, no fue por obra de las autoridades uruguayas sino por requisitorias de la Justicia extranjera.
Lo mismo pasó con los cárteles mexicanos y con el capo de la mafia calabresa Rocco Morabito. Las maniobras de lavado menemista, que incluyeron la venta de armas a Croacia y Ecuador hechas por una empresa uruguaya presidida por una jubilada, nunca fueron investigadas. Y lo mismo ocurrió con otras maniobras de lavado como las coimas recibidas por el Partido Popular español o las pagadas por Odebrecht.
En Maldonado todo el mundo sabía lo que hacía Sanabria, pero las autoridades del BCU y la Justicia no se enteraron. Zoulamián hizo dos veces la misma estafa, con varios años en medio.
Nadie sabía quién era Gonzalo Aguiar, pero de pronto aparece millonario y hasta visitado por un jerarca de Presidencia, luego ministro del Interior.
En algunos departamentos de este país lavar dinero no está mal visto, “da trabajo y la plata queda en ladrillos”, afirman. De la corrupción que genera no dicen ni mu.
Uruguay tuvo funcionarios ejemplares como Leonardo Costa en la Secretaría de Presidencia de la República; Ricardo Gil Iribarne en la Jutep; o Carlos Díaz y Daniel Espinosa en la Senaclaft.
Por su impulso se lograron leyes y controles, nunca suficientes, porque los delincuentes siempre van delante. Aún así se desmantelaron varias operaciones de lavado y hubo muchos procesados.
Pero hoy la Jutep y la Senaclaft (en lenguaje criollo) están pintadas.
A su vez, ni la Fiscalía ni la Justicia parecen estar preparadas para enfrentar los enormes desafíos de estos tiempos, cuando solo se habla de Crimen Organizado.
Lo peor es que estos temas no parecen interesar mucho al sistema político.