El motivo de la elaboración del documento es producir una señal audiovisual, limpia, aséptica, positiva y disfrutable, omitiendo pormenorizadamente todo lo negativo que ocurra durante el desarrollo del evento y que pueda contaminar el “producto”. No podría, por ejemplo, en dicha señal mostrar en vivo al presidente de la República ni al presidente de la AUF, particularmente en actitudes desagradables, como bostezar o rascarse el polo norte o el polo sur, gestos que, a juicio del inquisidor, cuya función sería el control del contenido emitido, podrían producir una imagen molesta o desagradable que “ensuciara al producto”.
¿Qué quiere mostrar la AUF?
Para no mostrar a Ignacio Alonso rascándose donde le pica, sugieren como alternativa mostrar familias, mujeres bonitas y niños, imágenes que contribuirían a mejorar el valor comercial del producto final. El verdadero motivo es la comercialización y el valor económico.
El documento de la AUF regularía sus transmisiones e impondría a los camarógrafos normas estrictas que impedirían mostrar carteles en las tribunas, pedidos de ayuda, expresiones de solidaridad y pronunciamientos humanitarios y políticos, salvo cuando fueran autorizados anticipadamente por las autoridades competentes. También gestos desagradables de los jugadores o técnicos, disturbios en las tribunas, bengalas o fuegos artificiales.
También controlarían los relatos de los periodistas y comentaristas que sólo podrán hablar de cosas positivas, para que no ensucien lo que se quiere vender.
El documento ignora que la ley impide que se utilice la imagen de una persona con fines comerciales sin su autorización, y más precisamente establece taxativamente que se prohíbe la utilización de las imágenes de niños sin la autorización de los padres.
El documento olvida que el presidente de la República puede preferir que no se oculte su participación en un evento deportivo y no se manipule su imagen para mejorar un producto comercial.
La AUF ignora que restringir la opinión de un periodista es una violación de la libertad de prensa, y obligarlo a dar un sesgo determinado en sus comentarios, omitiendo aspectos de los hechos y destacando otros, es una violación grave de la libertad de conciencia.
Perder tiempo en citar todas las cosas que se pueden mostrar y todas las que hay que evitar en beneficio del producto resultaría un insulto a la inteligencia y a la paciencia del lector. El cúmulo de pelotudeces prohibidas o autorizadas resultaría en una enumeración tediosa e inútil.
Quiero creer que la elaboración de este protocolo no habrá costado a la AUF una montaña de dólares como otros recientes asesoramientos que se han conocido. Pero el documento es esclarecedor en cuanto a cuál es rol que se nos asigna a los hinchas en el “espectáculo”.
La imagen de los hinchas parece ser un factor principal en el producto que vende la AUF, pero los hinchas somos los únicos que pagamos para que todos los llamados “grupos de interés” reclamen derechos de imagen.
También es esclarecedora la valoración que hace la AUF sobre los problemas que aquejan a nuestro principal deporte. La violencia, el lavado de dinero, la corrupción, la opacidad financiera no aparecerán en la televisión pero seguirán existiendo aunque los operadores “ponchen” la imagen. Tampoco aparecerá Alonso pidiendo exoneraciones impositivas para las actividades comerciales de la AUF, porque eso dañaría la imagen de solvencia institucional que oculta la categoría 4 que detenta la AUF por su pésima administración.
Nada de esto aparecerá en su televisor, ni en cable ni el streaming. Sólo verá al presidente de la AUF cuando aparezca en “un falso vivo” con sonrisa de ganador y pilchas compradas en París.