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Política palabras |

7 años sin Plef

Plef: el triunfo de la infamia ante una justicia escasamente comprometida

Solo los integrantes del sistema judicial uruguayo no percibieron lo que todo el mundo vio y ve, como si la venda de Temis (la diosa de la Justicia), además de la vista, les hubiera quitado la comprensión de lo escuchado en los juicios, de lo leído en las pocas declaraciones, de las pruebas contundentes de un homicidio que tuvo sus homicidas y sus coautores.

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Vuelvo a mirar una y otra vez el documental “La ciudad de Plef” de Sofía Remedí, y rememoro las palabras de la fiscal de homicidios, Mirta Morales, cuando luego de enviar el expediente al archivo me confesó: “La muerte de Plef es una de las muertes que me quedara como una injusticia sin poder resolver”.

Es cierto que ante mi insistencia y mis elementos de convicción me dejó abierta la puerta, para que aportara algún elemento que permitiera que otro fiscal retomara el caso.

Las chances estaban en apostar a un arrepentimiento que nunca llegó por parte de la nuera de quien se fue a la tumba como el autor material del homicidio, Ángel Panizza.

Recordemos brevemente a Ángel Panizza, domiciliado en Rambla República de México 5679 en Punta Gorda, exfuncionario del Poder Legislativo, de 78 años de edad, principal sospechoso de asesinar de un disparo a Plef aquella media tarde del 2019. No fue procesado por homicidio ya que el arma homicida no fue hallada y el juez penal de 43º Turno, a solicitud de la fiscal Mirta Morales, lo imputó por un delito de tráfico interno de armas de fuego, una imputación sin prisión, sin salidas del país ni cambio de domicilio por 90 días.

En mayo, Ángel Panizza fallece y la Justicia se inclina por una resolución salomónica: muerto el principal sospechoso del crimen, no hay más elementos para avanzar en la investigación, y caso “casi resuelto”.

El día del homicidio, Ángel estaba acompañado de su hijo, Alejandro Panizza, y la novia de éste, que a pesar de estar presentes en el domicilio argumentaron que, por una fuerte resaca de ingesta de alcohol, no recordaban nada de lo sucedido.

A 5 años de su homicidio, escribíamos en el artículo: “Plef: un asesinato con todos los elementos a la vista”: “Ambos declaran (en agosto de 2019) no recordar mucho de los hechos por el tiempo transcurrido, por el duelo que vivían por la muerte del padre en mayo, y porque en esa jornada en particular se encontraban bajo los efectos de una noche de ingesta de alcohol. Por toda pregunta al interrogatorio se recibía un ‘no me acuerdo’. Pablo Panizza fue un poco más lejos y, a pesar de reconocer que en su barrio solía escuchar disparos en la noche y tener una cultura familiar de uso de armas de fuego, dijo no haber escuchado nada ni poder identificar un sonido de disparo dentro de su casa. La nuera de Panizza dice haberse levantado a las 15 horas (Plef recién había sido asesinado), con cierta resaca, y que su novio y suegro ya estaban levantados. Dice no haber notado nada raro en la casa, que almorzó con su novio, que fue quien cocinó, y que su suegro ya había comido; que estuvieron todo el día juntos, hasta que en un momento ella y el hijo de Panizza salieron de la casa a comprar cerveza y cigarros. Dice que la combinación del alcohol con la medicación que toma por su condición de epiléptica fue devastadora para que no pueda recordar con claridad los hechos durante aquel día y tenga una noción confusa de lo sucedido. El único elemento que coincide de esa versión con su novio es que éste ya estaba levantado cuando ella despertó (Panizza hijo, según declaró, se levantó entre las 12 y las 14, momentos antes del asesinato de Plef). Panizza (h) confirma la versión de su pareja de salir en un momento de la casa pero no lo puede recordar con precisión; sin embargo, dice que no cocinó y que no recuerda haber almorzado. Las cámaras analizadas en ese lapso, por el contrario, muestran a Panizza (h) saliendo de la casa en su vehículo sin la compañía de su pareja. La nuera tampoco dice recordar las intensas y múltiples llamadas de su pareja a su cuñado. Alejandro Panizza, en sede judicial, se muestra con cierta molestia ante el interrogatorio y se expresa con bastante soberbia, según los audios a los que pudo acceder Caras y Caretas”.

