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Política inflación | baja | Meta

Política monetaria eficaz

La inflación en 2025 fue la más baja desde 2001

Con un 3,65% anual, la inflación de 2025 fue la más baja en casi un cuarto de siglo y se ubicó cómodamente dentro del rango meta del Banco Central.

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La inflación cerró 2025 en 3,65%, el registro más bajo desde 2001, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). El Índice de Precios del Consumidor (IPC) mostró en diciembre una variación de apenas 0,09%, consolidando un año en el que el costo de vida creció por debajo del rango meta superior fijado por las autoridades monetarias.

Para el gobierno, el dato representa uno de los principales activos políticos de la gestión. En un escenario regional marcado por presiones inflacionarias persistentes, el desempeño local es presentado como prueba de credibilidad macroeconómica, prudencia fiscal y efectividad de la política monetaria. No es casual que en filas oficialistas ya se hable de “estabilidad conquistada” como eje discursivo.

La inflación y sus diferentes lecturas

Sin embargo, el análisis fino del comportamiento de precios revela un panorama más complejo. En diciembre, varias divisiones clave mostraron variaciones negativas, como Alimentos y bebidas no alcohólicas (-0,10%), Vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles (-0,19%) y Transporte (-0,03%). Estos descensos explican buena parte del bajo registro mensual, pero también reflejan un enfriamiento de la demanda interna, asociado a la moderación del consumo de los hogares.

Desde la oposición y sectores académicos advierten que la baja inflación, si bien positiva, no debe leerse de manera aislada. Señalan que el control de tarifas, la apreciación del peso y el freno al gasto público contribuyeron a contener los precios, pero a costa de menor dinamismo económico y tensiones en el mercado laboral.

El oficialismo responde que el desafío era precisamente ordenar la macroeconomía tras años de volatilidad, y que recién ahora se dan las condiciones para una recuperación sostenida. El IPC récord se convierte así en un símbolo: para unos, es el punto de partida de una nueva etapa de crecimiento; para otros, una fotografía engañosa que no alcanza para explicar la realidad de los bolsillos. En cualquier caso, la inflación dejó de ser el principal problema y pasó a ser una herramienta central en la disputa política.

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