Barreto explicó que el acuerdo se basa en una lógica de intercambio fundada en las llamadas ventajas comparativas, lo que podría reforzar una división internacional del trabajo en la que el Mercosur se especialice en productos primarios.
“El tratado lo que hace es fijar una modalidad de intercambio basado en nuestras ventajas comparativas. La Unión Europea tiene un desarrollo diferencial en los sectores industriales y busca acceder al mercado regional”, sostuvo.
Mercado uruguayo
Según indicó, aunque el mercado uruguayo por sí mismo no resulta determinante para Europa, sí forma parte de una negociación más amplia con el Mercosur, especialmente con Brasil.
“Quizás el mercado de Uruguay no es relevante, la negociación fuerte es con Brasil, pero es un mercado al que nosotros sí exportamos”, explicó. “No lo decimos solamente nosotras. Hay estudios, por ejemplo de instituciones como la London School of Economics o incluso de la propia Comisión Europea, que muestran claramente que el sector industrial manufacturero de la región es un sector en riesgo”, afirmó.
“Un acuerdo entre dos regiones muy relevantes se muestra como un logro en este contexto de guerra comercial e incertidumbre global, porque construye ciertas reglas de relacionamiento entre los bloques”, indicó.
Estudios y consecuencias
Sin embargo, advirtió que el problema central radica en cómo se desarrolló la negociación y en la ausencia de estudios exhaustivos que permitan evaluar sus consecuencias.
“Se denunció mucho desde el movimiento sindical y los movimientos sociales la falta de un estudio profundo de evaluación de impactos que permita desentrañar cuáles son los sectores en riesgo y por qué”, señaló.
“Para mí es muy preocupante que no se haya habilitado una conversación regional. No sabemos cómo se van a distribuir, por ejemplo, las cuotas para exportaciones agropecuarias dentro del Mercosur, y eso vuelve muy relativo cuánto puede beneficiarse Uruguay”, explicó.
Mecanismos de protección
Además, advirtió que la Unión Europea estableció mecanismos de protección adicionales para su propio sector agrícola.
“La Unión Europea aprobó una salvaguardia agrícola adicional. Eso significa que van a mirar con mucho detenimiento el impacto de las importaciones del Mercosur y van a poder frenar bastante más rápido si afectan a sectores sensibles”, indicó.
Finalmente, Barreto planteó que el acuerdo podría consolidar una inserción internacional que limite las posibilidades de desarrollo productivo de la región.
“El problema de estos instrumentos, tal como se firmó el tratado, es que fija nuestra condición periférica de inserción en el mundo y no nos da suficientes espacios para generar políticas públicas que transformen la matriz productiva”, afirmó.
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