El análisis de los audios

Con los audios en nuestro poder, también informamos en aquel artículo: Un semiólogo que realizó trabajos para el Poder Judicial, ante los audios del interrogatorio en Fiscalía, concluye que: “En los audios analizados, el nivel tonal paraverbal detecta un recuerdo de los detalles que no estén vinculados al día del homicidio, no habiendo una asociación entre el tono y la palabra, utilizando un tono autoritario al momento de responder. No nombra la palabra homicidio, muerte o similar, por el contrario, cuando hace alusión a lo sucedido dice ‘eso’, utilizando como recurso verbal el tomar distancia del hecho en el relato. Tomando en cuenta el registro mecánico condicionado por la edad y el género cuando repite no recordar actividades realizadas ese día, se establece que por el ritmo al responder no hay intención de buscar en los recuerdos. Es esta una respuesta mecánica y rápida. Muestra represión en las tonalidades de respuesta, es redundante en las mismas. Se molesta y alza el tono de voz cuando no encuentra qué responder a la pregunta que le están realizando. En su tono hay una evaluación negativa y desafía la autoridad. Comentario: redunda, dando una respuesta tautológica. De su relato se desprende una negativa temporal-espacial referida al día del homicidio. Es evasivo y cambiante en las respuestas”.

La prueba desechada

En un intento de que al menos fueran los elementos tomados de oficio ante la fuerza de la evidencia, recordábamos una vez que más que: “El elemento que ‘rompe los ojos’ y que es increíble que la Justicia no tome en cuenta son las cuantiosas llamadas telefónicas que se producen entre la hora del asesinato de Plef y la llegada de la policía al domicilio de los Panizza. Plef es asesinado a las 14:41 horas; Alejandro Panizza se comunica con su hermano, Pablo Panizza (un oficial de la Armada que vive en Malvín), desde las 14:42 (un minuto después del asesinato) hasta las 20:35, realizando un total de 17 llamadas, algunas con diferencia de segundos. Pero hay un dato fundamental que surge de la investigación policial. El seguimiento del celular de los Panizza ubica a Alejandro fuera de su domicilio a las 19:44, llamando a Pablo en la calle Michigan 1667 y Rivera. En esa dirección mora alguien perteneciente a la Armada, pero si el contacto fue en la vereda, ese punto está a dos cuadras de la vivienda de Pablo Panizza, en la calle Rímac y Rivera. En la casa de Alejandro quedó una canana de cuero vacía, junto al lugar donde se cuelgan las llaves del domicilio. Posiblemente el arma homicida ‘viajó’ de Punta Gorda a Malvín. El seguimiento de las llamadas con lujo de detalles omite un elemento fundamental: no se conoce el contenido de las mismas y es poco creíble que, ya estando en funcionamiento El Guardián estrenado en la administración Bonomi, no se pidieran los mismos”.

Los que saben

Una suerte de omertá opera entre la pareja compuesta por el hijo de Ángel Panizza, Alejandro y su novia de aquel momento, María Fernanda Souza; una suerte de pacto de silencio sellado en la lealtad afectiva, o en otros elementos de presión.

Alejandro sabe lo que pasó, estaba presente en el momento del homicidio y es increíble que el argumento de la resaca perdure hasta hoy, convirtiéndose en un manto de impunidad.

Pablo Panizza, hermano de Alejandro, además de saber qué fue lo que pasó en esas más de diecisiete llamadas en pocos minutos, seguro también sabe qué pasó con el arma, como buen oficial de una institución que porta armas, como la Armada, y que ocupó una importante responsabilidad en una dependencia de Salud Pública bajo el gobierno de Luis Lacalle.

En ambos casos, la verdad es trocada por la posibilidad que les ofreció y ofrece el silencio de la muerte paterna, que carga con la sospecha de homicidio; repetimos, sospecha de ser el responsable, tampoco comprobado, por lo que hay un abanico de responsabilidades entre el homicidio y la coautoría, que abarca a las tres personas presentes el día del homicidio.

María Fernanda sabe; hablé con ella apelando a su condición humana para calmar el dolor de una madre, como seguramente algún día ella será, pero prefirió el silencio; nunca me dijo que no supiera.

Ciega, sorda, muda

El mundo del arte recuerda a Plef, ya no solo en febrero, mes de su asesinato; canciones, audiovisuales, grafitis y pintadas siguen exigiendo la verdad. Todavía hay tres años por delante antes de que prescriba el delito y Uruguay se gane una nueva medalla al premio de la impunidad.

Cualquier fiscal de homicidios puede retomar el caso abandonado por Morales, ante la cantidad de elementos contundentes que no fueron tomados en cuenta. Sería sensato un juicio civil por reparación de daño que habilite la apertura de la instancia penal.

El sector político para el que Plef puso su arte a su servicio, y que ahora es gobierno, debe aportar lo suyo.

A Plef lo mató la campaña del miedo y del fascismo; no lo condenemos a seguir ocupando la triste lista de la impunidad.

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