Tan absurdo como intentar tapar el sol con un dedo es pretender frenar el impacto de una noticia en la era de las redes sociales. Parece una película de antes, llamar a un diario para pedir que no se publique una información, como hace 20 años atrás, cuando se hacían llamadas nocturnas a los directores de los diarios para "influenciar" en la tapa del día siguiente.
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El "genio" que pensó que llamando a El Observador paraba una noticia se quedó en el siglo pasado. Si hasta aquí les funcionó lo de trabajar con periodistas "amigos" y tachar de la lista a los que piensan distinto, eso ya terminó. Puede haberles funcionado cuando recien ganaron las elecciones y reunían a los comunicadores "elegidos" en un hotel para bajarles línea de lo que debían publicar al día siguiente, pero ya no corre más.
Si lo que se pretendía era impedir que se difunda la información de que la investigación del caso Astesiano había revelado la existencia de chats sobre pedido de informes sobre la exesposa del presidente de la república, Lacalle Pou, hicieron el ridículo.
Lo único que lograron fue potenciar la información, instalarla definitivamente en la agenda, hacer que la opinión pública quede en shock al entender que no hay límites para la sorpresa.
Si se descubre un posible espionaje contra la exesposa del presidente, y se argumenta que "son solo cuestiones privadas", aunque se haya hecho utilizando el aparato del Estado para ejecutarlas, ¿qué más se puede esperar? El teléfono de Astesiano no para de sorprender, aunque algunos quieran seguir tapando el sol con un dedo.